EL HOMBRE Y SUS MISERIAS

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El hombre
Fatuo, cual tú, cual yo, tan presumido,
el que vino hasta aquí por peteneras
a cuesta la obsesión de hacer barreras,
él que antes de llegar casi se ha ido,
ausente de pasado y aun de nombre.

El trepa,
que sale a trabajar cada mañana,
y pasa junto a ti y no te saluda,
te mira de soslayo como un cura
perdonando la vida con desgana
sin rastro de abolengo que se sepa.

Idiomas
Aquel que repartiendo va permisos
seguro del terruño él es el dueño,
arguye de que un día tuvo un sueño
que trabas va aportándole a tus guisos
no come mas no deja que tú comas.

Costumbres
Que en el fondo desprecia al de a su lado
y para ello forjando va artilugios
vistiendo de reflejos sus refugios
a espera de que estés impresionado
por ritos, su folklore y por sus lumbres.

Fronteras
Que siente que es del resto diferente
pudiendo disfrutar de más derechos,
colgando identidades por los techos,
aquí trazando una raya, allí un puente,
sujeto a la traición de sus quimeras.

Iluso
Su afán por parecer que es trascendente,
que ha sido por los dioses bendecido,
que ese lugar es dios quien lo ha elegido
o leyendo la mano algún vidente,
de luces algo escaso, algo obtuso.

Distinto
Distinto pues se apoya en la manada,
“nosotros, nuestra historia, los ancestros”,
siguiendo a los que mandan cual cabestros
sólo a su impulso atiende, pensar nada,
pues todo en él se mueve por instinto.

Me mofo
que yo hoy aquí me río de ese hombre
al que, sepan, no guardo yo respeto,
un bobo, un simple, un lerdo escueto,
y es que ese para mí no tiene nombre
si alguno he de poner, que es un forofo.
©donaciano bueno

Ese hombre en el que de alguna forma, en mayor o menor medida, todos nos vemos representados.

Hombre – Blas de Otero
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser ?y no ser? eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

http://www.donacianobueno.com/blas-de-otero/

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