LA NOCHE OSCURA

»El Poeta sugerido: Francisco Madariaga

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Doliente de ti yo vi la noche oscura,
menesterosa y lánguida de alientos
donde el aura se esconde en la negrura,
triste noche sin alma, de locura,
que en su sordez no atiende mis lamentos.

La misma que me invita al desaliento,
reflejo fiel de sueños de amargura,
de ese instante febril, de ese momento
en que el presagio trócase en tormento
de agotadas tinieblas con suturas.

¡Oh noche obnubilada y misteriosa!
filósofa, alquimista que al ocaso
sombra del miedo, mala y tenebrosa,
lápida de inhumanos, esa losa
de hollín sucia y tiznada hasta el parnaso.

¡Noche ¡ay! sin un final que en la tiniebla
herida es por la ausencia de mi amada.
Yo pronuncio su nombre entre la niebla
mas el grito que emito siempre rebla
y el eco me repica y no oigo nada.
©donaciano bueno

En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.
San Juan de la Cruz

POETA SUGERIDO: Francisco Madariaga

Francisco Madariaga

AMANECER FLUVIAL

Nuestro amargo subtropical melancólico con
. boca de serpiente canta en el embarazo de
. los ríos.
Ponedle una flor de agua a su veneno,
a su circulación maldita y pequeña,
a su labor de vendedor de bananas a las orilla
. del río diario de azúcar, de sífilis, de
. sonido.

LA SELVA LIVIANA

1
El sonido de un tren que se ahoga en la catarata
de las hojas.
Al fondo de la selva liviana y los cocoteros se
hunde el nivel del llanto,
el peso entero de los sueños.
Peso entero del saco de perfume de la gracia.
Estoy entre la espada del paisaje y el ladrillo
caliente del olvido,
viajando con un ardor de joya y sangre.
Escuchando el aullido de mi candor: mi nueva
fiesta.

2
A paladas, silbatos.
El tren se encierra en sí al borde de los esteros
nocturnos.
Su polvo ciudadano tiene miedo a la gran humedad de la tierra,
al aire cálidamente eléctrico,
a los cisnes del negro vapor nocturno de la herida del mundo.

3
La imaginación arde envuelta en las ruedas
de un tren desorientado.
Bananas y bananas caen al aire.
Una mujer desnuda una escopeta en un templo,
roe lentamente en el anillo de su corazón.
Frutera de la desgracia, frutera del destino.

LÁGRIMAS DE UN MONO

Yo quiero cautivar tu desesperación, oh mono
adiós.
Tiemblas tanto en tus islas negras, oh mono
adiós.
En los embarcaderos el color encendido en tus
ojos tiene tanta fe.
Oh mono, retén el equilibrio de tu asombro.
Yo ya tiemblo en tus islas, mono adiós.
Tu odio virginal es idéntico a cuando se cruza
mi alma con el mundo.

REHÉN DE LA COLINA

1
Oh candoroso embriagado entre loros,
entre isletas subiendo hasta el nivel de la colina,
canta en tu boca el canto ardiente de otra boca,
y cuando la sangre sube hasta tus ojos es
porque están quebradas todas las fulguraciones
del sollozo en tu pecho.
Canta, viejo rehén de la colina.
Arde, candoroso de alcohol negro, que con palmas
salvajes tienen hijos que retornan al viento,
al gemido del clima en el olor áspero y cruel
de las arañas del estero,
en aquel paisaje de cristal desprendido del fuego.

2
Asombra al mundo en un paisaje de enero,
oh demente,
oh luz de la humedad.
Ah colgado sediento de unos ojos,
duerme, duerme bajo la luz del padre al otro
extremo del poder y la delicadeza.
En tus ojos la berlina del viaje amarillo arde
helada.
Beso tras beso el pasajero toca la raya de ácido
caliente del retorno.
Sé piadoso con el otro límite de tu fragilidad,
padre aletargado por el sol,
presión de la locura de una tierra suspendida en
la tela del agua y del fuego.

EL RIESGO DE LA VERDAD

Caes en mí como una brusca levedad del clima,
del agua,
de una oblicua y desterrada colina,
castigo delicado de un paisaje solamente hollado
por su propia demencia.
Mi desnudez asume así tu cálido cristal
y se destina más al fondo del celo con piel son-
riente candente de tu herida.
Adorada mía tapizada de rayos,
con tu colina bajando todas las aguas de la
locura.
Niña mía, con la boca cargada del esplendor del
plátano, alguien,
alguien tiene que depender del canto.
(de El pequeño patíbulo)

LAS JAULAS DEL SOL

I
¡Oh niño de la siesta, sentado hasta en el aire de tu odio!

Lujoso y verdadero rey del hombre que incendia, que
destapa, que acomete hasta en el velo natal el
arco iris de calor su gran serpiente, su gran corriente,
su profesión de ser arrodillado que se lanza porque
así lo quiere el agua, las comarcas subidas a las
hojas, todo lo recogido por las palmas por su gran
alimento, su corriente de dios, su arrancamiento
del seno de las joyas-mujeres.

Oh mío, pedazo de recuadro del mundo, recibido
antiguamente por las fieras: en nosotros se levanta
y camina, pero lo acosa el fuego -¡su velocidad
elimina!- hacia donde resoplamos nuestras galas
de enredos e todos los colores, los calores, los
olores y las grandes pestañas destruidas de mi tigre
en el corazón de una provincia.

