HUGO HERNÁN

»El Poeta sugerido: Carlos López Degregori

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En memoria de Hugo Hernán

El cielo está plagado de inocentes,
no sé cuantos habrá ¿quizá un millón?
¿millón dices? Añade a ese montón
a Hugo que hoy se fue, tan buenas gentes.

No piensen, pues que él era muy corriente,
amable, que causaba sensación,
tan lleno de bondad su corazón,
valiente, cariñoso, inteligente.

Un tiempo pasó aquí. Fue de repente,
sin ruido tomó el vuelo y se marchó
¡qué bueno era Hugo Hernán y qué decente!

Por más que he lamentado que esté ausente
la vida para siempre se torció,
y nunca ya es igual sin él presente.
©donaciano bueno

Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío. Lo dijo Alberto Cortez Clic para tuitear
POETA SUGERIDO: Carlos López Degregori

Carlos López Degregori

Las tres doncellas

Te vas al fin, Envidia.
Me dejas, Miedo.
Escribes, Espera, en los muebles, en las paredes
dormidas que mañana ya no me esperarás.

Está muy bien.
Márchense.

Pueden ser ahora perfectas o tullidas.
Gánense la suerte que no les concedí.
Por mí llegaron desnudas a sus fiestas
destilaron todos los venenos
equivocaron sus primeras lealtades.
En la historia de la doncella y el dragón
no las dejé ser ni la doncella
ni el dragón.
Conmigo abordaron un barco que jamás divisó
el Cabo de Hornos
y si naufragaron no me importó
y si sobrevivieron y se casaron después
y criaron hijas
e hijos
ya no lo recuerdo.

Te envidio, Envidia, por partir.

Me despido, Miedo.

Desdoblo, Espera, por ti de labios y ceniza
un pañuelo.

Adiós, infortunadas.
Les regalo un diente
a cada una,
solo así puedo agradecer los poemas
que me dejaron escribir.
Ahora llévenlos con ustedes,
Léanlos en todos los mercados, en los desiertos,
en los cuartos cerrados con nieve
de hospital.
Díganlos en los huecos de los árboles
como un secreto terrible.
Repítanlos en las voladas caravanas, en las cocinas,
en las aguas del río interminable.

Está muy bien.
Adiós.
Márchense ya.
Las recordaré como a tres novias.
Que afuera sus asnos no revienten
ni ardan sus vellones,
que la luz no las aterre,
que el aire no les falte.
(de Lejos de todas partes)

Un buen día

1

Un buen día
Nos descubrimos en el agua
Y decidimos nacer muy lentamente

Y estamos o no estamos
Nos buscan
Nos preguntan
Presencia sospechosa una visita
Alguna llamada para nadie en el teléfono
Y dónde
Dónde nos habremos metido acaso sin saberlo
Tal vez en el jardín jugando a las estatuas
O extraviando nuestros cuerpos en la calle más lejana
Un destino mejor
Una palabra

2
Un buen día
Nos descubrimos en el agua
Y elegimos una mano
Un ojo un cabello
Hablamos con Casandra

3
Casandra
El juego ha concluido
Y ya la hiedra guerreros unos años
Subieron hasta la ventana más alta de la torre
Tejiste profecías que aprendimos a leer
En la dura persistencia de tu cuerpo
Y a cada cual su propia historia
Su propio mar oscuro
Engaño enfermedad
Destierro y gallo negro
Resulta que ahora el fuego nos aturde
El agua no nos limpia
Ni convierte
(de Un buen día)

Canción de la taza de leche

En alguna parte queda algo que la leche me recuerda
Y nunca porque es limpia
o es blanca
Y nunca porque puede derramarse

Gotas y gotas litros un charco
Una taza anterior a toda boca
Una elegía incomprensible

De algo que no recuerdo estoy cantando:
de la leche
Y nunca pude ignorarla cuando hervía

Desayunar salir al fin
(de Las conversiones)

El talento y el poeta

un poema parco incidental
me cueste como tres
y atónito inútil imperfecto
nunca termine de costarme
y acudan rostros lenguas animales
acudan
en una sola sombra
un solo viento verdadero
reine el desorden
sueñe antes de soñar
coma antes de comer
viva un terrible simulacro
hable
y nunca derrote a la palabra
desventurado
hoy 14 de septiembre
nazca por tres veces
tenga tres padres nombres acertijos
crezca torcido
llegue a este punto estéril
y lo llame
talento inferior
reguero anónimo de pasos
tres años vi a la cierva
nadie la conoció así
pero arrastraba ese nombre memorable
dama parca mezquina
me arrancaba un cabello
lo enhebraba
y cosía hasta sangrar
horas y horas
mientras sus quejidos ahogaban
el ruido de la aguja
cierva
hazme unos guantes
una venda
el vestido sacrificado del amor
entender es difícil
tornarse vulnerable transgredir
cose ya mi ano
mis párpados mi boca
encierre todo murmullo para siempre
aísle cualquier rescoldo de verdad
y exiliado
fue mi primera muerte
y nacimiento
reine el desorden
tres venzan los años
y me canse de contar
pierda mi sombra
un alacrán me recuerde a los dragones
monje fui
exterminador
mercader en estas calles desoladas
y errante ofrecía
a cada quien lo necesario
te vendo aquello que imaginas
esta gubia esta soga
y las vendí a c l d
un 14 de septiembre
tres meses antes de nacer
págame sino te pesará
no hallarás sosiego
conjuro capaz de derrotarme
nunca quiso entender
una tarde lo colgué
y debí deshacerlo con la gubia
entonces nací para el poema
nada que temer
que esperar
una vida confabulando con despojos
mezcles destinos
hállese un centro de aflicción
te maravilles ante una bóveda inútil
tres los abismos
el talento
las razones ocultas del poema
tres mis santos tutelares
san jorge
sal gil con una cierva
san blas
antes que se pudra mi garganta
(de Una casa en la sombra)

Asunta

Te traigo, Asunta, estas flores sin nombre del mercado. Son apenas un acto de resistencia, una prueba irrisoria de amor.

Vengo de otra región, Asunta. Apenas logro caminar y tengo la mueca del que no quiso volver pero no le quedó alternativa. Por eso, cuando me presintieron en el tumulto, todos huyeron despavoridos.

Huélelas con pasión.

Aprisiónalas en tus dedos como una historia de amor torrencial.

Písalas – Devóralas – Humíllalas.

No importa. Ellas perdurarán mañana cuando no contestes a los golpes densos, helados, insistentes de los vecinos.

El talento y el amor

A las siete en punto, después del llanto helado de mi perro, desde hace treinta y cuatro años cierro la peluquería.

Me reúno con ese animal y voy barriendo todo el pelo acumulado en el día.

Odio el espejo desportillado, la navaja insensible, el olor dulzón del cabello sin lavar. Envidio los ojos desolados de mis clientes, las marcas secretas que diferencian sus cabezas.

¿Por qué entre todos los talentos no me tocó el amor?

Camino dormido sosteniendo una tijera y duermo porque gira esta silla y mi corazón es una correa de afilar interminable.

Me hice peluquero por fatalidad.

De tanto cortar pelo no aprendí a segar las cabezas.
(de Cielo forzado)

Sutzura

Esto podría ser un diario:
mi entrada al olvido o a una minúscula posteridad
cuando llegue
el momento de las pruebas.

He escrito poco o mucho en estos meses.

Han cambiado mis palabras.

Afuera
alguien
a quien nunca he visto
y no conoceré
barre un amor legendario.
Quiero dedicarle a esa persona
y su escoba
este verso final:

tengo fiebre en mi mano izquierda
(de El amor rudimentario)

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