HAY VECES QUE LA VIDA…/

M. de Zequeira y Arango (poeta sugerido)

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Hay veces que la vida te da palos
y piensas que de allí ya no hay salida,
y vuelves a empeñarte en la partida
sufriendo diferentes varapalos
pues sientes que tu vida ya no es vida.

Hay veces que el averno caprichoso
se enfrenta contra ti con fiera saña,
deduces que padeces de migraña
y el alma se te encoje y deja un poso
que siega el corazón con su guadaña.

Maldices la razón de haber venido
a un mundo en el que nadie te respeta,
te sientes como perro en la cuneta
un tanto abandonado, mal herido,
que sirve a los demás de cuchufleta.

Los hombres ya se sabe son crueles
que leña siempre harán de árbol caído,
si observan que al fracaso te has rendido
verán de colocarse tus laureles
dejándote tirado y desvalido.

La vida tiene un halo de maltrato
el éxito es llegar, lo conseguiste,
la vida rinde honor al que resiste
haciéndole un regate, un garabato
y al tiempo demostrar que te reíste.
©donaciano bueno

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M. de Zequeira y Arango

EL MOTIVO DE MIS VERSOS

Canta el forzado en su fatal tormento,
Y al son del remo el marinero canta,
Cantando, al sueño el pescador espanta,
Y el cautivo cantando está contento:

Al artesano en su entretenimiento
Le divierte la voz de su garganta;
Canta el herrero que el metal quebranta,
Y canta el desvalido macilento.

El más infortunado entre sus penas
Con la armónica voz mitiga el llanto,
Y el peso de sus bárbaras cadenas;

Pues si el dulce cantar consuela tanto
Al mísero mortal en sus faenas,
Yo por burlar mis desventuras canto.

A LA VIDA

Vida, que sin cesar huyes de suerte
Que no eres de ningún bien merecedora,
¿Por qué quieres llevarme encantadora
Con alegre esperanza hasta la muerte?

Si el tiempo que risueña te divierte
Es el mismo al fin que te devora
Por qué te he de apreciar si a cada hora
Se me acerca el momento de perderte.

Mas, ¿qué pierdo en perderte? La vil parte
De la miseria humana, el cuerpo indigno
Que debieras más bien de él alejarte,

Si a más vida, mas males imagino
Ya me puedes dejar, que yo en dejarte
Harto que agradecer tengo al destino.

EL DESTINO

Del grueso tronco del mejor madero,
Suele arbitrariamente el artesano,
Hacer que salga de su docta mano
El asiento que ocupa un zapatero:

Toma otras veces este mismo obrero
Una porción del leño más villano,
Y forma con instinto soberano
El busto de una diosa o de un guerrero.

El destino también inicuamente
Al artífice imita en sus deslices,
Haciendo venturoso al delincuente;

Y aquellos que debieran ser felices
Por sus nobles virtudes, inclemente
Los deja miserables e infelices.

CONTRA EL AMOR

Huye, Climene, deja los encantos
Del amor, que no son sino dolores;
Es una oculta sierpe entre las flores
Cuyos silbos parecen dulces cantos:

Es néctar que quema y da quebrantos,
Es Vesubio que esconde sus ardores,
Es delicia mezclada con rigores,
Es jardín que se riega con los llantos:

Es del entendimiento laberinto
De entrada fácil y salida estrecha,
Donde el más racional pierde su instinto:

Jamás mira su llama satisfecha,
Y en fingiendo que está su ardor extinto,
Es cuando más estrago hace su flecha.

EL VALOR

Brame si quiere encapotado el cielo:
Terror infunda el lóbrego nublado
Montes desquicie el Bóreas desatado,
Tiemble y caduque con espanto el suelo:

Con hórrido estallido el negro velo
Júpiter rompa de la nube airado:
Quede el Etna en las ondas sepultado:
Quede el mar convertido en Mongibelo:

La máquina del orbe desunida,
Cumpliendo el vaticinio, y las supremas
Leyes, caiga en cenizas reducida:

Por estas de pavor causas extremas,
Ni por las furias que el tirano
Como temas a Dios, a nada temas.

