EN BUSCA DEL DESTINO/

Carlos Latorre (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Marchando a la rebusca del destino
de noche, cuando el cielo andaba oscuro,
topando fui en la frente contra un muro.
Dudé si era el camino equivocado
o el mismo y tantas veces deseado.
Ocurre cuando ya harto estás de vino.

Que piensas que tú ves pero no ves
y entiendes que allí está o que te espera,
presientes te han robado la cartera,
que el mundo se te ha vuelto del revés
y en esto que te vas das un traspiés
en esa inexistente carretera.

Pues tú, ya no eres tú, quien te acompaña
ni sabes ni le has visto ni conoces,
y nunca te ha agraciado con sus roces,
te sientes atrapado cual araña
en medio de una tela que te engaña
pues que es el subconsciente con sus voces.

Y sigues divagando a la deriva
cual fueras con la espada d’Artagnan
y en esto que te muestras cual gañán,
la suerte de encontrar se muestra esquiva
la boca se ha quedado sin saliva
y acabas dormitando en un diván.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Carlos Latorre

Carlos Latorre

El amor y todo

Bella como las mujeres que aparecen en los sueños de los buscadores de oro,
honda como la música de la obsesión surgiendo de los bares portuarios entre copa de delirio
y humo de restos de perdición,
así es tu vida cazadora de instintos extremos indispensables para hilvanar hilos de vida,
hilos de amor,
hilos de pensamientos sospechosamente atractivos.
Tu boca devuelve palabra por palabra,
beso por beso,
ambos tendientes a demostrar la existencia de los cuatro elementos
y los cinco sentidos
y son tus manos las que echan leña a la hoguera
o destruyen
sin compasión
los botes del naufragio, no siempre imprevisto.
Pero aún así,
por tu solo consentimiento puedo llegar a sacrificar la ciega bestia de mi libertad
o falsear toda verdad
o todavía matar el tiempo que ya no me puede matar.
En Los cuadernos del azar (1975)

Tren de vida

Todo lo que ya agotó mi pasión,
ahora lo explora mi inteligencia.
¿El resultado?
Hasta aquí una artera respuesta tan distante de la
magnitud de lo gustado
como puede estarlo la razón de la esencia de lo secreto
y sus dientes ferozmente apretados.
Una montaña no es su ladera visible,
la que si bien es cierto,
denuncia su forma,
no da cuenta del material soterrado
o corazón,
corazón de hombre,
antológicamente considerado.
Lo mismo sucede con el río que,
agua por fin,
es también vena de sangre a su modo;
o con un océano de lágrimas
o con una cuchilla de carnicero
o de tierra,
de tan erizada, erguida punta de hierro.
Inútil poner a cualquiera de espaldas
o volverles la cara;
lo que guarda la entraña, nada ni nadie lo separa,
y lo que la entraña rechaza es lo que deriva entre la mera idea
y la sola palabra.
Debe ser como decía:
consigna o fatalidad,
todo lo que ya agotó mi pasión
—viva todavía—,
ahora lo explora mi inteligencia
¿Morir?
Morir es vivir otra experiencia.
En Campo de operaciones (1973)

LA OTRA ERA

El sueño alcanza ya la velocidad de la realidad
Y a su relâmpago se entrevee por fin el término
de la contradicción.
El porvenir es ahora uma actitud
En adelante la arqueología registrará sus rostros
solamente en el corazón
La piedra y la lava apenas um manto piadoso sobre una
fugaz estadía em el espacio-tiempo
El presente-naufragio será justicia

(Los alcances de la realidad)

ARTE POÉTICA

La palabra busca cielo como pájaro que cruza el
atardecer sin dejar canto ni estela,
frágil golondrina fugaz en busca del eerno verano,
que en ocasiones muere sepultada en nieve de invierno
de otro hemisferio.
La palabra se proyecta como alameda que Lanza
remota flecha de horizonte,
desdidachamente desmoronada a tiro de piedra.
En ocasiones cae en surco de vida fértil,
a veces hace pie en tierra árida,
u hondonada envuelta em bandera de niebla de
pantano pestífero.
Mas lo que se pudre no es su intención reveladora
sino su envoltura de mariposa fatalmente letal a
fuerza de libar venenoso concepto,
explorar hermético laberinto ontológico
o habitar falso reino ideatario.
La palabra describe paisaje semântico,
poças veces playa marítima,
vida viva,
follaje azul,
fuente de agua pura
ni otra belleza creada en sol de amanecer,
noche
o tarde de lluvia.
Cuando la palabra habla de amor suele amar sólo
su eco estético,
su canto de Onán obseso o propio ritimo;
más
mucho más que imagen corpórea
o analogia,
más que piel de mujer ya sea adolescente
inocente
o triste ramera.
Sin embargo la palabra es verbo, acción,
para-vida,
meta-lenguaje,
propia meta que algún día terminará por alcanzar
sabia
y desnuda,
de toda estúpida convención
o servilismo.
(Las ideas fijas)