II
Vengan allí a la casa del diamante calentado por
el agua, al huerto donde el hombre se recoge
para no caer del globo.

Un día, un paso, un día mil pasos, una bestia sueño,
pero con todos los amores permitidos por su amor.

Ni una pérdida.
No, no, tribu mía de mi raza. Raza de ganancia y de lujo,
acopladora, niveladora para el fuego, tambora para
los vientos dementes que saben adorar.

Tenía un camino de patos y de rezos. Al fondo, el agua,
luego, los ojos de los hombres con sus telas
flotando sobre el sol y aquí la misma marca
de globo entre las piernas ¡y un odio por lo estéril!

Oh madre de todos los amores, ven a mí, adórame con
tus hijas. Tiernísima del bosque, ven a mí, yo tengo
una bolsa de fuego cautivado por los gatos
monteses pegada sobre el labio,
¡reviéntame en tu olor!

Cortina de cuero y olor a ojos de infierno matándome
en el bosque.

No tienen puerta para huir los amores.

Círculo de sol repleto de pájaros; tranquilidad de María,
la mecedora de la tarde.
(de Las jaulas del sol)

NUEVA ARTE POÉTICA

No soy el espectral, ni el sangriento, ni el cautivo,
ni el libre, ni el trompudo de labios de lata, ni el
acordeón del mar-ayer, ni la blancura del futuro,
ni el bobalicón del espacio, ni la academia de los
astros, ni el planetario de las correspondencias.

Yo soy aquel que tiene los deseos del celo de la tierra.
Aquel que tiene los cabellos del lado del amor.
El peinador de los pocos retratos de la desgracia.
El cacique de la boca arrojada sobre el lecho de
la mujer que sangra.

¡Manantial para mis heridas!, que no son más que
cosas de hadas.
¡Buen beber para mis ojos!, que no son más que
sombras de desgracias, devueltas por el agua.

¡Loor terrestre a mis amigos y hermanas con temblores
de bocas de duraznos, besadas por el agua!
(de El delito natal)

EL CANTO NO POPULAR

Yo, el rastreador que ha dormido en los
atrasos de
la luna en los atajos peninsulares, y ahora
siento
el canto del desahogo, a través del
orgulloso coraje
oh mis pequeños seres del desamparo,
canto
mi canto con un lenguaje no popular, pero
cercano
a vuestros vestidos miserables
El vestido las telas livianas de las mejillas
despintadas
el olor de los motines talados de la miseria
siempre
en las flor del fuego del pensamiento
destruido
sin nacimiento en las coloridas y
espléndidas
organizaciones de las albas lujosas de todos
los días
de todos los montones de días ligeros y
azucarados
por las cañas dulces solares irredentas
ininterrumpidas feroces vivientes de la
irrectitud
siempre anárquica del espacio siempre
moderno
y siempre solidario con los cantos de las
invisibles
deidades y de los otros personajes reales
asombrados
de la miseria de los sucios paisanos que
encienden
el clavel del esperma nocturno sifilizado y
demente
y excitado por los cerdos.
Oh, en mi escenario, de rodillas. Cocinas
conteniendo
el aliento del dormido rencor en la palidez
del alba.
Oh, gente sin viajes, que no puede fumar
en el
fuego del universo su tabaco de miel
arrollada por
el invierno, su comida de humo bañando el
ligerísimo
mosquitero de rabia del color el color que
no trajina
por las camas y que sólo saluda a la sombra
con
sombrero del Ave María en el altar de los
santos
ensordecidos por los fétidos besos.
Oh, mí, el rastreador que ha dormido tirado
entre
los yuyos, entre la ferocidad joyal de las
palmeras
en el borde del agua, y de una cocina sucia
llena
de lechos sucios y de tarros con jazmines
calentados del ex-alba.
(de El asaltante veraniego)

CRIOLLO DEL UNIVERSO

El blanco océano gira en mi corazón
mientras canta el otro océano de
plata amarilla,
que se desprende de las aguas del sol.

Ya es muy tarde para ser sólo de una provincia,
. y muy temprano para pertenecer,
. todo,
. al planeta del venidero y sangrante
. resplandor.

Oh, acude a mí, a mi jerarquía de peón del planeta,
. gaucho con trenzas de sangre,
. mi padre,
y ensíllame el mejor caballo ruano del
universo:
para atravesar el agua de oro de la muerte,
. y escucharme,
. todo,
. siempre en ti.

El blanco océano solloza por la inmortalidad.
(de Resplandor de mis bárbaras)

LLUVIA EN LAS PIRQUITAS

a Leonardo Martínez

Va a seguir siendo mía la lluvia cuando yo muera,
todo va a seguir siendo mío,
el trueno conservará intacto su sonido casi negro,
y el árbol a orillas del corral gozará con ese trueno,
mientras el olor a presencia de la tierra en la lluvia
será el mismo olor de mi ausencia.
Así le sucede y le sucederá a todo lo que es pertenencia del planeta.
Entonces, a no gemir, mi lejano palmar, cuando yo muera,
porque somos un pormenor de presencia de lo inmortal.
(de Criollo del universo [2])

[1] Corrientes: provincia subtropical del noreste argentino

[2] Criollo del universo, Selección y prólogo Rodrigo Galarza, Pre-textos, Valencia, 2013.

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