ESPERAR

»El Poeta sugerido: Mara Pastor

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La vida para mi es un esperar
que asome a florecer la primavera,
de vuelta a cosechar la sementera
y de nuevo el invierno y a sembrar
y repetir la espera.

Y en este impasse paso la vida entera,
entre risas, suspiros y sollozos
ratos hay de tristeza, otros gozosos,
avivando con gusto una quimera,
y esquivando los posos.

Esperando en el tiempo y la distancia
sin conocer aún cómo ni cuando
y entre tanto seguir, seguir arando,
sintiendo tu sonrisa y tu fragancia
los miedos espantando,

Y así pasar el tiempo laborando,
y aquello que he sembrado recogiendo,
y en este divagar seguir viviendo,
los minutos que quedan venerando
y siempre así sonriendo.

Pues yendo por la vida voy soñando
y en los malos momentos resistiendo
y entretanto vagar reflexionando,
incansable hasta el final yo ando y ando
para morir muriendo.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Mara Pastor

Mara Pastor

Moho

Los carros de mi casa
tenían los retrovisores pegados con silicona
porque no había dinero para repararlos.
Los espejos fragmentados
como en un rompecabezas mal hecho.
Cuando mirabas por ellos
veías a conductores ebrios, mujeres golpeadas,
adolescentes maquillándose,
niños olvidados en los asientos traseros,
parejas camino a los moteles o a la iglesia,
asesinos vestidos de empresarios,
veías monjas serias que miraban hacia el frente,
al vecino evangélico gritándole a la esposa,
yerberos capsuleando, novios recién casados,
ambulancias,
músicos camino a los conciertos en el anfiteatro,
transacciones de droga, de armas, de huesos,
veías plátanos verdes traídos de Dominicana
y piñas gigantes más dulces que la miel,
veías volkys de colores,
y los contabas y poco a poco desaparecieron,
veías cañas de pescar, tablas de surfear,
las varetas de madera con las que enmarcaba el padre
y que los amiguitos de la escuela
llamaban escopetas,
veías a los policías
que querían multarnos por ir rápido, por ir lento,
por ir con los retrovisores rotos pegados con silicona,
veías la heroinómana en el semáforo
que se quedaba pidiendo monedas
cuando los carros mohosos aceleraban
para llegar a la casa,
a la escuela, a la universidad, al trabajo.
Movilidad enmohecida por el salitre
mar por todas partes, reflejo de fractal en aguacero,
posibilidad de Yunque, ave costeña, yagrumo,
flamboyán,hemorragia del camino.
Se hicieron pequeñas revoluciones
amorosas y escolares,
pronuncié correctamente la palabra periódico,
conduje rápido por las autopistas y la ruta panorámica,
me escapé al grito de Lares y a veces vi fantasmas,
los ferrocarriles dándole la vuelta a la isla
los rostros de la gente
asomados por las ventanas de los vagones
sin que nadie se quejara de no tener aire acondicionado,
a mis tíos sin cinturón yendo por la número uno
antes del accidente que hizo llorar tanto a mi madre
y a mi abuelo subiendo la ventana automática
como si fuera un gran adelanto para la familia.
El pasado de esta isla sólo puede verse
en un retrovisor roto con espejos mal pegados:
recuerdos enmohecidos
que están más cerca de lo que parece.

Pájaro que cae

Han pasado cosas rotas
como si la suerte fuese un error
que nos cae en la cabeza.
No hablo de accidentes.
Hablo de que ayer era otra
que decoraba una casa en un sótano
con imágenes de época
(la decoraba con mi
fijación a las revistas).
Tengo una abuela que muere
y tampoco me refiero a eso,
pero entro en la ducha
y me imagino el poema fúnebre
escrito desde siempre.
Sé que la belleza muere
y mientras muere se deshace
como el error de un pájaro que cae.

Flora numérica

Ciento setenta y tres de cada mil mujeres
se llamaban Rosa en Alabama

en el mil novecientos cincuenta y cinco.

Una de ellas se sentó en un autobús
que nos llevó a todas a un futuro de posiciones

y museos pero con una idea de justicia
que rondaba las costuras de la automovilística.

(Hubo Rosas que no contaron en el censo
porque recién habían cruzado la frontera
o habían germinado).

Una niña que nació por cesárea y no lactó
fue la última en llamarse Rosa
en el mil novecientos ochenta y nueve.

Ese mismo año dejaron de nacer Rosanas.

En la década del ochenta se extinguieron las Rosario.

En el mil novecientos noventa
ninguna niña se llamó Rosemary.

En el dos mil cinco, una de cada mil mujeres
en todos los Estados Unidos se llamó Rosa.

Hay residuos del Big Bang en las rosas,
residuos de radiación, hay menos abejas
en el planeta polinizándolas, hay menos Rosas.

Saga

Mientras calo
grafías
como una pitonisa,
el oído trémulo retumba,
voz que deslumbra
con sabores arábigos

Amargo
acentos,
y un letargo de almohadón
me incita a levantar bermejo
el cálamo

Óbice a luz y no

Paso a la hoja blanca
Ausentes balsámicos,
escucho rumores de medina,
como si cenaras en el Cairo

Escarlata,
el pincel retomo

Escombros vitales

Cae cabeza
pesa principio
Parte extrema cuelga
sin ninguna cabecera

Hundo los hombros
en homogénea espera
Del homicida brota
la muerte pasajera

Un brazo está caído
El otro balbucea
Se fracturan los huesos
que fomentan la letra

Me llora el escote:
sediento transparenta

En la cintura,
sobran razones
Se hielan sonidos,
faltan las sazones

Resbala la cosquilla
que no agrada
Hay censura
en la entrepierna

Avariada, siento
el peso de cien desatinos
en las rodillas,

que se chocan, flaquean
Frágiles, bajan
la escalera que no sube

Y sobre mis pies reposan
escombros silenciosos

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Tu amor llegó callado, lentamenteigual que a la mañana iba el estío,afloran nuestros sueños a…

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