DULCE AMANECER

»Mi Poeta aquí sugerido: Norma Segades Manias

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Era una mañana
de un hermoso día,
el sol despertaba,
la luna dormía.

En los matorrales
de aquella alma mía,
besos a raudales
yo sentir creía.

Saltaba y gritaba
y al fin sonreía.
Sentí que volaba
¡dulce algarabía!

¿Qué es lo que me pasa?
¿por qué la alegría
ha entrado en mi casa?
Nadie respondía.

Abrí la ventana
de mi fantasía,
la rosa temprana
sus hojas abría.

¿Me quieres? Te quiero.
Al “lao” de la cama
cantaba un jilguero
una tierna nana.

Sueño placentero,
linda melodía,
¡por poco me muero!
de nuevo dormía.
©donaciano bueno

Mísmo título de un poema de Raul Nicolas Antonio Larsen, otro incansable aprendiz, incólume al desaliento, en el que este humilde escribidor se ha inspirado.

MI POETA SUGERIDO: Norma Segades Manias

Norma Segades Manias

La espera

Junco de soledad en el rocío,
brizna de hierba clara…
hilvanando la ausencia del espinel maduro
por la trama de hogueras y tinieblas que ciñe lejanías a su pequeña torre sin campana,
la Ramona Gamarra esmerila la sombra
desde cajones huérfanos,
desde escamas,
desde agudos silbidos que no llegan,
desde puñales negros y cenizas,
desde espumas amargas.
La noche ha delineado las huellas de la luna
y en el regazo de pan duro y agua,
sus manos pescadoras crecen en el linaje del silencio cobijando la sangre,
el sueño,
la esperanza…
Extendidas y verdes,
las islas multiplican horizontes,
destiñen la distancia
Y en ese agobio de arenal y esteros,
ella custodia plumas bautismales,
apacienta insurrectas marejadas,
inmoviliza el viento,
establece un sendero para el remo y la proa tajante de la barca.
Sentadita en la orilla,
víctima de las garras de una feroz jauría de crepúsculos,
deshabitando el grito que la abisma por las grietas del alma,
en mitad de la escoria agonizante,
suspendida en la tarde que naufraga…
junco azul…
breve brizna…
garza leve…
aguardando la harina y el abrazo espinoso…
la Ramona Gamarra…

En este tiempo

Ya sé que habrá mañanas sin tus besos,
sin tu piel
donde el sol despeña el polen
de su estambre escarpado,
sin tus ojos tiñéndome de estrellas
y aromas
y espesuras
y racimos
la salvaje matriz de la esperanza.
Ya sé que
en la maraña
la vida está afilando sus relojes,
taladrando silencios transparentes,
precipitando zarpas.
Sé,
pero aquí me quedo.
Soy custodio
del sueño,
del verano,
de la magia,
de esta ternura azul hecha raíces,
de tu risa descalza.
Quiero quedarme aquí,
en este tiempo
en que sólo tenemos las palabras
y caderas de lunas fronterizas
y pájaros sin miedo
y ciegas madreselvas en las tapias.
Quiero quedarme aquí,
quiero quererte
en este territorio,
en esta tregua,
en esta adolescencia trasnochada
y andar con la alegría en bandolera
con la insolencia socavando escarchas
y la franqueza al viento
y las caricias
y algún ramaje cómplice de vuelos
deshojando campanas.
Quiero quererte aquí,
donde te quiero,
en este tiempo de riberas lacias,
al borde de la sed
y los incendios
bajo la quieta luz de las acacias.

Andamios en el viento

Yo edifiqué este amor.
Con fragmentos de oscuras inocencias,
con torpes esqueletos de caricias,
con harapos de sueños,
con astillas de heridas sin cerrojos,
con retazos de olvidos,
con silencios,
con este terco corazón obrero
enhebrando
una a una
las miradas
hasta llegar al beso.

Yo edifiqué este amor.
Me desollé las manos
y el alma
para hacerlo.
Desgarré la agonía de mis pieles
en el seco perfil de tus misterios,
en tu salvaje lluvia de raíces,
en tu escasa ternura,
en la eterna aspereza de tus miedos,
en el rencor marchito de tu zarza,
en la estirpe indomable de tus fuegos.

Yo edifiqué este amor.
Establecí mi sumisión descalza
como piedra y cimiento,
lo parí con la fuerza de la tierra
en la orilla de enero,
lo afirmé como hiedra a tus murallas
de aguijones sin tiempo…
y lo sostengo
a pura garra y dientes
entre racimos de cuchillos negros.

Detrás de las urdimbres

Aquí estoy,
zurciendo con esmero
este andrajo de amores eventuales
que encontré dobladito
entre la impunidad de los bolsillos
donde encierras los sueños.
Oculto en punto atrás cada mentira,
cada caricia y luna y juramento.
Cubro la luz de su mirada herida
con filamentos negros,
asiento planchas tibias
sobre la orografía de su cuerpo…
Pero me cuesta.
¡Ay, sí!
¡Cuánto me cuesta desprender su ternura
de las crestas insomnes de tu infierno!
Se ha adherido a tu voz,
a tu sonrisa,
trepó por tus cabellos,
inscribió sus raíces
en la extensión desnuda de tu pecho.
Perdóname querido,
debí advertirlo a tiempo,
pero estaba ocupada en otras cosas:
preparando meriendas,
fregando calcetines,
tejiendo calendarios,
almidonando todos los recuerdos.
Perdóname querido este dolor secreto
que se enrosca en la piel de tu vergüenza
al quitar los fragmentos…
Yo también me he quebrado algunas uñas
y sangrado la yema de los dedos,
sin embargo ya ves,
valió la pena,
ni se ven las puntadas…
quizás un poquitito del reverso…
Nadie habrá de advertirlo,
nadie indaga detrás de las urdimbres,
todo está exactamente como siempre,
tu cabeza y la mía descansando
en la complicidad cuadriculada
de este antiguo silencio…
¡Qué descuidado eres vida mía…
llevar, en un amor,
tantos remiendos!

Amor sin mordazas

He pensado que acaso ni presientes
cuánto silencio
encierra mi silencio,
cuánta pena encendida anda exhalando
como ásperos aromas
en el viento,
cuánta impotencia espera
agazapada
en esta indiferencia voluntaria
que me quema por dentro.
He pensado que acaso es necesario
participarte un nuevo sentimiento:
este odio
que me enciende las entrañas
y navega en los cauces de sus fuegos
cada vez que tus torpes injusticias
me arrebatan el cielo.
He pensado que acaso deba darte
de una vez
y del todo
y para siempre
aquello que más quieres:
el dominio absoluto de mi cuerpo.
Pero
a sabiendas que aún guardo en mis rincones
la estructura de todos mis secretos,
pero a sabiendas que,
entre piel y sangre,
no tendré
para ti
más que el silencio…
hasta que entiendas que la arena fluye
en los cristales ávidos del tiempo,
y se marchita el agua en mis vertientes
bajo la furia
de tu sol hambriento,
y la esperanza ya no tiene fuerzas
para invocar la magia del recuerdo,
y en su destierro de dolor,
sin nombre,
hay un antiguo amor
que está muriendo.

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