ESTA VIDA ES UN CALVARIO

»El Poeta sugerido: Rodulfo Figueroa

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Que un calvario es la vida para mí,
otro día a sufrir el calendario
y otro más, desnutrido, sin vestuario,
deplorando tan triste sigo aquí.

Que este trance parece un dispensario,
yo un mendigo que va pidiendo ayuda
maloliente, sin cambio de una muda
sin siquiera tener ni un ideario.

A cada hora que pasa en esta cuenta
se descuenta del triste itinerario
¡qué mordida más triste y tan cruenta!

Ser novillo a matar en esta tienta
preparado ya está con su sudario
sólo pide una muerte no violenta.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Rodulfo Figueroa

Rodulfo Figueroa

POBRE PATRIA.

I
¡Pobre patria! Ya es tiempo que vigiles
De tu historia esta página imborrable,
Pues por un mecanismo inexplicable
Se acabaron tus hombres tan viriles.

Hoy plagada te encuentras de serviles
Que en lenguaje, para ellos envidiable,
Aplauden con furor de un miserable
Crueles infamias y rapiñas viles.
Si el porvenir de Chiapas decantado
Cifrado se halla en la infamante idea.
De que mande el procaz al hombre honrado.
Aunque sin pan y sin hogar me vea,
Toda mi vida clamaré indignado:
Si el progreso es así: ¡maldito sea!

II
Yo no sé si en ridícula o sublime
Esta negra irrisión se haya trocado,
Pues años ha que nuestro pobre Estado
En el atraso y la ignorancia gime.
Pero en cambio el impuesto nos exprime
Todo el producto del trabajo honrado;
Ni el anciano, ni el niño, ni el lisiado,
Nadie de ver por la instrucción se exime.
Y los mismos esclavos miserables
Que su eterno ideal lo tienen puesto
En desquitar sus deudas insaldables,

Os contarán con espantoso gesto
Preñado de amenazas formidables
¡que trabajando están para el impuesto!
*Cronista Tonála, Chiapas.

El Colibri

Yo soy el colibrí que al sol extiendo
mis alas de esmeralda y de topacio,
yo estoy en este instante construyendo
en el limbo de una hoja mi palacio.

Yo nací acariciado por las brumas
de un cocotero en el penacho de oro,
yo soy el ave que en mis tenues plumas
los cambiantes del iris atesoro.

Yo jamás con mis cantos importuno
del bosque umbroso la vibrante orquesta,
yo soy tan inocente que ninguno
me causa daños cuando estoy de fiesta.

Porque me encuentro de ilusiones rico.
Me miran todos revolar travieso;
yo vivo de esperanzas, y en el pico
la miel conservo que libero de un beso.

Soy amigo de todas las violetas
que a la sombra se ocultan pudorosas,
yo soy la inspiración de los poetas
y el amor imposible de las rosas.

En los instantes en que siento frío
me voy al nido que dejó desierto,
y cuando tengo sed, bebo el rocío
del cáliz perfumado y entreabierto.

Hoy que me está aguardando mi adorada
en un reclamo, manantial de arrullos,
no volverá a encontrarme la alborada
soñoliento y huraño en los capullos.

La Zandunga

Cuando en la calma de la noche quieta
triste y doliente la zandunga gime,
un suspiro en mi pecho se reprime
y siento de llorar ansia secreta.

¡Cómo en notas sentidas interpreta
esta angustia infinita que me oprime!
¡El que escribió esa música sublime
fue un gran compositor y un gran poeta!

Cuando se llegue el suspirado día
en que con dedo compasivo y yerto
cierre por fin mis ojos la agonía,

la zandunga tocad, si no despierto
al quejoso rumor de la armonía,
¡dejadme descansar que estaré muerto!…

Por el arte

¡Cuán hermosa es la muerta! Exuberante
su desnudez sobre la losa brilla;
yo la contemplo pálido y jadeante
y tiembla entre mis manos la cuchilla.

El profesor, que la ocasión bendice
de poder explicar algo muy bueno,
a mí se acerca y con placer me dice:
-Hágale usted la amputación del seno.

Yo que siempre guardé por la belleza
fanatismos de pobre enamorado,
-Perdonadme —le dije con tristeza—,
pero esa operación se me ha olvidado.

Se burlaron de mí los compañeros;
ganó una falla mi lección concisa,
vi en la faz del maestro surcos fieros
y en la faz de la muerta una sonrisa.

Clínica negra (I)

Sala de un hospital, amplia y sombría,
el doctor ordenaba con imperio,
y de una úlcera, al ver la rebeldía
al practicante le pidió el cauterio.

Enrojecido lo acercó al paciente
sin preocuparse de su suerte aciaga;
el miserable se agitó imponente,
lanzó un rugido, y se extirpó la llaga.

Clínica negra (II)

Los que cumplís la terrenal condena
de ser mirados con escarnio y mofa,
si halláis a vuestro paso la gangrena
sangrienta y ruda, formulad la estrofa.

Como el doctor, sin escuchar el grito
de rebelión y de dolor que estalla,
quemad con vuestros cantos al maldito
aunque ruja y blasfeme la canalla.

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