HOY HABLO YO

Mi Poeta sugerido: »José María Micó

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Hoy hablo yo. La autoridad. Conozco
la vida y los milagros de este hombre,
su fiel amigo soy, nadie se asombre
pues en él yo también me reconozco.

Que sé dónde le escuece cuando mea
y aunque intente fingir a mi no engaña
pues donde voy me sigue, me acompaña
y sé dónde le aprieta la correa.

Testigo de sus risas y sus llantos,
de sus gozos, sus dudas y peleas.
Conozco hasta su ombligo. Que me creas,
si he de jurar llamar haré a los santos.

Y digo bien, pues que él me representa,
allí donde se mete yo le sigo,
si intenta de mi huir yo le persigo,
seguro estar a bien le trae a cuenta.

Pues nada puede hacer, él es sumiso,
conoce a ciencia cierta aquí quien manda,
se siente bien así. Que en nuestra banda
yo llevo la batuta y doy permiso.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: José María Micó

José María Micó

Blanca y azul

Yo sé por qué te llamo
blanca y azul.

Imagino que ahora,
media noche por filo,
mecida por las sombras
ambiguas del recuerdo,
pensarás que estas manos
ofrecían tan solo
una sarta de burdas
sorpresas de tahúr.
Yo sé por qué te llamo
blanca y azul.

Es todo lo que tengo.
Manos que fueron niñas,
que prestaron sin tasa,
que se asieron a un sueño,
viejas manos que saben
que la muerte temprana
es la única forma
de eterna juventud.
Yo sé por qué te llamo
blanca y azul.

Que no baste lo dicho
para ponernos tristes.
El encuentro merece
un brindis por las horas
cedidas al exceso
de sentimientos nobles,
aunque fuese por falta
de sentido común.
Yo sé por qué te llamo
blanca y azul.

La carne nunca es débil,
pero las almas frágiles
se quiebran con un guiño.
La noche, maliciosa,
por cobrarse más piezas,
nos enturbia los ojos,
nos endulza los labios,
nos apaga la luz.
Yo sé por qué te llamo
blanca y azul.

En el pueblo

En el pueblo,
casas, hombres y mulas
presienten en silencio la crecida del día.
sobre la mesa humilde,
sin vino aún, la luz está dispuesta
y oficia con verdad el rito de las cosas.
La alcoba calla y el zaguán se inquieta.
La ubre prodigiosa humea en el corral.
El mundo, rebosante de azucaradas sombras,
da reparo a los cuerpos que vienen de yacer.
Y alguien junta las manos para encerrar un cuenco
o un pedazo de pan.

 – – –

Hubo un tiempo en que tuve
la mitad de la mitad de mis años de ahora.
A veces, si me esfuerzo,
puedo escuchar los ecos de aquellos días,
puedo sentir que el sueño se deslíe
y que una mano espesa el chocolate.
Después me bebo su color de cuerva
con avidez de niño.

Α · Ω

De todas las penumbras en que he estado,
ésta es la más profunda.
Por encima de mí duran los sueños.
Bajo el pulido envés de estas dos fechas
soy ruina de robadas esperanzas.
Lo que fui ya no es, y aquí os declaro
mi póstumo deseo: que esta muerte
a todos os parezca prematura.

Emblema

Imaginad un cuadro.
Figuraos que ahora,
con mano lenta y con pincel tirante,
puso en él una nube y un jardín,
un encañado, un sol, una ventana
y unos lejos brumosos mal cubiertos
por un escorzo, de mujer sin duda.
Admitiréis que un lecho renegrido
parece necesario,
que la mujer está mirando el tiempo,
que alguien que no se ve la está mirando,
que encima de una mesa convalecen
unas prendas recién aborrecidas.
Tras el cristal, la rosa se contiene.

El hombre que no veis suda y descansa.
No hace mucho tenía
el cuerpo sobre el lecho,
la mano en la mujer, la boca en vilo
y envilecida al cabo de las horas.
Dejó en la mesa la razón y expuso
los trajinados hombros al esfuerzo,
sin más paisaje que la compañía.
Ahora descansa y suda,
tiene la mano en la pared y mira
con familiaridad la ociosa espalda,
el lecho, la ventana, el sol, el tiempo,
la nube, el encañado… Ahora, siente
que en jardín la rosa se confía.

MUCHACHA VIEJA

Muchacha, ven aquí. Voy a decirte
lo que nunca te han dicho, voy a hacerte
lo que jamás te han hecho, lo que nadie
sino yo puede hacerte,
porque yo estuve el dieciséis de enero
abrazado a otros ojos
y eran los tuyos los que merecía.
Los ojos que tenías
cuando solo eras tú,
larva a la espera de animosas alas,
ansiosa por cambiar los libros de aritmética
por la ciencia aplicada de la vida.
Fíjate,
es hoy el primer día,
parece que habrá tiempo para todo
y tus padres te ponen
alambres en la boca
y un profesor de inglés para el futuro.

Y yo me aproveché de tu inocencia.
Mejor que tú sabía
lo que inventan las piernas
cuando las bocas queman
y mueren de deseo como peces sin aire,
como aquel pez sin sombra que en los sueños
brilla como una llama,
arde como en los sueños arde el agua.
Mejor que tú sabía
las posibilidades de una alcoba,
las consecuencias de una noche en vela,
la maldición de una promesa en falso…

Y estoy mirando ahora
tu cabeza perfecta.
Al tocarla percibo
que el pez de la ilusión sigue brillando
y de puro brillar ya se consume,
dejando en la penumbra
los desperfectos de mi anatomía.
Tú también has crecido,
muchacha vieja,
y hoy te he citado para confesarte
que me vales así,
deteriorada y todo,
porque así te tomé, porque sabía
que tu esplendor de las primeras noches
iba cargado con tu podredumbre.

Y he de volver al baile
una noche más negra,
cogerte una vez más por la cintura,
ecuador de otro mundo,
mundo creado y brote de otro mundo,
descerrajado vientre del que salen
otros viejos más viejos que nosotros
y acuden a la luz como polillas.
A la luz engañosa que nos pide:
salid a respirar,
venid y respirad con otros seres,
que es vida lo que veis.

Vieja muchacha, ven, no tengo nada
que tú no tengas, salvo el modo extraño
con el que digo y hago este poema.
(De La sangre de los fósiles.)

ISLA

Centro del centro.
Tierra sin tiempo.
Hueso del mundo.
Aire sin cerco.
Astro cercano.
Raíz sin fondo.
Muro de agua.
Lago de tierra.
Cielo en reflejo.
Todo en la nada.
Linde sin linde.
Fuego sin llama.
Llama en el agua.
Mar hacia adentro.
Raíz segada.
Cristal cegado.
Materia exacta.
Huida quieta.
Muerte en la vida.
Madre sin patria.
Matriz gastada.
Fondo de espacio.
Espina rota.
Deriva firme.
Mano vacía.
Grito encauzado.
Fuga sin fuga.
Vida varada.

Solo tú: isla.
Punto final.
(Parcialmente inédito.)

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