COPLILLAS DE LA PLATJA*

Mi Poeta sugerido: »Ramón Irigoyen

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En la orilla del mar
un ave blanca
al escondite juega
con las hamacas.

En la misma orillita
hay un sendero,
lleno de pisaditas
que van al cielo.

En la orilla, mi niña,
hay un tesoro
fino de brillantina,
de plata y oro.

El sol besa tu cuerpo,
linda chiquita,
alza la falda al viento
¡gloria bendita!

El olor de la brisa,
tiene bemoles,
una lluvia imprecisa
de parasoles.

Valencianita linda
linda y serena,
eres ligera y fina
como la arena.

Fandango, fandanguillo,
farandulero,
Mis ojitos te dicen
¡cuánto te quiero!
©donaciano bueno

*platja, en valenciano, playa

MI POETA SUGERIDO: Ramón Irigoyen

Ramón Irigoyen

JAVIER MORRÁS PINTANDO VERSOS

Si fregáis mariposas no uséis el estropajo
si amortajáis un lirio no lo vistáis de obispo
si expresáis vuestra vida no camufléis los sueños
no maquilléis con humo si disecáis olvidos

si segáis un barbecho no pellizquéis las lilas
si amamantáis luciérnagas no os ceguéis con grillos
si preñáis a una liebre no cacéis en rastrojos
si queréis ser poetas ahogaos en mil ríos

si vivís en los árboles no paguéis al casero
si el juez se pone tonto regaladle una radio
si morís en la guerra no esperéis al forense
no alborotéis la nieve por apresar un pájaro

si aposentáis el odio no habléis de rosas públicas
ni uséis cuchillos crudos si coleccionáis niños
si habéis sembrado ojos no reguéis con vinagre
si empeñáis la memoria no hipotequéis suspiros

si escupís contra el cielo no escatiméis saliva
pero si decís mierda decidlo a dos carrillos.

Arte poética

Every poem an epitaph
Eliot

Un poema si no es una pedrada
-y en la sien-
es un fiambre de palabras muertas
si no es una pedrada que partiendo
de una hoda certera
se incrusta en una sien
y ya hay un muerto.

La vraie vie est absente
Hoy tampoco vendrá
llueve ceniza en la entrepierna de la tarde
y siento el frío ese que se siente cuando no hace frío
y hasta Rimbaud se me cae de las manos
en la memoria nieva lana sucia
mientras el otoño con sus dientes de rata despelleja los árboles
con sus dientes de rata los despelleja.

Y sé que no vendrá
porque la tarde se ha puesto ya su jersey negro
y el aire apesta a espinas oxidadas.

Para esta hora

Decir adiós, cuando uno aún no es viejo,
es como oler un perfume de hierbas
por la mañana, antes de ir al trabajo.
El baño se convierte en una sierra
anticipadamente fatigada.
El frasco de perfume es el emblema
de la montaña con tufillo a tinta
y en el espejo aletea un nardo
con las alas pisadas por la lluvia.
En el lavabo se ahogan unos tordos
que no pueden soltarse la corbata.

Decir adiós, cuando uno aún tiene ganas
de seguir por ahí a ver qué ocurre,
es respirar un humo que enamora,
por más que el humo, cuando es augurio
feliz, siempre lo es a corto plazo.
Aspirar hasta dentro el humo ese
es zambullirse en un río de soles
y sacarse un pañuelo del bolsillo
y alzar la mano a un árbol ya maduro
y limpiarle a la fruta los venenos
ante el asombro de las mariposas
que estaban ya poniéndose mohínas
al presentir en ese gesto
la tristeza de toda despedida.

Decir adiós, cuando uno tiene amor,
es imposible, pues los pies se agarran
a unos brazos con piel de golondrina
y uno se pierde en esos ojos grandes
y se esconde en el cielo de la boca
y siente que le nacen mil raíces
tan pobladas de pájaros y pájaras
que quiere aquí quedarse para siempre.
Decir adiós, estando enamorado,
es algo falso que la sangre niega.

Por eso hoy que estoy bien afincado,
nada puedo decir para esta hora,
aunque presiento oscuramente que
si muero en casa y alguien me acompaña,
le haré esta simple súplica:
por favor, abre bien esa ventana.

Tus hombros son como un ara

¿Que elocuencia, desvalida
y casta, hay en tu persona
que en un perenne desastre
a las lágrimas convida?
La frente, Amor, hoy levanto
hasta tu busto en otoño
que es un vaso de suspiros
y una invitación al llanto.
Tus hombros son como un ara
en que la rosa contrita
de un pésame sin sollozos
húmeda se deshojara.
Cuando conmigo estás sola
¿qué lágrimas ideales
te dan un súbito manto
con una súbita aureola?
Te vas entrando al umbrío
corazón, y en él imperas
en una corte luctuosa
con doliente señorío.
Tus hombros son buenos para
un llanto copioso y mudo…
Amor, suave Amor, Amor,
tus hombros son como una ara.

Si no es una pedrada

Un poema si no es una pedrada
-y en la sien-
es un fiambre de palabras muertas
si no es una pedrada que partiendo
de una honda certera
se incrusta en una sien
y ya hay un muerto

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