CIENCIA CIERTA

Un poema no se hace,
comparece;
va emergiendo como un islote que el mar pone lentamente en descubierto.
Un poema no dice nada de lo dicho ya,
grita, más bien,
como un apuñalado a quien el arma le revuelve las entrañas ferozmente.
Un poema no canta
ni encanta demasiado,
nos toma de la garganta como Jack,el Destripador en el estertor del consumado crimen de su negra imaginación.
Un poema no explica
ni justifica,
nos somete como una borrachera desatada a medianoche en el estanco
de un burdel.
Un poema no hace luz
ni oscuridad,
sin embargo enceguece como el sol cuando se lo mira cara a cara.
Un poema es gratuito como un accidente
y comprometedor como un crimen sin coartada.

ENTRE TODOS LOS MUEBLES…

Entre todos los muebles que adornan los mundos interiores
prefiero los carnívoros
Los armarios para las noches de tormenta
Mi lecho de reguero de pólvora
Su lecho para la materia que constantemente se transforma
El amor siempre toma la forma de los cuerpos que lo contienen
La casa se adapta a los hijos que engendra
Por eso entre dos mujeres elijo siempre a la del golpe de gracia
La que ama de arriba abajo
Entre ella y yo ponemos en marcha el largo tren del peligro
(De Otro río que pasa. Un siglo de poesía argentina contemporánea,
editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010)

AMOR EN PESO NETO

Antes te buscaba reventando caballos
Subiendo las escaleras de dos en dos
Ahora vienen a mí con el rumor que hacen los novios en ciertos aniversarios
Para caer en la trampa por la que asoma una mujer sí y otra no
Las impares siempre más jóvenes
Ahora te amo a mayor densidad por kilómetro cuadrado
Es el amor a precio de costo
La luz se hace con el frotamiento de los cuerpos
Y si te toco provocamos las situaciones extremas
Pero no importa
Ven nos llenaremos los bolsillos de males menores
Y de algunas maneras que hemos heredado
(de El lugar común, Buenos Aires, Letra y línea, 1954)

LA CRÓNICA DEL SUCESO

Artimaña del conocimiento,
sombra del raciocinio que diluye el rojo siempre peligroso de
la sangre,
canjeando blanco
por negro,
enturbiando los colores primarios
y el nítido contorno tanto del objeto
como de la persona
y la positiva relación entreambas.
Hay algo más entrañable,
todavía más ineluctable, si se quiere,
y es la pregunta y la respuesta,
el Yo y su fluir
y todo aquello que por estar fuera de él
pareciera a simple vista ajeno a él,
ya sea materia
o abstracto pensamiento;
vano intento de hacer luz sobre la zona
o vertiente del misterio.
Pensar es un hueso más en el esqueleto original,
un hueso duro de roer,
pero sólo un órgano más cumpliendo su función;
de ninguna manera el sistema o aparato
o clave que revela y pone en movimiento
el cálculo y el azar,
lo deducido o fabulado mediante la práctica del silogismo
y su teorema provisional.
Todo sucede,
nada se explica.
(De Campo de operaciones, Buenos Aires, Rodolfo Alonso, 1973.)

LA ASCENSION DE LA CARNE

La densa,
la triste,
a si se quiere bella carne
es de la que se abre paso,
indefinidamente,
otra
y otra distinta carne del mismo esplendor
corrupto
y tierno,
jamás un tiempo,
-mito supuestamente eterno-,
un espacio-tiempo sin la voluntad que ella
misma debe generar como existencia
o gratuidad.
La carne que por ser carne
y no cosa anónima,
(no sé cuál ni importa demasiado imaginarlo),
me somete a su extrañeza
o casi siempre azar.
Carne
o mala suerte,
no sea dicho como oprobio
o fatalidad,
que como tal me humillaría con tan solo
mencionarlo
en tanto algo
o alguien,
aún imprescriptible en su origen
y su desenlace consecuente,
logre demostrar hasta dónde es posible ofrecer
el pecho,
en blanco,
el amor,
la insurrección,
y hasta dónde
esa misma carne y su condición hermética
consumarán la tentación
y su naturaleza insobornable,
unión siempre emocionante como el estremecimiento
de insana que propaga otro cuerpo
codiciado,
otro día,
precario asilo cielo
o pensamiento;
otra trampa sexual
digamos de tan temible apego
y pasión en todo su esplendor.
La carne,
la carne que asila un no sé qué
o ánima
o soplo divino,
así llamado.
Eso que siendo carne de hecho
busca encarnarse tristemente
y ser su propia vergüenza,
su juez
su eunuco,
su Isla de los Treinta Sepulcros.
Quizá ella fuera fauna
y flora
y forma para siempre;
fuera floresta
o flor,
simplemente;
fuera perla que no roe el diente abstracto con
su ignominia
si algo
o alguno que fuera yo
o su equivalente,
dijera:
¡a los perros su materia ideal,
ésta es mi carne y su orgullo!

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