EL BARRIO DE LAS LETRAS

»El Poeta sugerido: María Rosal

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Madrid me gusta todo. Me seduce
el Barrio de las Letras.
Me siento acompañado por poetas
y escritos que me encuentro en cada cruce,
del suelo en las losetas.

No sé por qué será pero presiento
que voy acompañado.
Que llevo a los poetas a mi lado,
leyendo me entretengo a paso lento
cual fuera un ilustrado.

Allí me encuentro a Lope y a Cervantes
y veo paseando
a Góngora y Quevedo disputando,
y a Bécquer y a Zorrilla tan campantes
sus versos recitando.

Y veo a Garcilaso, a Calderón,
¡bendito Siglo de Oro!
a Tirso y a Galdós a los que adoro
de Ruiz, no he de olvidar, que es de Alarcón.
Si alguno olvido imploro

contemplen disculpar a mi memoria,
pido benevolencia.
Me gusta disfrutar de su presencia
mas piensen tan extensa fue su historia
que a tanto no le alcanza mi sapiencia.
©donaciano bueno

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Un paseo por el Barrio de las Letras de Madrid. Sus calles hablan de un único, escenario de la mayor concentración de talento en la historia de la literatura universal. Otro de los encantos del “Barrio de las Letras” es su amplia oferta comercial, que va desde los más tradicionales establecimientos con siglos de historia (como zapateros, plateros o lutieres) a espacios modernos y vanguardistas. Del mismo modo, la zona está llena de restaurantes y terrazas en los que disfrutar de la gastronomía de Madrid y del popular “ir de tapas” de España

POETA SUGERIDO: María Rosal

María Rosal

A mano armada

Supón que me presento
cualquier día en tu casa.
Que digo: “Hasta aquí hemos llegado”
que cierro las ventanas,
apago las cortinas,
los libros, los periódicos.

Supón que me presento
cuando menos lo esperas.
Ya puedo disfrutar
tu mirada de asombro,
el lecho abandonado,
los sentidos alerta.

Supón que te desnudo
con besos y sonrisas,
conjuro tus fantasmas,
asalto tu desvelo,
amanezco en tu sombra,
y me marcho,
y me juras
-dentro de un orden, claro-
fidelidad eterna.

Beatus ille

No he de callar, por más que con el dedo
o con la mano prieta me amordaces.
Orgullosa estaré, aunque disfraces
los vaivenes certeros donde cedo.

No he de callar, y en tan airoso ruedo,
cuando cerques mi orgullo y atenaces
mi fuste en altivez, cuando amenaces
no rendiré ni almena ni mi credo.

Y pues que en soledad luces mi arcilla
y te mantiene el deje de mi lumbre,
sigue frotando siempre, no hay mancilla.

No ha de mudar el tiempo tu costumbre
de alumbrarme en el gozo, ¡oh maravilla,
herida o sima y sin embargo cumbre!

Brindis

Mala bestia el amor
Mariano Roldán

Pongamos por ejemplo
que hoy es jueves.
Que un sol de plomo
cae tras los cristales
y recuerdo
tu mano en día de lluvia.
Digamos que estoy sola
y te deseo.
Que no hallo el escenario
donde acoplar tu imagen
con mi aliento.

Bebamos y brindemos
por la triste ironía
de estar vivos
y no poder amarnos.

Campo de plumas (Inédito)

Aunque me envíen a galeras no he de aborrecerte,
amado mío.
Envolveré tu barco, reventaré la proa contra rocas hostiles.
Comeremos con la sucia ralea de marinos sin patria, bebiendo
a morro barriles de ginebra.
No habrá losa de muerto que aplaque mis antojos. Ni antorcha
humana capaz de arder tu fuego.
Aunque pagues personal entrenado para guardar tu casa.
Así compres un perro y amaestres lagartos, sabré burlar la
guardia de absurdos mercenarios, agostar tus alarmas.
Desconectar ingenios de la era digital.

Convéncete.
Hay cosas que no cambian.
Por mucho que haya avanzado el mundo, en estas lides, no
he de capitular sin condiciones.

Prepárate a la lucha cuerpo a cuerpo.
De “Otra vez Bartleby”

Carpe diem

Rendida por tu luz, por tu grandeza,
brazo crepuscular, espacio enhiesto,
cuerpo de la memoria manifiesto
en las lides de amor: arte y nobleza,

cóncava identidad a tu belleza
se te ofrece y reclama, bien dispuesto.
Debes hendir gallardo, tierno, apuesto
para velar tus armas con destreza.

Armado caballero en la colina
del monte donde fue reina y señora
digna Venus triunfal, dale contento

con sabio gesto a la oquedad divina.
No dudes sumergirte sin demora
en tan filosofal conocimiento.

Casandra

Desmedida en tu huella,
eres hija inocente
del desierto y las olas.
Azul incandescencia.
Remota en tus senderos,
en la cumbre perfecta
del racimo y los labios,
cíngulo de tu aliento,
dormido en las adelfas.

