CUANDO NACEN LAS HORAS

Poeta sugerido: Carlos Sabat Ercasty

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Cuando nacen las horas, al comenzar el alba,
cuando empieza el silencio despacito a rezar
la luz se hace notar y el sol asoma su alma,
me asocio con la calma y empiezo a caminar.

Soy como dijo un tipo que de escribir sabía
un viejo, un peregrino, un simple caminante,
un émulo cansino de un burro, rocinante,
un rocinante, un burro que escribe poesía.

Soy para mis adentros otro no más que sueña
hallar un escondrijo, un techo, una posada,
y sale hacia su encuentro así cada jornada
y sigue a cada instante de todo haciendo leña.

Que ve en las mustias yerbas que encuentra allí a su paso
un pobre que aproxima pidiéndole clemencia,
y siente su amargura, lavando su conciencia
y clama al dios bendito porque no le hacen caso.

Sólo cuando oscurece, la tarde ya es sombría,
el cielo se ha enlutado, de pena está muriendo,
con el paso cansado retorna a su cuaderno
para esperar que nazca con suerte un nuevo día.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Carlos Sabat Ercasty

Carlos Sabat Ercasty

Sobre la noche cósmica

Hay la contemplación sublime de los astros,
un ir por consteladas distancias musicales,
una unión del oído recóndito y los ojos
en la interior videncia de la extrema armonía.

Hay una noche viva, toda en constelaciones,
cítara de ¡os orbes en intangibles números,
iris de los matices en reflejos acordes,
y hay la navegación en la nave celeste.

Mas repentinamente nos arrancan del tacto
de la sidérea luz y las liras astrales,
y sobre el cielo cósmico emerge el cielo místico.

El éxtasis nos une a la Unidad divina,
toda la noche astral es una ideal estrella,
y todos los espíritus son sólo el Alma única,

El cielo

¡Hermanos!
¡Haced un alto en medio de este día purísimo!
Que los martillos pendan de las manos,
que el arado brillante
no hienda la tierra oscura y profunda,
que las madres y los niños queden en silencio
en medio de los divinos campos!
¡A todos os invito!
Levantad los ojos hacia el cielo,
y así, hermanos, así
ante la inmensa hondura de la mañana,
ante la limpia belleza de las supremas fuentes,
meditad en esa maravilla azul
donde la luz inmensa brota en diáfanas olas!
¡Es el cielo, hermanos,
es el cielo altísimo!
¡Es el mar celeste donde los astros giran!
Allí los grandes sueños eternamente nacen,
allí están los destinos que mueven nuestras vidas,
allí, vastas ideas y músicas arcanas
sin cesar, van surgiendo del más allá sin limites!
¡Ah, cuántos de vosotros recién lo habéis visto!
¿Qué importa que estuviese sobre vuestras cabezas?
¿Qué importa que siempre haya sido celeste,
armonioso, resplandeciente?
Pero ahora, hermanos.
hundid más la mirada en sus senos azules!
¡Refrescad la frente en sus puras distancias!
Olvidad la tierra por un momento,
por un solo momento,
hasta que vosotros mismos os sintáis azules,
hasta que vosotros mismos volváis a ser luz,
hasta que la alegría radiante de los inmensos cielos
desborde todo vuestro ser,
y os quedéis disueltos en la eternidad celeste
de los grandes espacios!
¡Mirad, mirad más!
¡Saciaos de azul, de pureza, de diafanidad!
¡Embriagaos, enloqueceos!
¡Subid, volad, asaltad con los ojos
los grandes reinos azules de los supremos cielos!
¡Hermanos!
¡Haced un alto en medio de este día purísimo!
Levantad los ojos. Permaneced inmóviles.
¡He ahí la más alta oración!

Canción de la nube

Estoy sobre el campo arado
la tierra siente mi sombra
sobre su cuello
y me reconoce.

La acaricio como una mano.
Los surcos abren sus labios
y me llaman
esperando mi lluvia.

Mis primeras gotas no se ven
sobre la sed de la tierra.
La madre ansia henchir el pecho
y darle mi leche a las semillas.

Yo quiero irme toda a la tierra
Yo me aprieto y me exprimo
hasta caer toda sobre el campo.

Cada gota mía
está abriendo una semilla
con su llave milagrosa.
Mientras cantan mis labios
desato el nudo de la fecundación.

La pequeña raíz me bebe
y me sube por el hilo de la primera rama.

Yo soy la humedad de la hoja
y la frescura de la sombra.
Yo levanto el azúcar de la tierra
y ensancho la cintura de las frutas.

Yo goteo de los racimos
y los pájaros me pican
en la sazón de las uvas.

El fuego del sol me levanta en el aire
y mí agua creadora
abrirá de nuevo con su llave azul
la grieta anhelante de las semillas.

La nube vuelve a la nube.
La planta vuelve a la planta
El ritmo trae y lleva
todas las cosas buenas
que embellecen el mundo.

El hada y la luna

Ya no te aguardo, Sueño. No me borres la alcoba
ni me bebas el agua azul de la mirada.
Me acojo a la pereza del diván de caoba
hasta que llegue en sedas y desmayos, el Hada.

