DIGO VIVIR

Raquel Lanseros (poeta sugerido)
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Digo vivir y pienso hoy en la siesta,
vivir es despertarse lentamente
dejándose arrastrar por la corriente
gozando de bailar en esa fiesta
el tiempo en que la vida tienda un puente.

Vivir es enfrentarse a una partida,
un juego en el que dios es contrincante,
habiendo de mirar siempre adelante
conscientes que de entrada está perdida,
ni dios hay que la entienda, que la aguante.

Cogerte de la mano con la muerte,
y hacerla si es posible divertida,
tratando de evitar ver que se oxida,
y acaso maldecir tu mala suerte
sangrando como sangra por la herida.

Cambiar como el que cambia de peinado,
cazando va al dudar moscas al vuelo,
los párpados ajenos al desvelo,
tratándole al pensar como algo osado,
creyendo estar seguro de ir al cielo.
©donaciano bueno

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Raquel Lanseros

(Premio Unicaja de Poesía, Antonio Machado en Baeza, del Tren el de Jaén de Poesía, así como un accésit del Premio Adonáis).

Je t’aime era una estatua,
un cruce de caminos por el que circulaban
la sofisticación y la vanguardia.

Je t’aime aterrizó esa noche en mi vida.
Puedo rememorar
Aquel sabor vehemente de fonemas
latiéndome en los labios.
Aconteció el verano y se vistió
de palabras francesas.

El boulevard del pueblo estaba engalanado
de escarapelas tricolores. El mar
y una pequeña orquesta celebraban
el bicentenario de la Revolución.

Nunca me había sentido
tan libre como cuando te besé
en el mismo momento que dos siglos antes
la esperanza tomara la Bastilla.

¿La volveremos a tomar nosotros
antes de que pasen doscientos años más?

En ocasión de todos los finales

Yo nunca resistí las despedidas
con su mezcla de muerte y precipicio
con el aroma amargo de la finitud
empalagando el ánimo
con esa luz de hielo matutino
que penetra debajo de los párpados.

Yo nunca resistí las despedidas
pero no sé por qué.
Me lo pregunto porque no ha supuesto
una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.
He solido saber
con esa exactitud de los relojes
el lugar, el momento
la documentación y el escenario
en que sobrevinieron.

No hay engaño. El jueves diecinueve
era un jueves sin ti. Estaba escrito
mucho antes que las lágrimas
anunciasen el fin
y todo fin es único.

Las despedidas son como el otoño
inevitables pérdidas
vienen puntuales con aviso previo.
Nadie puede acusar de su tristeza
a la pequeña hoja tiritando dormida
en medio del camino.

De repente esa hoja me recuerda
los hoteles pintados de naranja.
Son dos cosas que llegan de otra época
igual que llega la bruma de noviembre.
Traen una carga de nostalgia limpia
sin traición ni sorpresa.
Y sin embargo el alma
no logra acostumbrarse en una vida.

Yo nunca resistí las despedidas
porque en cada una de ellas se marchita la voz
de todas las personas que yo he sido
y ya no puedo ser.

Bendita alegría

Te confunden con otras, alegría:
ingenuidad, simpleza,
candidez,
inocencia.
Te subestiman con diminutivos
sucedáneo de la felicidad
eterna hermana pobre de la euforia.

Parecen no acordarse de la helada rutina,
cuando las insistencias se vacían de sangre
y el espanto aprisiona como un despeñadero.

No recojas el guante, te lo ruego,
olvida el desafío que lanza la ignorancia.
No nos dejes perdidos en medio de qué océano,
sin tu luz, alegría,
la de las manos anchas
la que convierte el alma en lugar habitable.

Desatiende el rumor de las trincheras,
la retórica vana de los oportunistas.
Tú eres el destilado de libertad más único,
el orgasmo espontáneo del espíritu.

Bienhallada alegría
la pura de sabor
la complaciente
tú que vives y reinas en el tuétano limpio
ahora y en el albor de toda hora
quédate con nosotros.

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