INCERTIDUMBRE

Mi Poeta sugerido: »Sergio Cordero

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Hoy yo aquí me acuesto vivo
mas mañana yo no sé
si vivo apareceré.
Y aun a la hora que esto escribo
aún andaré furtivo,
o al leerme ya esté muerto,
todo es en la vida incierto,
con la duda yo convivo.

Esa duda que atormenta
cuando debes decidir
sin saber si ir o venir
si tiene o no tiene cuenta,
que se convierte en tormenta
cuando algo has de conseguir
y no sabes elegir
por ser tan zafia, tan cruenta.

La duda, ser o no ser,
que percibo o no percibo,
cuando escribo lo que cribo
ni siquiera conocer
si en ello encuentro placer
o los versos nacen muertos.
Sólo creo que son ciertos:
nadie nunca ha de leer.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Sergio Cordero

Sergio Cordero

LA BICICLETA

La bicicleta
lanza su sombra al pavimento
—interminable cinta—
como sólo ella sabe.
La sombra crece, se estira allá, muy lejos,
y alcanza la otra orilla;
luego viene y me cuenta
o, si no,
desaparece, se pierde en un suspiro
y otra surge despacio
para cubrir la ausencia
de la sombra que somos mi bicicleta y yo.

Continúo pedaleando,
ruedo vertiginoso,
me trago el pavimento de esta noche;
luego miro el reloj: la una y quince.
Me hundo lentamente por el paso
a desnivel, desaparezco apenas,
pero vuelvo a surgir del lado opuesto
como si así espantara a una parvada
de pájaros chillones
y el mar, atrás, me fuera persiguiendo.

Finalmente, cansado, adolorido,
me detengo a las puertas de la casa.
Dejo la bicicleta en la cochera;
reclino sus manubrios pensativos
—el niquelado brillo de su acero—
y mi propio cansancio de cara a la pared.

DESEO DE RAÍCES

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo
–Rubén Darío

Esta mañana algo se detuvo
y muy a pesar mío
espero en un sillón,
deseoso de raíces.
Quiero sentirme árbol

no para dormir
ni para morir menos
—bastaría con echar a la basura
mi endeble filosofía de la vida—;
simplemente
me duele la cabeza.
A los árboles nunca
les duele la cabeza,
nada saben
de mis antesalas
en sillones cafés imitación cuero
mientras contemplo la miseria azul
de mis zapatos tenis.

Algún día

—sin embargo—
consumiré el pasillo.
Más vale no correr sobre su banda
sin fin. (Por un tropiezo,
el que temía bajarse de la cama
saltó del piso diecinueve.)

Dejará de dolerme la cabeza
y volveré a sentir calor o frío
pero emociones no.
Terminará esta envidia de raíces
donde el árbol espera para darse
y yo para pedir.

CUARTO DE ASISTENCIA

Vivo estrechamente en el mundo como tú
como ellos
Recorremos pasillos infinitos
nuestros hombros se rozan y a veces se golpean
Despierto tu cara soñolienta
está muy cerca de la mía
si hubiéramos estado conversando
de cosas muy íntimas
si fuéramos amigos
Ayer nos vimos por primera vez en este cuarto
todavía no sabemos nuestros nombres
ni ese pasado aparentemente tan distinto
en realidad confluye en los recuerdos
recíprocos de infancia
una semejante adolescencia
y una juventud donde amigos mujeres accidentes
dejaron cicatriz
Pasamos el umbral somos adultos
Tienes razón no puedo vivir solo
no es posible vivir solo conmigo
¿Qué más pueden hacer las soledades
cuando miran sus islas de desdén
separadas apenas por un hilo de agua?
Mejor hablemos
sí no es necesario
pero tenemos tiempo disponible
y debemos hablar porque otros hablan
y debemos seguir hablando hablando
hasta gastarnos todas las palabras.

AHORA QUE LO DICES…

Ahora que lo dices, no comprendo a la vida,
nunca le he pasado la mano por el pelo
ni le he dicho palabras agradables.
Cada que voy a verla, me limito
a cohabitar con ella pagándole lo justo.
Nunca me la he ganado a base de ternura.
Y se me olvida, a veces, que es humana también,
que su sexo no siempre fue una selva
sino un patio limpio, una llanura impúber
donde corríamos todos detrás de la pelota.

CASA EN LA PLAYA

Esa luz emerge desde el fondo de los ojos;
no por el sentimiento,
es la pureza,
el aire y, más allá, la liturgia del océano.

Escucha la distancia: somos voces,
su Babel se aproxima,
toma forma,
llega a la habitación para callarse.

El sudor quiebra una imagen,
la irisación deja el instante y se convierte en grito,
tiembla sobre la piel del agua: nuestra piel.
El maderamen cruje con el peso del miedo.
(El lugar es el núcleo de la arena –desierto–,
el mar…) Esa luz.
Las sombras me prolongan.
Ya no es la misma playa.
Su invierno era propicio. Los paseos
derretían el aire entre las manos
—el firmamento entonces fue la tarde.

El recinto
no divide su horario en refugio y audacia,
sólo un rastro furtivo en la terraza, el cuarto…

La piel retiene y envejece: recordamos.

DESDE UN VOLKSWAGEN…

Desde un volkswagen,
pequeña isla rodeada de sábado,
contemplo la distancia:

mi alma es una línea,
el horizonte trazado por la mano
que te sintió madura,
fresca por dentro, como una manzana.

Y deseas que te muerda.

HE PARTIDO…

he partido mi pan
en dos mitades

pero te doy las dos

NOSOTROS

(CARTA A MI HIJA)

Tu madre y yo nos hemos separado y
nos hemos reunido tantas veces
porque no somos justos, mi pequeña,
ni con nosotros mismos ni contigo.

Yo no creo en nada, en nadie. Ella confía
en mí y en todo. Pero su ternura
–si la comparo con la intolerancia
de su torva familia– es un misterio.

¿Cómo explicarte lo que ves en ambos?
Ella me ama porque la desprecian
y yo la quiero porque me soporta,
pero buscamos cosas diferentes.

Dices “mamá” y “papá”, muy convencida:
palabras que no sé qué significan.

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