EL RETORNO DEL EMIGRANTE

Poeta sugerido: Luis Bagué Quílez

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Dejé por fin los montes y mi querida aldea
en una noche triste de aquel invierno gris,
con sólo una mochila y el corazón en ristre
vagué por las esquinas yo solo en la pelea
para salir airoso sin una cicatriz.

Volando silencioso por entre grandes mares,
mi parche de pirata, mi espada y mi sombrero,
sin mor al desconsuelo ni tiempo de estar triste,
mandando en mi bajel, del mismo prisionero,
burlando huí furioso de pinos y encinares.

Bajo mil avatares con mis amadas lunas,
sin herida ninguna bregando en buena lid,
mil penurias sufriendo, mil batallas enristre,
pasé de incomprendido para ser adalid
de causas ya perdidas luchando entre las dunas.

Y así que un día huí obviando la tarea,
jamás logré olvidar lo mucho que dejé,
-si hay quien piensa que miento, a mi que me registre-,
que aunque agua derramé yo nunca la olvidé,
los sueños que dejé vuelven con la marea.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Luis Bagué Quílez

Luis Bagué Quílez

En la ciudad blanca

La ciudad de los grandes miradores,
donde la luz enferma
de fuego los paisajes, los tejados
ardientes de la alfama,
los tranvías amarillos que siempre desembocan
en el mar
o en a espuma deprimida de los sueños.
La ciudad blanca
se van volviendo gris
con el compás monótono
de los días de invierno
y las luces eléctricas que incendian
las ramas decoradas
del árbol de neón que nos vigila.
La ciudad es la llave
que abre el cofre secreto de otro siglo
donde las calles guardan nuestro nombre
y el rumor del océano
convoca la nostalgia de lejanos imperios.
La ciudad -los lluviosos rincones
que esconde el Bairro Alto
bajo el paraguas de la aurora-
extiende su tibieza
al bullicio de tontas avenidas
con aroma de especias y jardines
y la sombra de antiguos terremotos.
La ciudad que se aleja
ya no nos reconoce.
Su voz serán restos de aquel fado
entre cuyos acordes se ocultaba
un amargo sabor a despedida
y la vana promesa del regreso.

Biblioteca personal

A Joaquín Juan Penalva

Solapas clausuradas por derribo,
libros en doble fila
que persiguen un territorio propio
donde exhibir su nombre
–acaso su verdad–,
volúmenes recién encuadernados,
heridos por un óxido invisible
que erosiona la nieve de sus páginas
con un rencor antiguo
tras el fuego tenaz de la derrota,
inevitables clásicos modernos,
aventuras de Verne y Salgari
que surcaron la fiebre y la vigilia,
catálogos que duermen
en las manos abiertas del desprecio,
traducciones baratas,
fragmentos en versión original.
Nos observan en un raro silencio
desde la esclavitud de su dominio:
son la isla remota
donde mueren los sueños
que arrastra la marea después de los naufragios,
la deriva final donde despierta
quien ha leído ya todos los libros.
In Un jardín olvidado. Madrid: Hiperión, 2007.

Variación sobre un tema de Poe

Hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar…
RADIO FUTURA

Cuando ya no hay castillos
ni nombres en la arena,
cuando el agua ha borrado las palabras
y las gaviotas vagan por un cielo
vacío de milagros,
como una cinta gris y transparente,
vuelves a mencionar la misma sombra.
Quizá en ese momento
recitarás de nuevo las palabras de Poe
sobre alguna muchacha
perdida entre las ruinas de la literatura.
Aunque puede que finjas
que olvidaste la historia y su canción,
que no sabes de lápidas románticas,
del aroma febril de las magnolias,
de unos labios tan fríos
como el mármol de aquellos veladores
donde dejas la copa
en que apuras la vida en lentos sorbos.
Luego descubrirás
que no hay ningún misterio en el dolor,
ni es más bello el poema
que la playa en septiembre,
sin testigos que sepan que ahora mismo,
bajo la débil luz
que filtran tantas nubes,
has vencido a los mitos de la infancia.
Annabel Lee no existe.
Un cuervo está graznando Nevermore.
In Un jardín olvidado. Madrid: Hiperión, 2007.

La vida te hará trizas

When routine bites hard
And ambitions are low
Joy Division

La vida te hará trizas,
pasará sobre ti como un tornado,
te marcará la frente con la espuela
de plata de los años,
y con la soga al cuello
acabarás bailando,
ante cualquier espejo,
la danza ritual de los ahorcados,
porque el futuro suele
tener cambiado
el paso.

Hazme caso, resuelve tus asuntos.
Hazme caso, muchacho.
La vida te hará trizas,
como lo hizo con tantos.
Y a los viejos errores
acabarás llamándolos
pasado.
In Página en construcción, Madrid, Visor, 2011.

El síndrome de Casandra

Puedes llamarme
La Hechicera, Casandra, Zona 0.
Elijo los presagios.
Tacho
la opción menos propicia.
El hilo de la historia
o el tapiz de la fábula. Espejo
o espejismo. Memoria o argumento.