Cuando en la media noche de cobaltos profundos
las margaritas de oro hagan jardín los cielos,
vendrá de las distancias inmensas de los mundos
con ópalos lunares y vagos terciopelos

en su carroza de ópalos y de ágatas lechosas,
con rosas atenuadas en la luna y las rosas….
Es el Hada lunática, blanca en sutiles copos,
con glicinas de estrellas en las manos astrales,

plata en luna la frente de lilas y heliotropos,
y lirios de la luna azules en los chales.
En sus ojos de éter bebe luz el espacio.
Sus manos transfiguran todo terror nocturno.

Vierte un lúcido ensueño, construye mi palacio,
me marea con filtros astrales de Saturno.
Ya no te aguardan, sueño, mis pupilas.
Me acojo a la pereza del diván de caoba.

Cuando cierres el párpado de las vidas tranquilas,
entrará el Hada blanca, toda en luna, a mi alcoba.
Me extasiará una líquida sensación de distancias,
irradiaré mi sangre en luz hacia los astros,

y en fuego azul y en éter disolveré las ansias
de mi carne lunática de perlas y alabastros.
Ah, las olas cambiantes en el gris de sus mares
que llegan de sus pechos al diván de caoba,

y la flota ilusoria de navíos lunares
que transfigura en puertos fantásticos mi alcoba!
Ah, la carga de esencias y perfumes azules,
las rosas de otros astros más viejos y las rosas

de otros astros más nuevos, las sedas y los tules
que traes de tus largas estrellas amorosas!
Ah, mi alma que sufre sus enigmas de estrella,
y en un afán nocturno, perdida, alucinada,

aguardará en la noche al Hada, y sólo a ella,
para embriagarse en éxtasis con el amor del Hada!
Hada visitadora de los meditadores,
de los viejos astrólogos y los tristes poetas,

los cabellos de luna sobre un agua de flores
y un perfume lejano de noches y violetas.
De tu claro de luna bajan jardines blancos
y rozas con tu claro de luna mis ventanas.

Ah, si la carne cósmica de tu pecho y tus flancos
se abrazara a mi anhelo con intangibles lianas!
Yo estaré luminoso de estrellas y de luna.
Me embriagarán licores astrales en tu boca.

Y me hundiré en tu música de ensueño, y como en una
ebriedad del espacio se irá mi frente loca.
Ah, tu carne de ópalo nos hace delirar
y nos das el mareo de ilusión de tu viaje,

y tu eterna quimera y tu antiguo soñar,
y el camino de estrellas que tiembla en tu paisaje!
Ah, cuando el vaso cósmico me derrame tus vinos
y esté la media noche lunar toda extendida

en mis anhelos diáfanos, astrales, cristalinos,
y las constelaciones converjan a mi vida.
Presiento los desmayos de mi carne sensible
hasta la esencia última de los ojos del Hada,

y acaso quede muerto de una herida intangible
que a mis pupilas entre de su inmensa mirada.
Ya no te aguardo, Sueño. No me borres la alcoba
ni vendes el espejo de mis ojos abiertos.

Me acojo a la pereza dei diván de caoba.
Pronto el Hada en su nave llegará hasta mis puertos.
Sobre mis carnes fluyen unas sedas de oro.
En mis pupilas flotan lentos lotos lunares.

El lirio de la frente tiembla de azul sonoro
y el alma huye en la ola de los arcanos mares.
Es la hora ilusoria, sin realidad de vida,
cuando toda mirada tiende un camino incierto

entre el deseo cósmico y la estrella fluida.
Y el corazón de carne, de no ser luz, se ha muerto.
Se diluye la sangre en éteres de espacio,
y me exhalo en esencias de heliotropos y lilas.

Transfiguran los éxtasis la alcoba en un palacio.
Se atenúan en sedas nocturnas mis pupilas.
Hora en que lo más próximo se ve flotar muy lejos
y el desmayo nos miente sus distancias irreales.

Viajamos una senda de engañosos espejos.
Los ojos están húmedos de emociones astrales.
Ya es la noche indecible, imprecisa, exhalante.
El Hada de la Luna me ilumina la alcoba,

afelpa sobre mi alma su seda alucinante
hasta borrar mi peso del diván de caoba.
Sólo queda en mi cuerpo la ilusión de haber sido.
Ha caído a la alfombra mi carne desmayada.

En el diván mi vida sin sangre es un fluido
disuelto en los fluidos estelares del Hada.
Ah, las olas azules en la luz de sus mares.
Ahora de mi se irradian como surgen de ella,

y en la flota ilusoria de las naves lunares
mi alma va con el Hada intangible, a su estrella.
Viaja un río de plata en el claro lunar
y el agua es el reflejo de un agua de amatista.

La nave es el recuerdo de otra nave en un mar
que dormía sus franjas de turquesa en la vista.
Se me hizo de estrellas la ilusión de haber sido.
Una esencia de mundos nacientes me embriagaba.

A un astro iba la proa de mi barco encendido
y me sentí más diáfano cuanto más avanzaba.
Me aluciné en las luces más ténues e intangibles,
en selvas de reflejo y en bosques de ilusión.

Llegué hasta los perfumes de los mundos sensibles,
todo de llamas de astros tembló mi corazón!
Y arribamos entonces a la estrella deseada.
Ella besó mi frente en su nave de tul,

y yo entré en el fluido desmayado del Hada
y ella entró en mi fluido como una onda azul!
Después hubo una fuga de remotos navíos.
En su barca de plata volvió mi afán desde ella.

Sentí la suave huida del Hada en lentos ríos,
y la luz de su cuerpo tembló como una estrella!

A.Machado: Extracto de Proverbios y cantares (XXIX)

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

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