EL MONTE EN MI MEMORIA/

María Negroni (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.

 

La resina
El monte, los pinares, de las más intensas vivencias forman parte de mi infancia.
Esqueléticos árboles desafiando al cielo y al viento siempre sumisos. Las fragancias
destiladas por su maltrecha faz. De su savia, las inocentes y transparentes lágrimas,
cadenciosas resbalando sobre las crueles heridas sin piedad abiertas por el hacha.

Las hojas
Es el mismo el que siempre permanece presente en mi subconsciente imaginario.
El húmedo y penetrante olor de la apaisada tamuja suspirando tras la lluvia de verano.
El susurrante sonido a ratos cadencioso de las insistentes pisadas sobre el manto
acolchado de gris algodón en sus parduzcas explanadas, pozos, montículos y vados.

La fauna
La monocorde coral y siempre alegre sinfonía en do menor del gorjeo de los pájaros,
y suave cimbrear de las ramas mientras, como saltimbanquis, vuelan de salto en salto.
La sorprendente aparición allá en la lontananza con sorpresa de una liebre despistada
tras de una noche de juerga buscando el cobijo en su guarida al clarear de la mañana.

Las setas
Cómo recuerdo la ilusión de mis inolvidables largas caminatas en busca del tesoro,
los niscalos y setas, que apenas escondían los subsuelos tras las vendimias en otoño.
Puro divertimento, como chiquillos jugando al escondite entre los hongos y nosotros.
Los gritos de ¡eureka! y el eco repicando al descubrir a esos codiciados en un corro.

La leña
El terco repicar de las campanas anunciando a los vecinos el final de la veda y el acopio
de leña, piñas y cándalos, que en el crudo invierno nos serviría para alegrar el horno.
Las encinas, las bellotas, los pinos, tullidos enebros, los arbustos, las astillas, los abrojos,
la vendimia y de palos las gavillas imprescindibles para facilitarle al asado los rescoldos.

Reflexiones
Recuerdos apresuradamente ahora escritos sobre la fina arena de la playa de mi mente
que dejo plasmados en previsión de que la marea que está a punto de llegar, lentamente
ayudados por la brisa cubra los textos borrándolos sin ninguna consideración. Y de repente
aparezca la neblina, oscurezca mis ojos y deje ya de percibirlos ni siquiera vagamente.
©donaciano bueno

¿Conoces a María Negroni? Lee/escucha algunos de sus poemas

María Negroni

Alteridad

este miedo
que se quedó
acurrucado en la infancia
roba de lo que será
sensaciones remotas
peor que eso come
cosas
que ni siquiera ve
ladra
hasta no ser
sino un espejo astillado
donde mi vida aún
se haga y se contemple
y después
-si es que hubiera un después-
alza un bastión de palabras
entre un idioma extranjero
y lo extranjero de sí
no sé por qué
esta herida no me alcanza

0.0016 kilómetros de palabras
confinadas a un poema
curiosa manera de decir
un hombre caminaba por la muerte
lo atravesaban
formas
un poco arrepentidas
graduaciones
de lo que no tuvo
el aire
que inhala por minuto
el mundo
cada vez que se extraña
el resto
fue aritmética mayor
saber caer y no caer
evaporarse
como una herida transparente

Por decirlo así

me acosté con la noche cuando el sol
de este lado del sur
más ruidoso que el ruido
avanzaba
hacia el final de algo

y allí se intercambiaban
lo que pudo haber sido
y lo que siempre está siendo

como un cuerpo
abierto al fin

a la locuacidad de lo que calla

de Arte y Fuga Pre-Textos 2009.

(canon inversus)
la rosa es sin por qué
Angelus Silesius

una mujer
espera
a la orilla del río
para decir lo que no sabe

y el río la ve
y no la ve
y ella
en su desnuda inexperiencia
a punto de llegar
a lo que busca
eso
que tal vez podría decir
pero no sabe
querer

canta
canta como dormirse
en el regazo del agua
que la escribe
como llamando
al río de su cuerpo
que calla de deseo
en la indecisa noche
que lo inspira

y así
en la medida de las cosas
espera
lo que ansiaría preferir

un líquido temblor
una música incumplida
para saber
qué dice
cuando dice
no saber

otoño en la ribera
abiertamente noche

no hay
más historia que ésta

una mujer que invade
la página nerviosa del deseo
como una muerte atenta
a lo que vive
dentro de ella

esa impaciencia
por ser lo que sería
si el corazón hablara
tranquilo en su orfandad

y el río la ve
y después no la ve
y ella
que ignora lo que supo
sin por qué la inverosímil casa
de las cosas

canta
está cantando ahora
como emprender un vuelo
hacia sí misma

y el río se va
se va la pena escrita
llevándose su imagen
a las tierras del mar
donde ella
todavía no nació
y es ya
una desinencia.
(de Cantar la nada).

Improvisaciones en babel

al estilo de cendrars o del franco alsaciano arp
que posaban de
políglotas

enamorada de las palabras que acentúan
lo inentendible o verosímil

en aras de pequeñas
desorientaciones
imprescindibles

querida:

exponerse por ahí es verdad que luce el gesto / pero fluctuar entre
representar algo y ser eso / ha sido tarea de cíclopes / desde mary
carmichael para acá.
lo que sucede en el n° 3 de mercer street /
(hay un museo holográfico) / no entra en el atadito de sus cosas / y
el calor y la violencia de un corazón de poeta / negocian desde siempre
mal con el cuerpo.
me pregunto / si no tirarse por la ventana
cual anónima / que no pudiera caminar hasta londres bastaría / o si la
guerra con su destino es el leit motiv del canto.
te escucho hablar / como si escribieras tu
epitafio / como si lo hicieras adrede.

YO MISMA

yo misma
te puse un diploma
de verdugo en las manos

y después me interné
por la frente helada
de tu voz

como si fuera una autómata
una aprendiz alerta

a tu menor pronunciación

después
llovió durante noches

y hubo monstruos fabulosos
y un primer plano sin respuesta
a orillas del odio

y todo eso ocurría
en el hogar común
de las palabras
a orillas de un río tenebroso

“por favor
nada de angustias”

EL DESIERTO ES…

el desierto es un animal
ávidamente inconcluso

y la luz
un desierto
ávidamente más grande
que el desierto

cuando la noche se encrespa
la sombra escribe en el lomo
de esas arenas suntuosas

el desierto medita

aparte de eso
sólo es visible aquello
que está adentro de la visión

TANTAS VUELTAS

tantas vueltas de piel de toro
tantas chapas de hierro y bronce
no protegen

el viento vuelve a traer
su carga de antiguas culpas

¿en qué nombre del alma
soy yo la abandonada?

¿en cuál la que abandona?

toda navegación instaura
el río que la lleva

así en la huída
así el pájaro ingrato

obsesionado por tus muros.

EN UN RINCÓN

en un rincón
lo que termina de morir
en el otro
lo que no termino de matar
(porque esa rabia es todo lo que tengo)

el poema hila el silencio
entre dos casas

OJALÁ ME TUVIERAS

ojalá me tuvieras encerrada
en la noche del exilio

me acunaras
para poder morir
antes de morir

eso dije

después pregunté
¿qué exilio? ¿de qué noche?
¿cómo podria acunar la muerte?

después
tu cuerpo fue el exilio
y la noche
y la canción de cuna

imposible morir
en tanta oscuridad con lámparas.

(a Virginia woolf)

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