EL MONTE EN MI MEMORIA

 

La resina
El monte, los pinares, de las más intensas vivencias forman parte de mi infancia.
Esqueléticos árboles desafiando al cielo y al viento siempre sumisos. Las fragancias
destiladas por su maltrecha faz. De su savia, las inocentes y transparentes lágrimas,
cadenciosas resbalando sobre las crueles heridas sin piedad abiertas por el hacha.

Las hojas
Es el mismo el que siempre permanece presente en mi subconsciente imaginario.
El húmedo y penetrante olor de la apaisada tamuja suspirando tras la lluvia de verano.
El susurrante sonido a ratos cadencioso de las insistentes pisadas sobre el manto
acolchado de gris algodón en sus parduzcas explanadas, pozos, montículos y vados.

La fauna
La monocorde coral y siempre alegre sinfonía en do menor del gorjeo de los pájaros,
y suave cimbrear de las ramas mientras, como saltimbanquis, vuelan de salto en salto.
La sorprendente aparición allá en la lontananza con sorpresa de una liebre despistada
tras de una noche de juerga buscando el cobijo en su guarida al clarear de la mañana.

Las setas
Cómo recuerdo la ilusión de mis inolvidables largas caminatas en busca del tesoro,
los niscalos y setas, que apenas escondían los subsuelos tras las vendimias en otoño.
Puro divertimento, como chiquillos jugando al escondite entre los hongos y nosotros.
Los gritos de ¡eureka! y el eco repicando al descubrir a esos codiciados en un corro.

La leña
El terco repicar de las campanas anunciando a los vecinos el final de la veda y el acopio
de leña, piñas y cándalos, que en el crudo invierno nos serviría para alegrar el horno.
Las encinas, las bellotas, los pinos, tullidos enebros, los arbustos, las astillas, los abrojos,
la vendimia y de palos las gavillas imprescindibles para facilitarle al asado los rescoldos.

Reflexiones
Recuerdos apresuradamente ahora escritos sobre la fina arena de la playa de mi mente
que dejo plasmados en previsión de que la marea que está a punto de llegar, lentamente
ayudados por la brisa cubra los textos borrándolos sin ninguna consideración. Y de repente
aparezca la neblina, oscurezca mis ojos y deje ya de percibirlos ni siquiera vagamente.
©donaciano bueno

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Confieso que he vivido… plácidamente recostado en una nube, obsesionádamente observando cómo ésta baja o sube, haciendo caso omiso a lo que a mi alrededor…
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