Me devano los versos, el destino,
velo para que todo
lo que tiene comienzo tenga fin,
una finalidad o un desenlace,
punto y aparte, puntos suspensivos…
Pero no hay nada nuevo bajo el cielo.
No existe la visión.
Existe lo que ves, lo que contemplo.

Sé quién soy
porque nunca
regresaré al hogar de las ficciones.
No cabe duda: corren
malos tiempos para la épica.
In Página en construcción, Madrid, Visor, 2011

 – – –

1

Vienen de cualquier mar.
Descienden
de los barcos.

Fenicios numantinos,
traficantes de esclavos y ladrones de cobre,
criados por una loba
al pie del Capitolio,
cainitas y gregarios, pero fuenteovejunos.

Libertad, amnistía.
El pueblo unido. Etcétera.

Desembarqué en Emporion. Fundé Cartago Nova.
Respiré el olor cítrico
de todo lo que crece a la intemperie,
de todo lo que muerde a la intemperie:
la carroña y el musgo.

Caminé sobre el agua.

Teñí de rojo
el cielo.

2

El mar como una puerta giratoria.

El cerrojo del mar. El mar donde naufragan
los romances moriscos y los campos de almendros,
la lámpara de aceite con siete extremidades.

El mar abierto al sol del Nuevo Mundo.
El mar por el que entran Calibán y Atala,
la patata, el cacao, la viruela,
los cigarrillos rubios, el cultivo transgénico,
la limpieza de sangre y la libra de carne.

Sale bisutería y entra oro.

Derogado el principio de Arquímedes.
Bienvenido el teorema de Pitágoras.

Entran los que salieron, los que no llegarán
a buen puerto, los de las mil
y una
noches a la deriva.

Ellos heredarán las branquias de la tierra.
Ellos descubrirán el mar Mediterráneo.
Clima Mediterraneo

Desembarqué en las Indias. Fundé Guanahaní.
Puse nombre a las cosas
porque no tenían nombre.
Los enseñé a rezar porque no tenían fe.
Les entregué mis sueños porque no tenían nada.

Perdí el norte magnético.
Gané la eternidad.

3

En la playa de Niza, herido ya de muerte, escucha el
movimiento que hace el alma —ondulación serena, curva
serpentinata, escorzo trágico— cuando quiere separarse del
cuerpo. En la lucha escogió armas de doble filo: el hierro
de Toledo y el soneto de Italia. Versos de importación. El
mar Mediterráneo es el mar rojo.

El mar avanza un siglo de oro viejo. Lope de Vega y
Carpio ve la luz en los ojos de Marta de Nevares, bebe el
viento en los ojos de Marta de Nevares, acaricia la piel de
la serpiente en los ojos de Marta de Nevares. La cicatriz
del sol en carne viva.

Detrás de la peluca se esconde la Edad Media. Encerrado en
la cárcel de las tres unidades, aún sueña con volar a lomos
de una escoba, con arder hasta el tuétano, con el umbral
donde lo espera Goya. El mar Mediterráneo es el mar negro.

Desembarqué en Mallorca. Fundé
la soledad.

Cruzan el mediodía
como un sudario blanco.

No vienen a por mí.

4

El mar sigue su curso,
su dis-

curso.

Sé flotar en el agua. Estoy hecho de corcho.
Corteza de alcornoque. Quercus suber.
Solo crecen en el Mediterráneo.
Viven más
que el brazo que descarga el primer golpe.

Mis bisabuelos entran en la estrofa.

De la extracción manual al producto acabado.
La cadena como perpperpetuum mobile.

Nadie pensaba entonces en paneles aislantes.
Nadie pensaba entonces en las tablas de surf.

Solo tapones.
Un millón de tapones cada día:

en botellas de vino y en botellas de cava,
en el blanco espumoso y en el champán francés,
en corcho natural y aglomerado,

lo que sobra tras triturar, prensar, pulverizar.

Los Estados Unidos, Argentina y Australia
son las nuevas franquicias.
El mar se hace pequeño.

Nadie pensaba entonces en la tuberculosis.

Nadie pensaba entonces en tapones sintéticos.

Desembarqué en Escocia.
Fundé el vapor y el barco de vapor.

Medí la longitud de todos los océanos.

En pulgadas el mar,
en millas la tormenta,
las potencias del alma en megavatios.

Un hijo de mi tiempo:
la pieza en el troquel y el defecto de fábrica.

5

Es el mar contra el mar:
un maricidio.
Una sublevación de costa a costa.
Se levantó el Levante. Se amotinó el timón.

La historia, un pentimento.
El caballo deforme
galopa con seis patas.

Recuerda el cielo raso, un toldo y poco más.
La memoria se seca
como ropa tendida, se destiñe
como algo que lavamos muchas veces.

Lo mandaron al Ebro.
Sobrevivió en Belchite.
En Játiva los miembros colgaban de los árboles.
Los pusieron en fila.
Echó a correr y ya no se detuvo.
Seguía corriendo aún muchos años después.

De esa arena nacieron estas playas.

Desembarqué dos veces. Refundé lo que nunca
debió ser revocado: el imperio del sol
donde siempre amanece,
donde está amaneciendo,
donde ya viene el alba, donde acecha la aurora.

¿Es que acaso no veis que empieza a clarear
allá a lo lejos,
no veis lo que promete el nuevo día?

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