¿Eres diosa o camino?
Mujer acaso. Y basta.

Como en todos los cuentos

Era bello y prohibido, lo que hacía
aún más deseable su estatura,
el arco de su pecho, su grandeza,
su forma de mirar, como una herida.
Era altivo, inasible. Nos tenía
bajo el yugo febril, en la penumbra
del amor incumplido largamente.

Sabiéndonos perdidas, decidimos
que no importaba el precio: la victoria
habría de ser su piel o nuestra vida.
Bajo un cielo de neón de luna muerta
velamos nuestras armas. Apostadas
en el rincón canalla, en la espesura
del último garito, dispusimos
el cerco tras el horno, imaginando
que bien valía el botín tanta batalla.

Era hermosa la noche. Consintieron
los dioses que el combate se inclinara
a mi estrella. Cuerpo a cuerpo, feroces,
desnudos y silentes demoramos
la huida. Mas cuando despeñamos erguidos
los deseos y coloqué mi beso
sobre su frente esquiva, como en todos
los cuentos se deshizo el hechizo
y mi príncipe-rana se perdió con la noche.

Cruzas las avenidas…

Cruzas las avenidas
leales de mi cuerpo,
desarmando la noche
con jazmines desnudos,
soldados ojivales
que alertan las columnas.
Es estertor el viento,
gótica letanía,
pájaro deshojado,
mártir de tu capricho.

Ecce

Descifrar los augurios
de la espiral perdida.
Sumergirme en la entraña
del azar y sus lizas.
Interpretar prodigios,
inciertas letanías.
Alimentar la llama
secreta de la vida…

Ese es mi oficio. Al fin,
sibila día a día.

E-mail

Mi amor no tiene rostro.
Sólo tiene palabras luminosas.
Mi amor es puntual
y cada noche
recojo en mi buzón
su mensaje cifrado.
Enciendo el aparato, parpadea…

Escribe con mayúsculas los besos
y acaricia su cuerpo en letras de colores.
No hay temor al contagio.
Tan sólo su locura me estremece
y yo se la devuelvo
en megabytes desordenados,
-ebria de amor,
ya libre-, acariciando
mi sistema binario desbocado,
mis ventanas al viento con el alba,
el CD Rom tan terso, la memoria…

Tantas noches de amor son un regalo.

Hortus clausus

Érase un cráter dulce, almibarado,
era un hueco ancestral, grieta festiva,
érase cicatriz con lomo y giba,
érase una quimera de cuidado.

Era un cuenco de anís certificado,
érase una hendidura en ofensiva,
érase sombra astral, vuelta en ojiva.
Era un pozo sin fin, nunca saciado.

Érase del placer audaz distrito,
era volcán umbrío, cordillera,
era de los deleites el garito.

Era, según se mire, una chistera
guarida de ilusión. Fuera delito
que no llevara el mundo por montera.

Hospes comesque corporis

Del salón en el ángulo oscuro…
con cuánta precisión, con qué destreza
-¡voto a Dios que me espanta esta grandeza!-
hiende Venus triunfal de amor el muro.

La huella digital talla el conjuro.
Andante… molto allegro -qué proeza-
contra el fragor erguido de cereza.
Cascada y vendaval, dulce cianuro.

Hospes comesque corporis: ¡oh dedo!
¡Ariete dispuesto al buen suceso
y a no cejar en mengua ni agonía!

Sirve otra ronda. Que te importe un bledo
vivir o fenecer en el exceso.
Labra orgulloso tu caligrafía.

Y porque nada, ¡oh dedo! te derrote,
otra oportunidad -algarabía-
te brinda a discreción el estrambote.

Lengua indagadora en las profundidades de las jaulas…

Lengua indagadora en las profundidades de las jaulas.
Boca niña inocente detrás de los deseos.
Boca mártir de labios erectos como espadas.
Boca beso de muerte henchida de cicuta.
Boca núbil de sueño que besa cuanto ignora.
Boca de doble filo de aves taciturnas. Doble hilera de dientes,
de dientes y arrecifes.
Lengua del vendaval taladrando lo restos
de un amor compulsado.
Lengua de terciopelo sobre un manto de nácar.
Lengua fileteada lista para el banquete, para la salazón de
la carne.
Lengua de esquirlas frescas.
Lengua de corazón expuesta en la vitrina.
Lengua de ofidio con un ojo en el vientre.
Lengua para limpiar el sudor, para acallar los centinelas
del frío, sus máscaras de níquel.
Lengua para el dolor, para gozar despacio.
Lengua del alacrán sembrando su simiente.
Lengua ramo de flores sobre el vértice erecto
de una fosa común entre las piernas.

Locus amonenus

No me basta tu piel para tenerte,
bálsamo, oscuridad, labio de arena,
turbia sublevación que me encadena
al abrazo sin alas de la muerte.

