HAY PLACERES QUE SON GRATIS

Poeta sugerido: Virgilio López Lemus

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Quien no ha vivido aquí, lo desconoce
e ignora que hay placeres en la vida
que son gratis y dan la bienvenida
a libar de la esencia de ese goce
del sol acariciando en su salida.

Quien no ha vivido nunca junto a la mar,
no ha posado sus pies sobre la arena,
no sabe que es gozar de quietud plena
de esa brisa que le inunda al caminar
y al alma le sumerge en paz serena.

Aquel que de sentidos escasea
defectuosa tiene la pituitaria,
mirando fijo va a la catenaria,
que más allá de un metro nunca mea
preso, quizás de la cuenta bancaria.

Ese, amigo, es un pobre desgraciado
que ignora qué es el arte de gozar
la belleza que yo hallo al caminar
lanzando la mirada a cualquier lado
a un río, al sol, al cielo, al monte, al mar.

Que hay un lugar que anida en el cerebro
donde reside el gusto, el paladar,
la música, el sensible dactilar,
la vista a la belleza hace un requiebro
y hasta habita el placer de disfrutar.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Virgilio López Lemus

Virgilio López Lemus

Ad infinitum

Una rosa es una mano es una rosa
es una linfa es una isla es una
luna es una nube que viene en la tormenta.

Una tormenta es el otoño es el verano
es la infancia es el desaste es el viento
que arrastra consigo las nubes y las islas.

Una isla es una rosa es una mano
es una patria es una manta voladora
es un cristal hecho del polvo de la arena.

Una rosa es una ciega y soterrada
fantasía hecha al borde histérico
de un sueño al mediodía.

Una mano es una rosa es un silencio
moviéndose en medio de tormentas,
es una rueca es la luna son las nubes
y las islas y el sueño y el cuerpo adolorido
del día, del día radiante, una rosa es una mano
es una nube, es una isla…

El ciervo

Hundirme en tu belleza
tan hondo, tan en ti
que yo perezca en tu caricia,
que ni el agua de mis ojos
o el silencio mismo
sean más que tu piel.

Soledad, milagro de tu frente,
en ti se advierte el ciervo
que dormita en el claro del bosque
y de pronto se pierde entre la yerba.

Qué más quisiera yo: ser ese ciervo,
entrar en tu piel como en un bosque
y escuchar el silencio del amor.

Juntar

Junto a Dios en mis manos, oro,
truena el viento, se filtra, anuncia
lluvia torrencial. Junto a Dios.
Reúno en la oración palabra y sueño.
Dejo tenue el vuelo del poema
entre algas reflotadas de un pantano.
Dios me perdona el ansia de imitarlo
y conversa, baja a la montaña,
me da sus Tablas con diamantes
colocados por voz en tablillas áuricas.

El verso palidece en la juntura
del vocablo y el silencio. La tarde
se deja acariciar casi una seda
crujiendo entre mis manos.
Y el poema se extiende hacia la luz
de la Isla, hacia la vida nuestra.

Ojitos de miope

Con esos mismos ojos miras a través
de la ventana, y ves el movimiento
efímero y eterno.
Con esos mismos ojos desnudaste
el cuerpo y sus prodigios,
el paisaje estelar.
Te sirvieron como peces,
te abrieron los caminos.
Mira como miran las distancias,
cómo observan el amor.
Desperaron tu sed,
demudaron tu silencio.
Son expresivos como cuencas de estrellas
y aunque los encierres con cristales
mirarán, mirarán,
mirarán
toda la vida.

Espacio

Escucha: qué silencio, qué silencio.
Me abraza el silencio como un padre
y como un padre de muerte me circunda.
Ni siquiera el sonido de las aguas.
Si cantara tres veces algún gallo.
Qué silencio, Dios mío, cuánta espuma
de tiempo se agolpa en la tristeza.
Ni siquiera el rumor de los espejos.
Un silencio absoluto de campana
sin vibración primera, sin el viento
que conversa entre hombres y árboles.
Qué soledad se junta en el silencio.
Escucha: qué silencio, qué silencio…

Cuerpo del día

Creo en la grata mansedumbre de una manzana.
Y si de creer se trata, yo creo
en el día de Dios repartido en el cosmos
como un abanico que se abre
y cuyos rayos son caminos, tumultuosos caminos
por los cuales se despeña el hombre.
Creo en la santísima voluntad de estar
vivo donde estoy, bajo el fatalismo
de haber nacido una vez y dirigirme
hacia la muerte, sitio irreal, inconcebible,
donde es imposible permanecer.
Creo en la soledad del dulce sueño erótico
en la casa rodeada por el sueño y la soledad
en cuyo interior converso con el aire.
Creo en la virgen del retrato, en la madona
rodeada por la fuente, en la estatua
que eres tú, cuerpo del día, en el que creo
con todas las fuerzas de mi vida.

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