FINAL DEL TRAYECTO

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Y así encogido de hombros estoy en el paraje
repasando el camino, harto ya de caminar,
el andén solitario, yo ausente de equipaje,
¡para qué las alforjas para tan corto viaje!
el es hombre de paso, como vino se va.

No conozco este pueblo ni recuerdo el paisaje,
sus casas con adobes, sus paredes de cal,
aquí ajadas por el suelo unas flores se esparcen
como almas que van en pena en torno a mi ellas yacen,
sumisas y marchitas suplicando piedad.

Reconozco el chirrido de una verja oxidada
ante la cual me postro derrengado y sediento
arrastrando fantasmas levanto la mirada
solitario el camino recorro polvoriento
la lluvia está cayendo, la atardecer helada.

Junto a la iglesia un muro va implorando silencio
y a la vuelta en la esquina vetusto un palomar,
renqueante se arrastra, trashumante el viajero,
atento está a lo que ocurre el fiel sepulturero,
por fin ya le llegó la hora de ir a descansar.
©donaciano bueno

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