LA LETRA CON SANGRE ENTRA/

Basilio Sánchez (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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El alma se ha partido en mil pedazos,
-perdona si han llegado allí cascotes-
no puedo controlar ya los rebotes
que suelen provocarme los pelmazos
que dicen ser muy cultos y son zotes.

Que algunos hay no hicieron los palotes
que hacíamos nosotros en la escuela,
maestros atizando con la espuela
retando a los molinos cual Quijotes
sacando brillantez a la candela.

Maestros que jugaban a maestros
creyendo sus labores trascendentes,
nosotros, tan ingenuos e inocentes
rezando a todas horas padrenuestros
sirviendo a los maestros de clientes.

Alumnos siempre inquietos y curiosos
partidos a estacazos y a trompazos,
curtidos al calor de los abrazos
haciendo travesuras de mocosos
tratando de esquivarles sus balazos.

Del juego aquel al gato y al ratón
fue mucho lo que entonces aprendimos.
Tan fuerte esa experiencia que vivimos
profundo se grabó en el corazón,
y es que hoy al recordar aun sonreímos.
©donaciano bueno

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Comentario: En estos tiempos en los que al niño no se le puede “propinar” ni un solo cachete, yo agradezco a mis padres y mis maestros aquellos mandobles merecidos que me dieron. Por supuesto que lo hicieron pensando en mi bien.

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Basilio Sánchez

(Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe 2017)

Añoro la ceguera que es un punto de luz.

Bebo de la memoria como otros
del agua de las fuentes, de los vasos
de la antigua liturgia.

Después de mucho tiempo,
ahora vivo despacio, sin intimidaciones,
sin que pueda la noche ganarme en sutileza
ni la muerte en sigilo.

Soy el hombre que no ha salido nunca
de los alrededores de su mano, el que se ha hecho
perdonar por la nieve
y el que anda por las habitaciones
preservando en silencio la sustancia
de su felicidad.

Quien para guarecerse
necesita los nombres de todos los que ha sido,
recordar las palabras con las que cada día
ha vivido o ha muerto.

DERIVA

Inclinado como los porteadores,
taciturno como los que excavaron
su casa a la intemperie,
retraído como los que alejándose
del mundo convirtieron
su dolor en costumbre.

En la fragilidad de lo creado,
en el lugar de nadie entre la noche
y las ocupaciones de la noche,
sentado ante la mesa que separa
lo bajo de lo alto,
lo que se ha recibido de lo que se carece.

Quedarse o salir fuera,
decir una palabra o no decirla,
alimentar un fuego o apagarlo.

No hay nada razonable que no tenga una fuga.
El pensamiento avanza con su imagen
hasta el poema cojo.

CARTOGRAFÍA INCOMPLETA

La noche sin prestigio en el silencio
de un paseo de provincias.
Una luz encendida en la penumbra
de una escenografía desertizada.

Un misterio cercado por las contradicciones,
un secreto entrevisto,
el fraseo de lo humano ante el asombro
de lo que permanece sin sentido.

Las islas repentinas de una infancia evocada.
El universo entero en un frasco de Morandi.
El vaho de tu palabra en el espejo
sobre el que reinventamos el lenguaje.

Cuando sale a la calle, ¿qué puede hacer un hombre
que es consciente de sus limitaciones
y que además escribe
ante la expectativa,
afianzada en la noche, de enfrentarse
de nuevo con lo inmenso, con lo que desconoce?
¿Quién puede mantener en lo que dice
la solvencia de sus significados?

CORRESPONDENCIAS

Mientras llega la tarde con su peso
de cristal de Murano
y el horizonte traza a la altura del cielo de los ojos
la línea imaginaria del origen del mundo,
te paras a pensar que la existencia
mantiene entre nosotros
y las cosas con las que convivimos
una oculta cohesión; que hace crecer
a nuestro alrededor
un orden silencioso de pequeños afectos
en el que todo gira alrededor de todo:
un sistema perfecto, pero desmoronable,
tan insustituible como frágil.

Es por eso, quizás, por lo que ahora,
mientras llega la tarde, arrodillándote
como los paleontólogos,
inclinas la cabeza y te incorporas
de nuevo a tus asuntos como si nada hubiese sucedido.
Resuelto a ser paciente,
a no desdeñar nada por insignificante.

BAJO LA LLAMA AZUL DEL ALQUIMISTA

Heredero
de las caligrafías medievales,
el poema tiene que iluminar lo que la época
confunde u oscurece,
lo que es noche cerrada, superstición o miedo.

Sin embargo, el poeta
no es más que un alquimista
que hace de su dolor un linimento
para las torceduras del espíritu;
el chamán que suscita,
allí donde los hombres construimos
una pared o un muro,
la idea de una ventana, la ilusión de una puerta.

EL POZO

Si no somos ninguno de nosotros,
¿quién canta todavía en plena noche?

El saco de arpillera con el pan de los pobres,
el laboreo del óxido sobre las herramientas
condenadas a la inactividad.

En lo alto, las nubes
como los pensamientos imprecisos del mundo.
El corazón, un vuelo de polillas
en un bolso de lona.

Ninguna luz alivia
en las profundidades de los pozos
la clausura del agua,
no hay otro testimonio de la altura que el de nuestra caída.
Porque es lenta y callada y minuciosa
la gestación del daño,
el camino delante de nosotros
solo pone distancia, solo separación.

Aquí, en la convergencia de las aguas,
en el corazón desconcertado de los nadadores,
un gran ojo de ciego se abre en nuestras manos
y en silencio nos lleva.

La noche ha confiado su heredad a la noche.
¿Quién canta todavía?

MATERNIDAD

Cada mañana, a solas,
antes de que regresen los bañistas,
de que empiecen a posarse los pájaros
sobre la arena fina,
puramente geológica,
que el aire de la noche ha ido cerniendo,
la vemos por la orilla recolectando conchas,
cristalillos pulidos,
escamas transparentes
que dejan en sus manos un rescoldo violeta:
la brasa aún no encendida
de esa forma sumaria de la luz con la que irrumpe,
desde sus fundiciones,
un sol recién nacido que bebe silencioso
de la leche del mar.

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