LA CIUDAD DORMIDA

Matilde Casazola(Poeta sugerido)

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Ciudad teñida de añil, de citas hueras,
de calles amordazadas sin consuelo
¿quién te ha dormido hoy a ti, por qué el consuelo
no camina pululando en tus aceras?

Ni siquiera se oyen ya tus plañideras
desplegando sus oráculos al cielo.
Sólo el silencio respira en un anhelo
junto al aura dormitando prisioneras.

Se oye un grito ¿quién lo ha osado? ¿quién lo pega?
¿por qué brama rebotando al infinito?,
¡maldito tú y siempre tú serás maldito!
¡se vaya de una vez, se quede ciega!

Que sonámbulas suspiren las acacias
desfilando en aburridos arrabales,
y la ausencia de puntillas dé las gracias,
la noche ya llegó y se cubrió de chales.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Matilde Casazola

Matilde Casazola

Los cuerpos

Amo mis huesos
su costumbre de andar rectos
de levantar un semicírculo
para abarcar el cielo
de encadenarse en filigranas diminutas
para favorecer el movimiento;
amo mis huesos con sus curvas
sus salientes
y sus cuevas profundas.

Si hubiera sido insecto,
también hubiera amado mis antenas
como amo ahora mis ojos con sus cuencas
y mis manos inquietas
y toda esta estructura
en la cual vivo
en la cual soy completa.

Y le doy gracias al discutido Dios
de creación perfecta o imperfecta
de existencia absoluta
o no existencia,
le doy gracias
en uso
de mi cuerpo y su esencia.

Al menos, comprendo su intención:
sé que era buena.

Los oscuros

La fruta estaba hecha
para que la gustáramos,
para olerla y gozar su lozanía.
Pero nosotros no podíamos comprarla.

El sol estaba hecho
para amar nuestra piel,
estremecer la vida de todo nuestro cuerpo.
Pero a nuestra guarida el sol no entraba.

El pan de cada día, en fin, estaba hecho
para hablarnos todas las mañanas
de campos fecundados.
Pero nosotros sólo comíamos mendrugos duros y agrios.

También había música y otras cosas dulces,
pero habitaban en el aire alto,
y nosotros sólo captábamos sus ecos.

Nos debatíamos en la cueva obscura
en el cuartucho húmedo
donde la única verdad es la miseria.

Entonces, no aprendimos
el himno de alabanza,
y la sonrisa en nuestros labios
era una flor enferma.
Dicen que Dios hizo a los hombres iguales
y semejantes a El en armonía y belleza.
¿Cómo es, entonces, que ahora
formemos este vértice inmundo
del que huyen todas las miradas
y contra el que se vuelven bruscamente las espaldas?

– Hablo por boca del hombre que se arrastra
por húmedos rincones
de morada siniestra.
Dice que también de él era la tierra –

¿Quién hurtóme el rojo clavel
llamarada impetuosa,
quién bloqueó mis salidas,
quién me esperaba
aún antes que pensara nacer,
con la triste cadena?

No estuvo equilibrada en mi balanza
la desdicha con la bienaventuranza.

Te regalo de antemano mis huesos
para que hagas con ellos
trémulas flautas que canten elegías
mientras a blanca mesa se sientan prósperas familias,

y hay sol, hay pan, hay fruta.
Pero llora, es verdad, en todo el aire
trémula flauta su llanto innumerable.

El ala rota

Esta noche recién caí en la cuenta
de que a mi Ángel
le falta un ala.

¿Desde cuándo
estará así?
¿Desde cuándo
siempre bordeando mi camino
rodeándome de esquinas blandas,
lo más suaves posible
mi ángel venía herido?
Oh guardián
dulce enviado
para llevarme a destino seguro
cómo puedo ahora
descansar en ti mi fe.

Rota un ala
cuántas sendas habrás equivocado.
Con razón estos campos
me eran hostiles hace tiempo
y empeñé tanto espejo
con mi llanto.

Traes la expresión grave
y el cansancio
te agita.

¡No te preocupes, sin embargo!
Sigamos
los dos maltrechos,
incoherentes
perdidos.

A algún sitio habremos de llegar
tarde o temprano.

Eres fiel, Ángel mío.
¿De qué sirviera
que intacto
luminoso, etéreo
te salvaras tú solo?

Caigamos juntos
y olvidemos
el destino que nos fuera deparado
en los dominios
de Dios.

¿Sabes que es lindo
no tener mañana?
Infelices hay muchos, te aseguro
y la tierra de las sombras
es generosa:
no termina nunca.

Tierra

Soy un poco de tierra
que adquirió un don milagroso
de la voz y del canto.

Si los creyerais dignos de alabanza,
ensalzad a la tierra bendecid a la tierra,
que ella es la dueña madre de todo
encantamiento,
la fuente origen de perpetuo milagro.

Cuando mis pies detenga, cansada de su
continua ronda,
ella será mi almohada y mi reposo.
¡Oh Pachamama
escalón inmediato de la eterna armonía,
heredera suprema de mi sombra y mis huesos!
¡Salve tierra
una sola,
derrocadora de fronteras!

Por ti la voz y el canto dominaron el aire
e hicieron lagrimear a las estrellas.

Árbol

II
De tus ramas colgaban
las estrellas
árbol adolescente de otros años.

Después
me fui
no sé por qué caminos
y vos te quedaste
allá en el fondo de la huerta,
contando los silencios
las mañanas y las tardes huecas de mis pisadas.
Preguntando
a todos los vientos nuevos
de mi voz y mis cabellos.
Preguntando
una y otra vez
al viejo viento
de aquella extraña luz
que antes venía siempre
a jugar en tus ramas.

Ellos te decían:
“Está lejos…”
Y fuiste anocheciendo
haciéndote cariño silencioso de abuelo.

Esta noche
te hallé
nuevamente,
lleno de lucecitas.
Engalanaste tus ramas
para esperarme.

Y ya ves, no ha pasado el tiempo:
Aquí retornan mis pisadas.

Clavado en el fondo de la huerta,
mi amor adolescente
oh blanco
oh mío de todas las llegadas
de todos los regresos.

Lágrima suspendida entre dos tiempos,
árbol
albaricoque viejo.

Poema III

Eran dos ojos, dos hermanos
que se daban la mano.
Eran dos ojos, dos paisanos
que habitaban lugares cercanos.
Era un monte que había que cruzar
que subir
para llegar de uno hacia el otro:
una sola nariz
desafiante
al medio de ambos.

Era una sola boca
decidora
de frases incoherentes
o bonitas,
de frases hirientes
que, como hormigas
negrean en su púlpito sagrado.
Eran también dos túneles
a los costados:
dos orejas, tubos bien logrados.

Era un paisaje
extraño,
provocativo,
dulce y áspero.

Ay las estrellas
que se encienden y se apagan.
Ay los cabellos
que enmarcan este cuadro.

Eran dos niños que crecían
que no dormían no dormían
por descubrir el lugar
donde el tesoro está enterrado.

Era un rostro gentil
y simétrico,
sin saliente de más
ni hueco.

Las arrugas vendrían después
y las heridas
profundas
que alterarían sus ámbitos perfectos.

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