¿DÓNDE ESTÁ EL PARAÍSO?

»El Poeta sugerido: Aitor Francos

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Dicen que el paraíso está allí arriba en lo más alto,
donde plácidamente se encuentra el dios bendito,
que para subir no es suficiente dar un salto
y para que te oiga no precisas dar un grito.

Yo nunca un grito dí ni siquiera un sobresalto,
ni me atreví al cielo ir y ponerle una escalera,
ni el tiempo que me espera tomarlo por asalto,
aunque, insana curiosidad, allí aupar quisiera.

Mas si por ventura lo que dicen fuera cierto,
y no hay razón por la que dudar de quien lo dice,
subir quisiera antes para preparar mi huerto.

Por si cuando tuviera ya que ir yo hubiera muerto,
prefiero desbrozarle antes las gramas y raíces
o, por no prevenir, encontrármelo desierto.
©donaciano bueno

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Pataiso original hace referencia a un jardín extenso y bien arreglado, que se presenta como un lugar bello y agradable, donde además de árboles y flores se ven animales enjaulados o en libertad.

El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados.
Los actos de los hombres no merecen tanto
Jorge Luis Borges

POETA SUGERIDO: Aitor Francos

Aitor Francos

VUDÚ

Como un espejo encendido por los peces,
el correr de las brumas
donde se es extranjero.

La piedra también fluye
cansada de pesar
en el idioma de la juventud.

Como en algunas manos ?que arrasa un viento sin maleza,

deviene en la profundidad el rito.

EN EL CONFESIONARIO

No saludar me hace sentir que falto.

Suturo este instante y el horizonte se exilia
cruzando el paraíso
con manchas de lejía.

Vuelven de florecer
los mapas y los hilos del desorden.

Si pulso el botón de un tarro de tinta
le doy a cada tema
un dedo que señala.

La identidad me para en un semáforo,
busca su madriguera
de sarampión,
cambia de agua al silencio.
Desata los cordones
al idioma de sueños.

Esa imprecisión del lenguaje arrima
su cepo de cuchillo,
un dejar las llaves sobre la mesa,
la transparencia de lo que perdemos
envuelto en papel de aluminio.

Aunque habite palabras
de manos pegajosas
y mire mucho al suelo,

no conozco otra forma de ser alto.

Se comprende que el sol
tenga tanto afán de notoriedad.

Pregunto a la sangre seca,
con corazón de vidrio,
qué libro habrá olvidado hoy la nieve.
Doblo los bordes y sello la huida.
Lo que falta nos da seguridad.

Escribo de maletas por llenarse.

LA ESPERA

El cuarto permite sólo unos pasos
que repito en una dirección y en otra, como
quien busca confirmar
el tamaño de un cuerpo.
En un espacio no mayor que éste
quiere la escritura tener la medida
exacta de la verdad.
No hay más que un poco de madera: mesa,
libros, suelo y lápices.
Y un hombre solitario que a veces cruza
una calle en la memoria.

FUERA DE AQUÍ

Mi casa
es una pequeña enfermedad hecha
de lo que falta.
Otro hueco. Otro cuarto.
Y de nuevo, otra muerte.

Dije adiós a la posibilidad de ampliarla.
Algo falta: más huecos.
La casa envuelve
la realidad con mis carencias, yo
la provoco íntimamente:
quiero mi sitio. Seré agradecido
si me da un cuerpo.
Si no me abandona dentro.

. Y pregunto:
¿qué hacían estas manos
antes de desmontarla?

Todo debe permanecer así:
en piezas sueltas.
La casa de mis padres.
La casa de mis hijos.
Nunca la mía. Esa la dejaré

marchar. Yo ya estoy fuera.

METAMORFOSIS EN LA NOCHE

Esta humedad sí que la comprendo
habiendo un cuerpo.
Son pocos los que se agrietan
al decir adiós.
Doblar un papel,
madera y vidas que crujen,
en un mismo altar.
Las ramas que no saben el camino
a la palabra
quisieran recibirme
con la quietud del viento
dentro de casa. Dudar de mis manos,
si no reparan sombras.

EL FRACASO

Para escribir un poema
es necesaria una pausa de días, espacio
infinito en la imaginación, y cierto grado
de tedio y abandono.
Tener algo que amar, aunque sólo sean sombras
enganchadas a cualquier rama.
Las flores que alguien vendió para sobrevivir
o para comprar un libro de Natsume Soseki.
Esperar con fe a que un hombre
(el hombre es lo que importa en el poema)
vagabundee sin destino
y a que una moneda huérfana,
en un bolsillo, le dé un poco de luz de luna.
Algunos sueños, y calles suficientes como
para andar una vida entera.
Que la tristeza sea indefinible y arrastre
como un regusto a cena inacabada.
Que nos protejan con sus nombres
los árboles amados:
acacias y cipreses, limoneros y tilos.

NO HABITAR

El cuarto está vacío, aun para
quien lo habita no siendo más que un hombre.
No recibe otra luz que la pobreza,
y ninguna blancura en los papeles.

Mediante la plegaria y el estudio
me desvela la sombra de la cama.

Desentierro palabras
y doy un orden nuevo a la conciencia.
Que se noten las costuras
del monstruo. Que se aparten los poemas,
ese apéndice extraño de mi cuerpo.

Todo el pensamiento cuelga de un clavo.

UNIVERSO

Con que arroje una piedra al horizonte
mi sombra se desplaza
y el paisaje observa atento
el hueco que está dejando en mi mano.

Pinto, en lo invisible,
el abandono de un lugar.
A un tiempo,
la oscuridad, fuera de la ventana,
trata de mantener la postura más difícil.

LEYENDO A COSTAFREDA

La luna no conduce
mi tacto por la luz
y no firma el viento los papeles que se lleva.

Me despierto en la memoria de un muerto.

LA RESPONSABILIDAD DE LA CENIZA

III
En el poema del lenguaje
el estilo amplía su círculo de amistades
a un espejo de mano: concentración y visibilidad.
Y yo aprendo a diferenciar entre una vocal y un pájaro
que desea gravedad
si trato de cogerlo entre las manos. A respetar
el sueño hasta que viste
ropa prestada y balbucea cosas inconexas.

Leer es el acto de caminar descalzos sobre las paredes de la imaginación.
Si el poema nos ve sentados
da la razón a lo que abandonamos.

V
Hay un antes y después
en la danza. Contradicción del giro.
Esa duda que se exhibe en un movimiento
de la profundidad.
Pero la danza no es sueño ya sino
palabra. Significado en contracción, caída
de la transparencia, inspirar
y éxodo,
en la vigilia de lo vivo, respiración
visible en el poema,
un puro intercambio de espacios. Nada
más.
. Palabras que arrastran más de un límite
de viento.

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