EL CAÑO DE UNA FUENTE

Juan Morales Rojas(Poeta sugerido)

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Revoltosa de su madre va naciendo,
reluciente y en un parto acelerada,
cantarina con su lumen afinada
como niño va al dictado repitiendo.

Sobre un lamido pretil ella derrama
sus vivencias, su paciencia y su misterio,
esas ansias de vivir y hasta la llama
de quien sabe hacerlo todo con criterio.

Bendita sea esa música divina
que a espíritu de sentidos les halaga,
la que inspira placidez y al alma embriaga,
tan diáfana, transparente y cristalina.

A constancia nadie gana y a insistente,
susurrante, es un dechado de pureza,
pareciera que allí cae mientras reza,
es humilde, besa el caño de una fuente.
©donaciano bueno

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Juan Morales Rojas

Soneto a Montoro

Guadalquivir ceñido a tu ladera.
Estrella y blanca noche en tus alcores.
Romana Epora, entre olivar y flores,
dormida está la eternidad que espera.

Montoro es brisa y flor, sueño y quimera
que a la pira romana resplandores
le presta de los ojos soñadores
de su mujer, inspiración y hoguera.

Alcázar de olivares es tu sierra,
que hace de tí, bendita y noble tierra,
un rincón de delicias, un tesoro.

Cuando el río a su paso fiel te baña
canta después su linfa que en España
¡Tiene un rincón el Cielo que es Montoro!

Brisa de Montoro

Hay que subir…Subir por la ladera,
Ángel cansino hasta la cumbre altiva
en que la sombra del aceite esquiva
la brisa de lejana sementera.

Hay que sentir nostalgia de pradera,
hay que beber el brote en peña viva
y escuchar la garganta de la diva
que su canción entona plañidera.

¡Ay! brisa de Montoro, montoreña,
que en cada faz plenilunar se empeña
en ser joven eterna en los olivos.

Déjame que, al morir, mis labios yertos
reciban la caricia de mis muertos
cuando arrastres pasiones de mis vivos.

Eternidad en Montoro

La tarde se diluye entre los montes
entre un sopor estático de olivos…
El arrecife malva de los vientos
hojas juega de planta en remolinos.
¡Cuántas tardes iguales, ¡oh, Montoro!
fueron labrando tu erosión de siglos!…
¡Cuántas brisas suaves peinadoras
de ese suelto cabello de tus riscos!
¡Cuánto aroma de bálsamo de aceite
temblando en el alcor de tus molinos!…
Un pálpito de paz brota en los muros
dorados de tus viejos edificios:
edificios calientes con aleros
donde aves tiernas suspendieron nidos.
¡Cuántas noches iguales, ¡oh Montoro!
Viejas y estrellas duermen en tus quicios;
niños y perros juegan en tus plazas…
bajo tu puente pasan tiempo y río…
La vida se diluye entre tus montes.
Bajo tu amada tierra son los míos
canción de la nostalgia, acaso rosas,
polvo de siderales infinitos,
dulzura amarga en la borrada huella,
Eternidad de donde nacen siglos,
¡Cuánto aroma de tiempos, ¡oh Montoro!
¡Qué jugar de tu plata en remolinos!
Un pálpito de paz vive en tu brisa…
bajo tu puente pasan tiempo y río…!

Soneto a Andalucía

Cielo azul entre campos soleados,
desde Jaén a Córdoba la Llana.
Una lírica gracia sevillana
y un bálsamo de olivos plateados.

Carabelas y afanes preparados
al alborear en Huelva la mañana,
de la gloriosa gesta americana
de marinos por Dios iluminados.

Cádiz, napoleónica e isleña.
Gloria mediterránea malagueña.
Y un mar de fandanguillo en Almería.

España admira, absorta y asombrada,
la infinita belleza de Granada.
¡Belleza sin igual de Andalucía!

Córdoba

La centenaria piedra al sol dorada;
Bética Madre en quién florece el río.
Campiña que arde al fuego del estío;
jara, espliego y tomillo, cumbre alada.

Por la cultura, tú, romanizada.
Por el Corán se pierde tu albedrío.
Te libra el fuego de la Cruz del frío,
teológico sentir, cristianizada.

Risueña en tus viñedos y olivares,
poetas te coronan de cantares,
prudente y sabia en tu filosofía.

Y entre callejas, plazas y rincones,
un cante jondo enciende corazones.
Y brota del nocturno tu Poesía.

A LA GIRALDA (Mercedes de Velilla)

A tu sombra nací, Giralda mía,
y con el aire que te besa aliento;
de su arte soñador te hizo portento
la árabe raza triunfadora un día.

De la reina gentil de Andalucía
eres la maravilla y ornamento,
y te elevas gallarda al firmamento,
y esplendes a la luz que el sol te envía.

Yérguete siempre en mi nativo suelo,
y, al mágico vibrar de tus campanas,
olvide mi ciudad tristeza o duelo.

De alzarte entre los ángeles te ufanas;
que a tu vértice tienes los del cielo,
y al pie las hechiceras sevillanas.

CÁDIZ (Antonio Pardal)

Cádiz, rinconcito hermoso,
entre el mar y la salina.
Tienes la arena más fina
y el paisaje más precioso.
Cuando se oye una alegría
o algún tanguillo cantar
ya no se puede aguantar
la sal de esta tierra mía.
Nunca me podré olvidar
de tu bella Puerta Tierra
ni el muro de Cortadura,
que muy cerquita del mar
tu linda tacita cierra
resguardando tu hermosura…

LA ALHAMBRA (Camilo Valverde)

Es la Alhambra princesa misteriosa
sitiada por devotos pretendientes;
la abruman de requiebros tan ardientes
que, tímida, se oculta silenciosa.

Su incisiva mirada brilla airosa,
prendida en sus ojazos complacientes,
al rumor de arabescos relucientes
ebrios de sol en brisas armoniosas.

Doncella recatada, con finura,
encubre su elegancia recoleta,
reservando discreta su hermosura.

Al arrebol, se adorna muy coqueta,
y, vistiendo de aromas su ternura,
sólo espera el abrazo de El Veleta.

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