LA VOZ DE MI CALLE

Mi Poeta sugerido: »Sagrario Torres

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Es la voz de la calle de una calle cualquiera,
una calle sin nombre, sin aceras ni esquinas,
sin cómplices silencios ni palabras cansinas,
de ruidos ahorcados pero sin carraspera.

Llueve sobre mojado sobre sus adoquines
de cemento marchitos, de zapatos sin huellas,
huérfana de suspiros de vírgenes doncellas,
ausente a los dos lados de malvados pasquines.

Huele a sueños perdidos que fueron pignorados,
casquivanos, perversos bajos sus grises nubes,
de tristeza dormidos, adornando querubes
de argumentos baldíos y pisos dislocados.

El alma de esta calle desahogada y fría
no tiene quien la rece pues que murió de pena,
que hasta su alma estremece. Fue injusta la condena
permitan que hoy le rece a dios su avemaría.

Que esa calle vacía la esperanza ha perdido,
sus luces sin candela ya no tienen ni sombras,
huyeron los paseantes, huyeron las alfombras
y más no queda nada que algún sueño dormido.

Que en sus lánguidas noches los misterios huyeron,
dicen las malas lenguas que embriagados de luna,
quizás fueran en busca de alguna otra fortuna,
quizás entre la sombra nostálgica perdieron.

Suponiendo que un día poder la retuviera
sentándola a mi vera con la filosofía,
aupada en mi regazo, con mimo cuidaría
al alma de esa calle hasta que amaneciera.
©donaciano bueno

Nuestro conocimiento es necesariamente finito, mientras que nuestra ignorancia es necesariamente infinita. Karl Popper (1902-1994) Filósofo inglés.

POETA SUGERIDO: Sagrario Torres

Sagrario Torres

ANCIANA EN RECOLETOS

En el pico de un banco está sentada.
No quiere molestar. No mira al frente.
No la turban los ruidos ni la gente.
La tela que la cubre está gastada.
Es blanca su cabeza mal peinada.
Veo de su perfil sólo un pendiente,
y un zapato sin brillo, indiferente
a la media tupida y descolgada.
Esta mujer de pena y de polilla,
en silencio por cuanto la atropella,
no ve cómo se acercan los gorriones.
Da su espalda a la Diosa de la Villa,
al Palacio de Comunicaciones,
donde nunca habrá carta para ella.

FALSIFICACIÓN DE MI FIRMA

¿Jueces, justicia?, sin cesar repito.
Ronca, impotente, voy por los juzgados,
peores que sepulcros bien sellados
que me cortan la voz cuando les grito.
Libres, impunes de su gran delito,
una mujer y un hombre, dos malvados,
mancharon con peritos sobornados
mi limpio nombre en cada verso escrito.
Montones de sumarios en espera.
Alguien con quien tropiezo en los pasillos,
puede sufrir mi causa infamatoria,
pensando que algún día Dios quisiera
que la invidente de los dos platillos
distinga bien el oro, de la escoria.

CONTIGO IRÁ MI SOMBRA

Bajo mi rostro a tu perfil yacente
que alumbra el lecho de tu alcoba oscura.
Un escarchado arroyo es tu figura,
y en ríos van mis ojos por tu frente.
Yo caliento tu helor inútilmente.
Párpados tuyos besa mi locura,
pómulos, labios de tu boca pura.
En fuego y frío estamos solamente.
Vienen tinieblas a envolver las luces
de tu cuerpo que asciende y que me deja
para siempre olvidada y consumida.
Contigo irá mi sombra. Cuando cruces
de nuevo un mundo de dolor y queja,
me alzaré como un monte hacia tu vida.

ÍNTIMA A QUIJOTE

Dime:
Si yo fuese a tu alcoba
en una noche clara,
desdoblado mi oloroso cabello,
y mis dientes brillaran
al borde de tus labios,
¿cómo responderías oyéndome decir: ¡Abrázame!?
¿Romperías las leyes
del gran amor que te sujeta?
Mas, no. No te provocaré. Intento vano.
Yo sé que aunque me encuadre tu mirada,
no me pinta el pincel de tu deseo.

QUIJOTE:
Te han amado los hombres.
Yo te amo por todas las mujeres.

ANCIANA EN RECOLETOS

En el pico de un banco está sentada.
No quiere molestar. No mira al frente.
No la turban los ruidos ni la gente.
La tela que la cubre está gastada.

Es blanca su cabeza mal peinada.
Veo de su perfil sólo un pendiente,
y un zapato sin brillo, indiferente
a la media tupida y descolgada.

Esta mujer de pena y de polilla,
en silencio por cuanto la atropella,
no ve cómo se acercan los gorriones.

Da su espalda a la Diosa de la Villa,
al Palacio de Comunicaciones,
donde nunca habrá carta para ella.

Contigo irá mi sombra

Bajo mi rostro a tu perfil yacente
que alumbra el lecho de tu alcoba oscura.
Un escarchado arroyo es tu figura,
y en ríos van mis ojos por tu frente.

Yo caliento tu helor inútilmente.
Párpados tuyos besa mi locura,
pómulos, labios de tu boca pura.
En fuego y frío estamos solamente.

Vienen tinieblas a envolver las luces
de tu cuerpo que asciende y que me deja
para siempre olvidada y consumida.

Contigo irá mi sombra. Cuando cruces
de nuevo un mundo de dolor y queja,
me alzaré como un monte hacia tu vida.

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