CONSEJOS VENDO Y PARA MI NO TENGO

Poeta sugerido: María F. Josefa del Castillo

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Escucha bien lo que digo
pero a mi no me hagas caso,
sé ciego sólo contigo
y no hagas más el payaso.

No dejes que los listillos
te metan por liebre gato,
desean ser tus amigos
¡ingenuo, no seas beato!

Piensa que estás rodeado
de muchos predicadores
que te ofrecen algo a cambio
de que les des tus favores.

Todo lo que hay en el mundo
se mueve por intereses,
no consientas ni un segundo
que te atrapen en sus redes.

Para lograr ser tu mismo
sigue este sabio consejo
y evitarás el abismo
antes de llegar a viejo:

Aprende tu a discernir,
consúltale a tu cerebro
y no te dejes influir
ni atiendas a los requiebros.

Sólo hazte caso a ti
y mándale al carajo al resto
aunque insistan veces mil
que ellos están en lo cierto.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: María F. Josefa del Castillo

María F. Josefa del Castillo

Afecto 46. Deliquios del divino amor en el corazón de la criatura, y en las agonías del huerto.

El habla delicada
Del amante que estimo,
Miel y leche destila
Entre rosas y lirios.
Su melíflua palabra
Corta como rocío,
Y con ella florece
El corazón marchito.

Tan suave se introduce
Su delicado silbo,
Que duda el corazón,
Si es el corazón mismo.
Tan eficaz persuade,
Que cual fuego encendido
Derrite como cera
Los montes y los riscos.
Tan fuerte y tan sonoro
Es su aliento divino,
Que resucita muertos,
Y despierta dormidos.

Tan dulce y tan suave
Se percibe al oído,
Que alegra de los huesos
Aun lo más escondido.
Al monte de la mirra
He de hacer mi camino,
Con tan ligeros pasos,
Que iguale al cervatillo.

Mas, ¡ay! Dios, que mi amado
Al huerto ha descendido,
Y como árbol de mirra
Suda el licor más primo.

De bálsamo es mi amado,
Apretado racimo
De las viñas de Engadi,
El amor le ha cogido.

AFECTO 45 (I)

Deliquios del Divino Amor
en el corazón de la criatura
y en las agonías del Huerto.

I
El habla delicada
del Amante que estimo,
miel y leche destila
entre rosas y lirios.

Su meliflua palabra
corta como rocío,
y con ella florece
el corazón marchito.

Tan suave se introduce
su delicado silbo,
que duda el corazón
si es el corazón mismo.

Tan eficaz persuade,
que, cual fuego encendido,
derrite como cera
los montes y los riscos.

Tan fuerte y tan sonoro
es su aliento divino,
que resucita muertos
y despierta dormidos
.
Tan dulce y tan suave
se percibe al oído
que alegra de los huesos
aun lo más escondido.

AFECTO 45 (II)

Al monte de la mirra
he de hacer mi camino,
con tan ligeros pasos
que iguale al cervatillo.

mas ¡ay Dios!, que mi Amado
al huerto ha descendido,
y como árbol de mirra
suda el licor más primo.

De bálsamo es mi Amado,
apretado racimo
de las viñas de Engadi:
el amor le ha cogido.

De su cabeza el pelo,
aunque ella es oro fino,
difusamente baja
de penas a un abismo.

El rigor de la noche
le da color sombrío
y gotas de hielo
le llenan de rocío.

¿Quién pudo hacer, ¡ay Cielo!
temer a mi querido?,
que huye el aliento y quede
en un mortal deliquio.

Rotas las azucenas
de sus labios divinos
mirra amarga destilan
en su color marchitos.

Huye, áquilo; ven, austro,
sopla en el huerto mío;
las eras de las flores
den su olor escogido.

Sopla más favorable
amado vientecillo;
den su olor las aromas,
las rosas y los lirios.

Mas ¡ay!, que si sus luces
de fuego y llamas hizo
hará dejar su aliento
el corazón herido.

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