El ilustrado

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Andante solitario ansioso de experiencia,
repleto de vivencias, sucesos que contar,
tantas cosas sabías, era tanta tu ciencia
que no tuviste tiempo para en ella pensar.

Inquieto, sin descanso viajaste por el mundo
bebiendo de las fuentes que pudiera saciar
tus ansias de libar el crisol sabio y profundo,
como una rueda fuiste rodando sin parar.

Y ahora que ya el ocaso te acecha sigiloso,
frente a tu alma enfrentado, harto de caminar,
tratando atemperar tu espíritu curioso,

te has parado a intimar con tu ser proceloso,
amarres recogiendo de tu barca en el mar
y al fin puesto a soñar con un rictus tedioso.

©donaciano bueno

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