JUAN RAMÓN JIMÉNEZ vs ANTONIO MACHADO

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Ayer te vi, vistiendo otro ropaje,
cambiando de chaqueta por lo visto,
mas pude confundirte en el paisaje,
o lo que es peor, quisieras darte el pisto.
Después vino un amigo a comentarme
diciendo te has echado ya otra novia,
yo sé que no es muy fácil aguantarme,
mas dicen tiene el nombre de Zenobia.
Pensar prefiero es una es de tus bromas,
si no es así, con pan tú te lo comas.

Mas no pienses me voy a quedar quieto
tal traición no se le hace al que es tu amigo,
si en tu vida afectiva no me meto,
yo que siempre tan noble fue contigo.
Entiendo que levites con Platero
mas yo para curarme el deshonor
te tengo que anunciar, seré sincero,
la herida la he curado con Leonor.
No sé si tu conciencia te carcome
ya sabes quien se pica es que ajos come.
©donaciano bueno

Un juego en clave de humor, tomando como excusa a sus respectivas mujeres,  en torno a la preferencia que ejercen sobre él ambos poetas.

A Juan Ramón Jiménez de Antonio Machado
¡Amistad verdadera, claro espejo
en donde la ilusión se mira !
…Parecen nubes
más bellas, más tranquilas.
Siento esta tarde, Antonio,
tu corazón entre la brisa.

La tarde huele a gloria.
Apolo inflama fraternales liras,
en un ocaso musical de oro,
como de mariposas encendidas ;
liras plenas y puras,
de cuerdas de ascuas líquidas,
que guirnaldas de rosas inmortales
decorarán, un día.

Antonio, ¿Sientes esta tarde ardiente,
mi corazón entre la brisa ?

Era una noche del mes
de mayo, azul y serena.
Sobre el agudo ciprés
brillaba la luna llena,
iluminando la fuente
en donde el agua surtía
sollozando intermitente.
Sólo la fuente se oía.
Después, se escuchó el acento
de un oculto ruiseñor.
Quebró una racha de viento
la curva del surtidor.
Y una dulce melodía
vagó por todo el jardín:
entre los mirtos tañía
un músico su violín.
Era un acorde lamento
de juventud y de amor
para la luna y el viento,
el agua y el ruiseñor.
«El jardín tiene una fuente
y la fuente una quimera…»
Cantaba una voz doliente,
alma de la primavera.
Calló la voz y el violín
apagó su melodía.
Quedó la melancolía
vagando por el jardín.
Sólo la fuente se oía.

A Antonio Machado, de Juan Ramón Jiménez
¡Amistad verdadera, claro espejo
en donde la ilusión se mira !
…Parecen nubes
más bellas, más tranquilas.
Siento esta tarde, Antonio,
tu corazón entre la brisa.

La tarde huele a gloria.
Apolo inflama fraternales liras,
en un ocaso musical de oro,
como de mariposas encendidas ;
liras plenas y puras,
de cuerdas de ascuas líquidas,
que guirnaldas de rosas inmortales
decorarán, un día.

Antonio, ¿Sientes esta tarde ardiente,
mi corazón entre la brisa ?

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