A EL DEMONIO

»El Poeta sugerido: Martha Asunción Alonso

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A ti, dios de los infiernos,
¡triste rey de mi retablo!
al que describen con cuernos
y que el vulgo llama diablo.

Ese ser tan repugnante,
verde, con tridente en mano,
esperpéntico y farsante,
y de olor a gas metano.

Qué implacable me seguiste
hasta robar la inocencia.
Que te pidiera clemencia,
vano me resultó a mi,

pues aunque jamás te vi
me llevaste a la demencia,
ese azufre en que me ardiste
que tantas noches sentí.

Tú, que inundaste mi sueño
con miedos y sobresaltos,
yo inocente, tan pequeño
¡sólo de pensar me exalto!

Que ya dicen que no existes,
¡qué bastardos, qué bellacos!
que jugaban al despiste
como el hombre cruel del saco.

¡Cómo me acuerdo de ti,
tan cornudo y tan villano!
¿Por qué me hiciste sufrir
cuando aún yo era un enano?

Yo al infierno te condeno,
si pudiera te enveneno,
y rematándote te empalo,
por ser lerdo, cruel y malo.

Y ahora ya para joderte,
aquí te condeno a muerte
y además te corto el rabo,
¡espero nunca más verte!
©donaciano bueno.

El diablo y yo nos entendemos
como dos viejos amigos.
A veces se hace mi sombra,
va a todas partes conmigo.
Jaime Sabines

La advocación al demonio y al infierno con la amenaza real de echarnos a freir en las calderas de Pedro Botero, fué el método de adoctrinamiento religioso en los años de mi infancia. ¡Qué frustración, cuando me entero que ya no existe y que todos aquellas noches en vela que sufrí fueron en vano! Aquel olor a azufre.

POETA SUGERIDO: Martha Asunción Alonso

Martha Asunción Alonso

MARTHA ASUNCIÓN ALONSO

Nació
con una oposición bajo el brazo
y largo pelo.

De camino a la clínica,
dilatando en un taxi, a su madre
se le antojó un banana split.

El Papa estaba nuevo en esa época.
Los cronistas lo saben porque andaba. Y yo me lo imagino
vistiendo un par de levis bajo las sacras faldas.

Aquel año dio comienzo en miércoles. Descubrimos diez
satélites danzando en torno a Urano. Bélgica
ganó en Eurovisión.

A lo que voy:
llegó con largo pelo, demasiada vergüenza
y el equilibrio justo para un bípedo.

Aprendió a repirar sin ruedines al cumplir veintimuchos.
Le crecían preguntas sin regarla.
Fue a la universidad por no volver al médico.

Viajó. Se drogó poco. Una vez tuvo
que defender su casa a paraguazos. Se enamoró muy mal,
peor y por fin bien.

Mantiene
todavía una estrecha correspondencia con el monstruo
del Lago Ness y el Duende del Armario.

Vive y se acabará con el trastorno
de la fe. Para que se la entienda: rebusca
poesía.
(Inédito)

Los conejos blancos

El primer conejo blanco que recuerdo fue una cría de gorrión
que nos cayó del cielo.

Era la época de la ductilidad y el miedo a la cicatriz:
cualquier duda de fe,
la varicela o el amor, podían dejarnos marca.

Las monaguillas lo metimos, igual que en un sagrario,
entre algodones, en una caja de quesitos,
dándole de rezar migas de pan.

Según cuenta la Biblia, le crecieron las alas esa noche:
el conejo debía ver el mar y nosotras debíamos
ser solas.

Por eso nos tocó, cada verano en fiestas de nuestra adolescencia,
el cordero blanquísimo en la rifa.

Les fabricábamos biberones con botellas
de Coca-Cola. Supimos, a cambio, de la higiene
sentimental del topetazo.

Y el balido,
a trotar en la búsqueda y no apartar
el llanto cuanto ante ti degüellen lo que amas.

Devorar, caníbales en defensa propia,
devorar el dolor
crudo que nos devora.
(De Wendy, Madrid, Pre-Textos 2015)
VII Premio Nacional de Poesía Joven de RNE, 2015

The house among the roses (Monet, 1925)

Todos la señalaban con el dedo, asentían,
se alejaban para observar mejor, muy fijamente,
como niños siguiendo una cometa por la playa.

