DE MADRID AL CIELO

»El Poeta sugerido: Mariano Brull

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El tiempo pasado había y un día a Madrid volví,
y encontrarme yo creí, aquella villa de asuetos
rellenita de chulapas, chulos, catetos, paletos
que de provincias llegaban, de madera la maleta
vaciada de ropaje, pero de sueños repleta.
¡felices aquellos años, aquellos años sesenta!

Fue allí donde yo sufrí del amor los desengaños,
soñada ciudad coqueta plagada de aventureros,
del tocomocho trileros, modistillas y toreros,
gentes de todo pelaje pero sólo algunos gatos.
¡Cómo olvidar la Gran Vía a las tres de la mañana,
aquellas luces de gas y la amable guardia urbana,
serenos y raterillos, la calle viva y mundana!

Aquel ambiente burlesco de sainetes y zarzuelas,
la fiesta de las vistillas, la ermita de san Antonio,
donde las casamenteras iban a pedirle novio,
el cocido, caracoles, callos y las gallinejas,
majos, majas, chulos, chulas, las manolas y manolos,
la pradera San Isidro, el dos de mayo o la Almudena,
ya hoy no está el “todo Madri” la Paloma en la verbena.

¡Cómo añoro aquel Madrid tan castizo y modernista!
de este menda tan pelao, sin beata en los saquillos,
a la “cla” de algunos teatros por la jeta, a la lista,
los deseos de vivir, de ensoñadores castillos.
De los chotis agarraos, de aquellos tiempos fetén,
las floristas, cigarreras, el de los nichi chipén,
las vistillas, castañeras, organillos por la acera
al compás de aquel manubrio tocando la violetera.

Bajé y dejé mi equipaje, en Bravo Murillo caí.
Pensé, que aterrizar, pensé en otra ciudad distinta,
con tristeza comprobé que el Madrid almidonao
el que ayer había vivido y luego había soñao,
el Madrid acicalao, que ese Madrid ya no existe,
ahora más despistao, no tiene la misma pinta,
un poco más pesimista, la vida ahora es más triste,
ni es el mismo alicatado, ni tan siquiera es cañí.

Caminando por la acera fui encendiendo un pitillo,
a cada paso un cepillo y detrás siempre un rumano
-ocasionalmente un paisano-, extendiéndome la mano
relatándome la historia de su miseria y sus niño.
Vi jóvenes en la acera en circulo “coloquiando”,
con la pelota jugando o sus historias relatando,
ajenos a lo que pasa, con su gracejo y su guasa
me espetan ¡que tenga un buen día, hermano!

Veo a dominicanos, de ecuador, chinos, rumanos,
se han adueñado de ti. ¡Que dios le tenga en la gloria!
Ya no existe aquel Madrid que yo guardo en la memoria,
de Paco Martinez Soria, de aquella aldea cañí.
Tú que fuiste Baden Baden, este es mi réquiem por ti.
En poco tiempo de historia, ¡tú ya no eres mi Madrid!
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Mariano Brull

Mariano Brull

AMAR LO DELICADO Y OTOÑAL…

Amar lo delicado y lo otoñal,
el arte antiguo, la canción de ayer;
la clara transparencia del cristal
como una forma espiritual de ser.

Amar la gracia añeja del rosal
y en rosas nuestro ensueño florecer.
Para lo bello ser sensible, igual
que un alma sensitiva de mujer.

Vivir una emoción en cada cosa,
y una fruición benigna y amorosa
en todo afín espíritu dejar…

Y ver las cosas con el narcisismo
de hallar en todo el alma de uno mismo
y en todo el alma de uno mismo amar.
«Recitación a solas, I», La casa del silencio, 1916.

VERDEHALAGO

Por el verde, verde
verdería de verde mar
Rr con Rr.

Viernes, vírgula, virgen
enano verde
verdularia cantárida
Rr con Rr.

Verdor y verdín
verdumbre y verdura
Verde, doble verde
de col y lechuga.

Rr con Rr
en mi verde limón
pájara verde.

Por el verde, verde
verdehalago húmedo
extiéndome–. Extiéndete.

Vengo de Mundodolido
y en Verdehalago me estoy.
Poemas en menguante, 1928.

DESNUDO

Su cuerpo resonaba en el espejo
vertebrado en imágenes distantes:
uno y múltiple, espeso, de reflejo
reverso ahora de inmediato antes.

Entraba de anterior huida al dejo
de sí mismo, en retornos palpitantes,
retenido, disperso, al entrecejo
de dos voces, dos ojos, dos instantes.

Toda su ausencia estaba ?en su presencia?
dilatada hasta el próximo asidero
del comienzo inminente de otra ausencia:

rumbo intacto de espacio sin sendero
al inmóvil azar de su querencia,
¡estatua de su cuerpo venidero!

EL NIÑO Y LA LUNA

La luna y el niño juegan
un juego que nadie ve;
se ven sin mirarse, hablan
lengua de pura mudez.

¿Qué se dicen, qué se callan,
quién cuenta una, dos y tres,
y quién, tres, y dos, y uno
y vuelve a empezar después?

¿Quién se quedó en el espejo,
luna, para todo ver?
Está el niño alegre y solo:
la luna tiende a sus pies

nieve de la madrugada,
azul del amanecer;
en las dos caras del mundo
?la que oye y la que ve?
se parte en dos el silencio,
la luz se vuelve al revés,
y sin manos, van las manos
a buscar quién sabe qué,
y en el minuto de nadie
pasa lo que nunca fue…

El niño está solo y juega
un juego que nadie ve.

EPITAFIO A LA ROSA

Rompo una rosa y no te encuentro.
Al viento, así, columnas deshojadas,
palacio de la rosa en ruinas.
Ahora ¿rosa imposible? empiezas:
por agujas de aire entretejida
al mar de la delicia intacta,
donde todas las rosas
¿antes que rosas?
belleza son sin cárcel de belleza.

VERDE HALAGO

Por el verde, verde
verdería de verde mar
Rr con Rr.

Viernes, vírgula, virgen
enano verde
verdularia cantárida
Rr con Rr.

Verdor y verdín
verdumbre y verdura
verde, doble verde
de col y lechuga.

Rr con Rr
en mi verde limón
pájara verde.

Por el verde, verde
verdehalago húmedo
extiéndome. ?Extiéndete.

Vengo del Mundodolido
y en Verdehalago me estoy.

VÍSPERA

Al caos me asomo…
El caos y yo
por no ser uno
no somos dos.
Vida de nadie,
de nada… ?No:
entre dos vidas
viviendo en dos,
víspera única
de doble hoy.
Muere en la máscara
quien la miró,
yo ?por dos vidas?
me muero en dos…

Rompo una rosa y no te encuentro

Rompo una rosa y no te encuentro.
Al viento, así, columnas deshojadas,
palacio de la rosa en ruinas.
Ahora —rosa imposible— empiezas:
por agujas de aire entretejida
al mar de la delicia intacta,
donde todas las rosas
—antes que rosas—
belleza son sin cárcel de belleza.

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