JE M’EN FOUS/

Moravia Ochoa López (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Que escribir no es competir. Yo comparto
todo aquello que acabo de escribir,
no es preciso lo deba repetir
pues no espero al lector le dé un infarto
evitando lo tenga que sentir.

Que yo escribo deseando compartir
a quien quiera me lea lo que escribo
como muestra que al tiempo sigo vivo
dando guerra a las ganas de vivir,
no me importa si piensan que mendigo.

Que escribir es pensar, es meditar,
a la mente una y otra fustigando,
como al burro el labriego va arreando
preparado así a dar y disfrutar
mientras miro que el tiempo va pasando.

Que yo escribo y el que insista je m’en fous,
¡qué me importa se diga lo hago mal!
no pretendo acudir a un festival.
Si pretenden que no diga ni mu,
vano intento así me pongan un bozal.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Moravia Ochoa López

Moravia Ochoa López

Estos Ojos,

Yo te dejo estos ojos que me
duelen
En el altar de todo donde estás
Lo dejo sin hoja de recibo
Sin factura, sin ningún
formulario,
Ni siquiera mi nombre por ningún
lado.
Los pongo a tu cuidado, los
traigo al mejor médico,
Al mejor oftalmólogo (¿ podría
Ser?)
Y si me equivoco (no!)
Qué es entonces, dime, la verdad
o Quién?

Del libro: Nunca Menos que el singular milagro.
(La Gracia del Arcángel)

A más quererte,

Todo este tiempo lo esperó
En tiempo áspero, en tiempo suave,
En columpio de cielos azulados
No mintiendo en la espera
Resucitándote
Tenía lugar sagrado
Y le pedía a la vida
Guardarle el cuerpo como un templo
¿Has llegado mi Sumo
Sacerdote?
¿Acaso es la verdad?
El sueño es la vigilia de la vida
¿La vigilia es la vida?
Lo soñado es perfecto desde ti.
Revista Lotería, Nº 425 – Julio-Agosto de 1999.

Todo perfecto,

No la quieres cansada
Tú la quieres con ánimo
Tú la quieres con fuerzas
Tú la quieres en la cumbre de la montaña
En las alas del colibrí sencillo
Que abanica armonía
Tú la quieres amándote
Tú la quieres agradecida
Tú la quieres robada
En silencio, prohibida
Sin una lágrima
sin chistar una pena.

Debo entender entonces
Que todo irá muy bien
y está tu corazón en esta casa
Que a veces tú me quieres y te quiero
luz que viene a mi sino y me sonsaca.

Llevar por la corriente,

A veces yo me dejo llevar por la corriente
A veces tú me exiges y eres la creciente,
A veces tú me obligas y eres el huracán
Que todo se lo lleva sin permiso
Me tomas de la mano y ya me llevas
Eres agua que inunda las lomas las montañas
la pasión y el ensueño
Y soy títere tuya, muñeca hecha de trapo
Con un corazón rojo de flores germinantes.
A veces no te dejo entrar como quisieras
A veces entras todo sin que te dé permiso
Pero igual, a tu modo, te insertas como aguja
Y das pinchazos duros que duelen duramente
en un sitio secreto más allá de la carne.
A veces yo me dejo llevar por la corriente
Y entro en contradicciones, contriciones.
A veces yo me dejo llevar por la corriente
A veces tú me obligas y eres el huracán
que se lo apropia todo sin permiso.

Cuando yo te se amar,

En la muerte está Dios cargado de ceniza,
violeta lo retrata su canto inmaterial,
con los ojos cerrados, robusta su pelliza
contra el frío terrestre. La muerte es natural.

Apenas tengo miedo, mas un río desliza
un cauce humedecido de hoja y cenagal.
Tengo un llanto profundo. Si la sed agoniza
¿dónde dejo mi nombre divino y animal?

Quiero profundamente con cien contemplativas
palabras silenciosas, palabras que están vivas.
¿Dónde está el tiempo herido que se me fue a tu mar?

Es el presente, tú eres, es mi dar generoso
el que llega y me impulsa, se me prende furioso.
Está la muerte lejos cuando yo te sé amar.
La Estrella de Panamá, 23 de octubre de 1966.

Dulce Adán,

Dulce adán de la tierra, dame cuna,
luz sobre el rostro y braza en el latido,
arréame a tu cuerpo prometido,
atízame o una estrella o dame luna.

Puedo ser lo que quieras: aceituna,
cerezo, naranjal, lirio florido,
camino por ti sólo recorrido,
aurora que tu boca desayuna.

Eres, adán, mi vértebra y mi tierra,
aromada palabra que me encierra,
abeja instituida entre la boca.

Eres el ansia en soledad poblada
por la múltiple voz de la alborada
que entre la carne al florecer me toca.

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