Una mujer incluso usaba unos prismáticos,
muy seria y sigilosa, la cabeza inclinada,
igual que si escrutase un mapa falso del tesoro.

Yo me sentía imbécil. Recuerdo que pensé: quizá
la casa entre las rosas esté fuera del cuadro,
donde nadie la piensa,
allí donde se nubla tu mirada.
Quizá hayamos perdido el tiempo buscando el animal,
nunca su sombra;
el destello del sol sobre la fuente, no la sed.

Seguí pensando un rato, como ciega,
mientras los japoneses sonreían.

Porque tal vez la casa sólo fuera las rosas
y aquel cielo turquesa,
alegría compacta y lumbre fácil.

Hoy creo que la casa entre las rosas siempre fuimos
nosotros. En su busca.
(De Detener la primavera, Madrid, Hiperión 2011)
Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal en 2011 y Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández en 2012

Lost generation

Era un mundo sin protección solar.

Los sueños, las inmensas
antenas parabólicas sobre los tejados,
monos azules
tendidos en patios interiores: mapamundis
proféticos tras las manchas de aceite.
No teníamos miedo.
Fuimos a escuelas donde los maestros
habían llevado luto por nosotros,
que estábamos llamados a heredar
la transparencia.
Dicen que a la salida alguien nos daba
caramelos con droga.
Yo nunca tuve dudas. Era nuestro destino:
ser una nueva raza de gigantes,
hombres libres, mujeres que haríamos
el trabajo de cien hombres.

¿Cómo no ser valientes? Pasábamos
agosto con abuelos
que habían sudado todo el frío del país.
Fumaban y tosían
y aflojaban bombillas porque la luz
no es gratis, no. También tuvimos padres,
una nación sonámbula de padres
que venían del sur.
Por la noche, volvían tarde a casa
y exclamaban: “¡Señor,
ya me sacas al menos dos cabezas!”.

Éramos los mayores.
Crecimos un centímetro diario y
estrenamos mallas, ternura primogénita,
zapatillas Paredes
que atravesaban yonquis en la noche
para aprender francés.
Duendes únicos. Magos
de la calcomanía. Todo se nos quedó
pesquero tan deprisa:
el Colacao, los paraísos para mascotas
olímpicas, los cromos,
la fe de nuestra primera comunión.

Cuando al fin llegó el metro a nuestro barrio,
fue demasiado tarde.

Ya estaba preparado el plan de fuga.
(De La soledad criolla, Madrid, Rialp 2013)
Premio Adonáis 2013

No es verdad

No es verdad Blancanieves, los bosques de esperar
lenguas azules que nos despierten
al dolor de los pezones.

No somos elegidas
de los dioses para la transparencia:
ellos también son cuentos.

Porque la poesía,
igual que los sepulcros de cristal o ser mujer,
no será nunca un don.

No nos hace más nubes, ni más madres,
ni ha de encontrarnos siempre
trabajando.

A menudo, nos halla
menstruando, acariciando gatos sucios.

Sacando la basura.
(De Skinny Cap, Libros de la Herida, 2014)

AZAR

Pude haberme nacido tantas veces.

Cerca del río Vjosa, por ejemplo, en una kulla albanesa
de otro siglo: vivir tras celosías, siempre pisando alfombras;
rezándole a los cielos
un varón.

Sin embargo, mis padres quisieron parir hijas.

Mis padres eran hijos de una mina y un cuartel en Melilla, una tinaja para aceite
con comunista dentro y un obrador
de pan.

Y me logré en Madriz, antes del SIDA, cerca de los gitanos y los trenes.

Escribo me logré, aunque es plural. Quiero pedir disculpas.

No sé cómo lo hicimos,
pero encontré
tu mano.

CELEBRATIO

Que tus antepasados hubieran de cavar túneles y segar prados verticales.

Que mis antepasados exprimiesen hectáreas de limones y hayan muerto de mina.

Cada gen de la Historia: yo celebro.

Agradezco esta sangre oscura de caminos que al sol
nos entrecruzan.

FERTI TRAVELS
(60 EUROS IDA Y VUELTA)

Los hijos de las águilas no esperan.

Ya hicimos muchas colas durante el comunismo de Enver Hoxha.

Cruzan la frontera con gallinas vivas en autocares
italianos comprados de segunda.

Fuman donde haya fuego.

Paran para silbar en la cuneta donde más brillen los almendros.

Creo que son felices porque no tienen horario
de llegada.

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