EN BUSCA DE UNA LUZ

»Mi Poeta aquí sugerido: Julen Carreño

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He salido esta noche al firmamento
en busca de una luz que me alumbrara,
el cielo estaba oscuro y un lamento
me vino a regañar por un momento
pidiendo por favor que le olvidara.

No busques más me dijo, que esa luz,
aquella que tú buscas ya no existe,
el día en que Jesús murio en la cruz
se fue difuminándose al trasluz
y hoy sigue aquí fardando y va al despiste.

De entonces a esta parte los humanos
haciendo van de tripas corazón,
incluso los que dicen ser paganos,
quisieran abarcarle con sus manos
buscándole a la vida una razón.

Que allí donde no hay agua, no habrá peces
no lances más la caña, es un fracaso,
verás que no aparece ni aunque reces,
la luz solo verás cuando feneces,
si alguno aquí la ha visto no hagas caso.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Julen Carreño

Julen Carreño

A Castilla

La vi nacer
entre fresnos y nogales
y dormitar un halo de tenues graznidos
en una sábana de inquietos girasoles.
La vi crecer
encharcada de salinas vírgenes
y vi colgar sus impronunciables pueblos
de los acantilados pedregosos.
A lomos de una cálida meseta argentada
vi arder su verdor esquilado
en una quietud extensa y silenciosa
y vi al viento castigar, enfurecido,
la elegante delgadez de los cipreses
en un sinuoso baile de siluetas
que agitaba la falsa paz del camposanto.
Y escuché llorar al Duero un réquiem ahogado
moviendo cascabeles entre guijarros marchitos
escarchando de poemas la ribera,
sonrojando de misterios mil escuálidas callejas.

Ancha es Castilla, como mis pasos
y, como mi memoria, seca…
y el rocío de sus campos amarillos
son mis ojos que los miran, compungidos.
Castillo de Sigüenza, a 20 de agosto de 2005

Seré

Seré salvaje como las margaritas o
amante del apego irracional a los lugares.
Seré una tibia voz lapidada
en un enjambre de venas secas, o
un torrente de lágrimas disueltas
en las caricias del sol, a ti debidas.
Seré un universo abierto,
el octavo color del arco iris;
seré estigma de la ira del invierno,
en copos de agua helada transformada.
Seré fugaz como lo placentero o
eterno como el denso azul del cielo

lo que tú quieras seré, mientras me quieras
y si no logro conquistarte con mi arte
moriré en la aventura esquizofrénica de amarte.
Madrid, a 21 de agosto de 2005

Introducción, de Vigilias

Premio Marc Granell, 2020.

En la hoja de la morera
que alimenta al gusano
yace oculta
la arquitectura del vuelo.

De De luz y sombras

Premio Avant Ciudad de Ceuta, 2019.

Lo más fascinante de la luz 
es que trabaja a oscuras
como ese don preclaro de evocar los sueños 
que asalta siempre a los arrepentidos.

La luz, que es muro, es aceite, es aliento 
y es caricia que se biloca en sombras, 
osada, ronca, temeraria, ciega,
y es una herida abierta en la materia 
que en silencio se apura y se camufla.

La luz es misionera de los ojos 
que se asoman al dorso de la vida
y es linde porque es ella y su contrario, 
un mapa de montaña entre las sábanas. 
La luz desgaja el aire en infinitos,
es órgano que pare y que condena,
es juez del mundo, espejo de la muerte 
que viaja a oscuras presa de sí misma. 

La luz es un tormento de vigilias,
epidermis de un Dios que se desarma 
memorizando huellas y emboscadas.

Aguardas con paciencia de redera 
a que el amanecer traiga respuestas: 
un color nuevo, un grajo que levita, un 
amor tal vez en forma de elegía.
Pero es compacta la noche 
y joven… Las estatuas 
y su cemento imantado de ausencias 
son un velo fraguado en fuegos ralos
que traza inercias contra la demencia.

Aguardas la luz como aguarda un padre 
la buena nueva en la unidad de partos 
mientras la noche teje un mundo líquido 
que se derrama en llantos y abordajes.

Ahora sabes que en el ángulo mudo 
de la espera yace, velando armas
un muerto que respira todavía.

Canto IX, de Los prohombres relativos

Premio Ángel Urrutia, 2008.

Sólo un agujero dentro de uno más grande
y la panza del espacio sin estrellas
B. Collins

El semáforo canta para un ciego 
en ámbar 
y en el parque niños viejos 
caminan a tres patas, 
tarde 
bajo el cielo equivocado
(dos púberes fuman a escondidas)

En un banco 
las manos de un poeta 
clandestino encumbran 
el Parnaso azul de un pecho 
y en las lentes del metro 
asoma el retrato de un yorkshire
-al pie, en negrita, un llano 
“PERRO EXTRAVIADO”-

Y en el caos de un reparto 
incalculable ni rastro 
de una esposa que desteja sus telares.
Sólo tú
y el resto de figurantes.

XLVI, de La inquietud de las estatuas

Premio de poesía joven “Antonio Carvajal”, 2007.

LA PEQUEÑA MUERTE lo llamaban
los románticos ágrafas normandos
en un obtuso ejercicio literario
                                                  y la expresión

ha llegado a nuestros días…

Me pregunto
cuántos francoparlantes
habrán resucitado desde entonces.

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