A LA INJUSTIC1A

Al tribunal de la injusticia un día,
El mérito llego desconsolado,
A la deidad rogándole postrado
Lo que por sus hazañas merecía:

Treinta años de servicios exponía,
Diez batallas, herido, acreditado,
Volvió el rostro la diosa al desdichado
Y dijo: no ha lugar, con voz impía.

Mostró luego el poder sus pretensiones,
Y la ingrata a obsequiarlo se decide,
Aunque oye impertinentes peticiones;

Y cuando injusta al mérito despide,
Al poder por razón de sus doblones,
La deidad decretó: como lo pide.

CONTRA LA GUERRA

De cóncavos metales disparada,
Sale la muerte envuelta en estampido
Y en torrentes de plomo repartido
Brota el Etna su llama aprisionada.

El espanto, el dolor, la ruina airada,
Al vencedor oprimen y al vencido,
Huye esquivo el reposo apetecido,
Sólo esgrime el valor sangrienta espada:

El hombre contra el hombre se enfurece,
Su propia destrucción forma su historia,
Y de sangre teñido comparece

En el sagrado templo de la gloria
Cese hombre tu furor, tu ambición cese,
Si el destruirte a ti mismo es tu victoria.

LA ILUSIÓN

Sic transit gloria huius mundi.

Soñé que la fortuna en lo eminente,
Del más brillante trono, me ofrecía
El imperio del orbe, y que ceñía
Con diadema inmortal mi augusta frente:

Soñé que hasta el ocaso desde oriente,
Mi formidable nombre discurría,
Y que del septentrión al mediodía,
Mi poder se adoraba humildemente;

De triunfantes despojos revestido,
Soñé que de mi carro rubicundo,
Tiraba César con Pompeyo uncido:

Despertóme el estruendo furibundo,
Solté la risa y dije en mi sentido,
Así pasan las glorias de este mundo.

LAS MUJERES AMAN A LOS HOMBRES

Solamente por interés

Verás amigo un burro alivolante,
A un buey tocar la flauta dulcemente,
Correr una tortuga velozmente
Y hacer de volatín un elefante:

En requesones vuelto el mar de Atlante,
Y de Guadiana el agua en aguardiente,
El Ebro, Duero y Tajo con corriente
De generoso vino de Alicante

Verás durante el sol lucir la luna,
Verás de noche el sol claro y entero,
Verás para su rueda la fortuna

estos portentos, sí, verás primero
Que puedas encontrar mujer alguna
Que quiera al hombre falto de dinero.

LA APARICIÓN DEL COMETA

No envidio la pluma de Cervantes,
Ni del Argivo la sonora trompa,
Ni el lauro de Colón por más que rompa
Nuevos caminos a los navegantes.

No codicio los pinceles de Timantes,
Aunque el tiempo sus tintes no corrompa,
Ni de Alejandro la triunfante pompa,
Ni el distinguido empleo de los almirantes.

No apetezco ver los muros de la China,
Ni conocer a Napoleón me inquieta
Por más que suene en la inmortal bocina.

Otra cosa anhela mi pasión discreta,
Y es que siempre me viera mi Corina
Con la atención que el vulgo ve al cometa.

A NARCISA EN SUS DÍAS

¡Qué estupendo banquete, qué función
Te preparo, oh Narcisa, que festín
Tendrás las ricas frutas de Turín,
Las tortas te vendrán desde Tolón.

El rey de Esparta tocará el violón,
El de Palmira trinará un violín
Y Alejandro vendrá con el flautín
Que tocaba el ilustre Agamenón.

Treinta mil reposteros te vendrán
De Pekín, de Moscú y de Jaén
Y un millón de princesas de Tetuán:

De Sajonia será dorado el tren;,
Y contigo los dioses beberán
Del licor que bebió Matusalén.

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