No basta mi dolor, paloma inerte,
para calmar la sed que me gangrena.
Pídeme siempre más, es tu condena,
conjuro desleal para perderte.

Porque ya no me basta con tu vida.
Porque tu sangre amaso en mi locura,
yerto mi corazón, potro sin brida.

Entrégate, desgrana tu cintura
en mis labios de sal. Lame la herida
que nos labrara Amor con desmesura.

Negaciones (Inédito)

No he venido a decirte que me escuches, a ti, embaucador,
tarado, charlatán de feria.
No he llegado hasta aquí a regalarte el aroma secreto de mis muslos,
pues dormitan las fieras y es preciso una recia armadura a su contagio.
No he venido a leerte las palabras que escribo por la noche,
cuando sueñan las hoces con un campo de espigas.
No he venido a que me hables, amordazado, infeliz, alma
destartalada.
No he venido a que me mires, ni a que me aprietes fuerte
contra los pernos de tu caja torácica.
No, no he andado desde la lejanía del desierto para besar la
deslumbrante antorcha de tu osario.

Entonces… ¿A qué has venido -me preguntas-
a qué tanto disfraz, tan triste maquillaje?
De “Otra vez Bartleby”

Poema de amor para otra primavera

Porque a esta hora tu cuerpo me parece
aquel oscuro túnel sin demora
que inventaron un día
los dedos poderosos del deseo.

Porque he desmantelado el corazón,
ese músculo antiguo de cajones dorados
y ya nada es tan cierto
como saberte altivo
tras la lluvia de junio,
sonámbulo y hermoso.

Y sin embargo hay noches en que crezco,
de puntillas,
al filo de la aurora,
hasta alcanzarte íntegro,
tan detrás de ti mismo,
en tu alada distancia.

Con las primeras luces me retiro.
Llevo calor ajeno
que me desviste el hombro.

Porque te has convertido…

Porque te has convertido
en fugaz visitante
y acudes cada noche
embozado a mi alcoba,
mis colchas y mis velos
ya tiemblan a tu paso.
He de ser favorita
en tu piel y en tu lumbre,
surco de la palabra
asediando tu carne.

Publicidad engañosa

Busco

Que sea tierno ante todo.
Que esté conmigo
no más de veinte días.
Que se vuelva de amor
y de remate loco
y que luego se vaya
sin ruegos, ni exigencias,
ni mentiras…

Así las condiciones.

Abstenerse los que creen en dios,
en sacramentos,
en la ley de los hombres.

Soy solo una mujer
con la espera entreabierta
para el que oculta veneno en la saliva
un cuchillo en los dientes
y entre las piernas
la razón poderosa de la desgracia.

¡Qué carajo!

Fuera vara de nardo, si no fuera
mástil, felicidad, sin par badajo,
dedo de luz divina, ¡qué carajo!
que tan sólo en ausencia sabe a tuera.

Nadie ignore su don, ninguna muera
ajena a las delicias del colgajo,
que en mostrando su afán no habrá destajo
ni hospitalario hogar pondrá barrera.

¡Danzad doncellas junto al palo santo!
Vuestra frente inclinad ante el icono
que izará desigual con vuestro abono.

Pues sólo así sabrá animarse tanto,
rendid honores, gusto, pleitesía,
hasta que os dé tributo en ambrosía.

Retorno

He sacado la llave de mi casa.
El pulso no muy firme. El latido
se me hace más intenso a cada instante.
Es la llave de antaño, con que abría
una puerta de largos corredores,
estancias amplias, con olor a espliego
y a retama,
al olor de los míos,
el puchero bullendo en la cocina.
Los gatos del ayer nos han dejado,
igual que tantas cosas.
Y da un escalofrío recorrer los sillones
con los dedos, tan descuidadamente
que parece que no estamos aquí.
Rezuman las paredes lejanía.
Huele a espera.
A esa mano que llegue autoritaria
y abra los visillos, y limpie los cristales.
¡Que entre otra vez la luz y pueble los salones
de gritos y chiquillos!
No en vano ésta es mi casa.

Somos lo que aprendimos

Esta costumbre dulce
de perder el respeto,
de agarrarse a la vida
como si nada fuera,
como si ya la muerte
se hubiera convertido
en borroso subtítulo
de una vieja película.

Nos fuimos desnudando
en andenes lentísimos,
al filo de la noche,
cuando la madrugada
era una vieja furcia.

Somos lo que aprendimos
en esta soledad donde regamos
margaritas de plástico y silencio.

Tan esquiva

Pues, oh hermosa Lesbia,
si sabes que te espero,
si sabes que tu imagen
certera me persigue
desde el preciso instante
en que, pétalos dulces,
tus pechos distraídos
convocaron mi espera
en el vértice oculto
de tu delta purísimo.

¿Por qué extingues remota
tu afán y mi deseo?

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