EL FANTASMA SOY YO

Poeta sugerido: Marta Brunet

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Ya no tiene en qué pensar, se ha secado su cerebro,
retorcido como enebro, en su largo caminar
va en sombras grises que avanzan y acompañan su penar
¡ay del que quiera encontrar su ánima en este requiebro!

Va pintando renglones que simulan garabatos,
retratos que son estratos de su memoria impía,
imágenes de beatos en asceta sacristía,
sospechas, sueños, susurros y miedos timoratos.

Observa tiempos muertos donde anida la amargura,
el fantasma se instala donde soledad se siente,
el silencio en la noche, en las entrañas de la mente,
¡un espíritu penando, pesadilla o locura!

Todo es un simple juego del maldito dominó.
Mientras coloca las fichas una a una en el tablero
-las negras huelen al mal, las blancas-dobles a clero-
¡tu ya no eres el fantasma, que ahora el fantasma soy yo!
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Marta Brunet

Marta Brunet

MARTA BRUNET

Tienes la gallardía de la nave
que a su destino avanza jubilosa,
la plenitud exacta de la rosa
que en el perfume de la rosa cabe.

Un aura leve te trasciende suave,
y en tus labios ingrávida se posa
una sonrisa misericordiosa
sobre el amargo rictus del que sabe…

Gozas la frágil claridad del día
con una secular sabiduría,
dulce es la sombra fiel junto a tu arrimo

que une la gracia fuerte de la encina
con la fresca opulencia del racimo
en ti, Marta Brunet, la campesina.

TRES ROMANCES

I
Hora a destiempo en el tiempo
que no debió de sonar.

La creímos de alborozo
–flores sueltas del gozar.
La creímos de partida
–barquito del buen soñar.
La creímos de retorno
–con la carga de un cantar.

Era la hora de ambos:
pero no debió sonar…
Era la hora de ambos:
de hallar y de separar…

La creímos de alborozo
–fue espina para clavar.
La creímos de partida
–fue adioses para llorar.
La creímos de retorno
–fue senda sin regresar.

Hora a destiempo en el tiempo
que no debió de sonar…

II
Nos parecía la dicha
como si fuera un cristal.
Muro y no muro entre ambos,
viéndonos sin acercar,
se nos rompió, de repente,
quedamos sin separar.
Tu mano supo mi mano,
los labios largo besar.

Yo no quería caricias
–lentos dardos de angustiar–,
ni me quería por playa
que habíase de anegar.

Antes, que el muro existía,
podíamos acercar,
ahora que el muro no existe,
tuvimos que separar.

Rotos y finos cristales
nos hieren de soledad.

III
¿A quién pedirle piedades
óleo activo a este dolor?

Padre Nuestro de los Cielos,
costado roto de amor:
anudaste nuestras vidas
con la soga del dolor,
que es tan fuerte amarradora
como el goce del amor.
No te reprocho presencia
–larga lanza de dolor–,
ni te grito lejanías
para el eco de mi amor.
Me lo pusiste delante
–no supe que era el dolor–,
lo creí para mi dicha
transida por el amor.
Un encuentro y la partida
por senderos de dolor,
despedazados de ausencia,
hecho congoja el amor.
Hacia el mar su ruta sigue
a cuestas con su dolor,
hacia las altas montañas
esquiva voy con mi amor.

Padre Nuestro de los Cielos,
lacerado en el dolor:
milagro yo Te pidiera
–no sé cuál– para este amor.

CANTARES

Estéril pedrusco ardido
que un rojo sol calentó.
Sola entre arenas sin vida
dejadla. ¡El amor pasó¡

¡Qué dulce flor de cantares,
si el cantar fuera de flor!
Boca de sangre lo dice,
sangre dicta el corazón.

Siete nudos en la entraña
y en la boca un anhelar,
denso destino de sombra
que nadie ha de desatar.

Beso que no doy
se hace canciones
que no dolores.

Agüita clara de arroyo
que cantaba a nuestros pies.
No nos decía mentiras
al augurar un querer.

Pasad…
No hay que buscarle los ojos
que los niebla el ensoñar,
ni mirar sus quietas manos
–no saben acariciar–
ni contemplarle la boca
ardida de esperanzar,
ni los cabellos rebeldes
que el viento debió peinar.
Dejadla pura en su halo
siendo tan sólo un cantar.

–Novia del aire –dijo–
del aire, sí.
Si te besa en la boca
lo hace por mí.

Calandria de la mañana
resuena en mi corazón.
¿Estás en árbol de huerto
y hablándome de mi amor?

Pinares para rumores
junto al verde de la mar,
pino verde el alma mía
al filo de tu cantar.
Sellarme la boca ardida,
hacer la voz sé callar.
Entraña de monte, piedra:
¡cómo fijas mi envidiar!

El mundo al revés

La tienda «El Mundo al Revés»
compra a cuatro y vende a tres.
Consigue así tal clientela
que vende que se las pela,
por eso cuesta un horror
llegar hasta el mostrador,
y el parroquiano apurado
compra todo equivocado.
La tortuga, siempre quieta,
lleva una motocicleta
La Hormiga, no la cigarra,
se ha comprado una guitarra,
y la Cigarra adquiría
-a plazos- una alcancía.
¿Para qué querrá una silla,
si no descansa, esta Ardilla?
Un tigre con mucha prisa
exigió un libro de misa
y el fiero lobo estepario
cuatro cirios y un rosario.
Este gallo, por señora,
elgió una incubadora
y el Pato hace un chiste malo:
pide una pata… de palo.

El Perezoso, ¡qué horror!
hoy usa despertador,
y el pacífico Cordero
un laque de cogotero.
Un cangurú saltarín
adquirió allí un trampolín.
-¿Un peso el cuello? ¡Qué estafa!-
protestaba la Jirafa.
Por si son cortos sus trancos
pidió la Cigüeña zancos,
y el Oso -es pura verdad-
un manual de urbanidad.
La Cebra, ¿no te desmayas?
se encargó un vestido a rayas.
La Liebre salió algo inquieta
llevándose una escopeta,
La Tórtola arrulladora
quiso una ametralladora,
y el Rinoceronte fiero
pues eligió un sonajero.
El Burro (sin comentario)
diez tomos de diccionario.
Una Polilla muy fina
entró a comprar naftalina.
La Foca de modo extraño
probóse un traje de baño.
Entró una Ratón a deshora
pidiendo un Gato de Angora,
Y un Ciempiés al poco rato
se llevó un solo zapato.
Llega un bisonte, arremete
y sólo quiere un chupete,
y en cambio el Conejo grita
que le vendan dinamita,
quiere el Elefante, en fin,
que el entreguen un violín.
Como ya no hay quién se entienda
cambian de nombre a la tienda.

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Soy como el ave que lanza raudo sus alas al viento, cuando fracaso yo intento…
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