LOS PECADOS CAPITALES

»Mi Poeta aquí sugerido: Mario Trejo

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Es la vida para mí,
un dejar pasar el tiempo,
un recordar lo que fui,
lo que seré ni un momento
ya ocupa un espacio aquí.

Los pecados capitales
-placenteros, seductores,
pequeños vicios vitales,
traviesos, provocadores-
ni seducen mis andares
ni mitigan mis dolores.

Nunca fui muy perezoso,
como buen disciplinado,
y es curioso que este gozo
que no tuve en el pasado
ahora disfruto gustoso.

La gula no me acompaña,
-disfruté del buen yantar,
un buen vino y un cantar
a coro con la compaña-
¡sólo aspiro a recordar!.

Yo soberbio nunca fui,
al menos eso yo creo,
mientras camino yo veo
que el ego no anidó en mi
ni siquiera en el recreo.

Tampoco fui ambicioso,
ni avaro, ni codicioso,
ni me interesó el dinero,
pues si de algo fui vicioso
fue de reunir “te quieros”.

¿Qué decir de la lujuria?
Lo recuerdo vagamente.
Aquí tropieza mi mente.
Se me olvido de repente.
No admito ninguna injuria.

¿Envidia?, oh esa, la envidia!
¿al que tiene más dinero?,
¿a el que siempre es el primero?,
yo me descubro el sombrero
y sucumbo en esta lidia.

Y pongo fin con la ira.
¿Quien no ha soltado algún taco
alguna vez en su vida?
Me confieso timorato,
pero hay gente mal nacida,
se diga lo que se diga.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Mario Trejo

Mario Trejo

La poesía

Sí.
Porque sus labios nacen a la luz de mis ojos.

Cuando aparece su voz, su ritmo invulnerable, las cosas
le obedecen.
Sobre las miras adversarias, sobre el tedioso oficio de
temerle, están las voces sin reposo, las patrullas del
tiempo, las olas victoriosas.

Ciudadela de la oscura verdad que desampara al
hombre: yo soy tu prisionero y soy tu fugitivo.

¿Mi contraseña?
Ejercer tu silencio, solicitar tu estruendo.

Porque, ¿qué es entonces la poesía sino una fanática
consigna, una tensión entre los muertos y las profecías?

El cantante, no la canción

Alegría de renacer
en el bostezo de lo leído:
rumor del mar espuma de poesía

Me rebelo
elijo el olvido
me resuelvo en locura
en rugidos de cuerpo

Miro el ruido del mar tautológico
y entre canción y cantante
elijo al cantante.

Solicitud de clemencia

Yo sólo pido perdón
por haber besado las playas del Mar Rojo
haber visto las luces de Aqaba en el amanecer verde
haber tomado mate entre el humo de los asesinos
haber temblado ante el incesto
del pez piedra con las piedras
del sol con la belleza
de mis sueños con la realidad.

Yo sólo pido perdón
por haber inventado las montañas de Arabia Saudita

Helena de Troya

Mira el cielo, apaga el sol con su mirada y luego sonríe
al mar. Su interés es olímpico y descansa en las leyes
delirantes del universo. Incómoda real: serían necesarias
otras dimensiones hasta dar contigo. Esta noche dormiré
sin ti y luego acataré los ritos de la historia.

La Dama de Elche

De lejos llega la verdadera noche. Entre las mantas del
verano brillaban sus risas; de pronto, se detuvieron en la
mirada del solitario.
De lejos llega la verdadera historia. Ella se unió a él como
a la vida. Persiste, se adhiere a sus recuerdos, va dejando
de ser, desaparece.
Se convierte en su nombre.

De puño y letra

Me doy por vencido.
La religión la mafia
la política y el fútbol
el ejército y la moda
mueven más gente que yo.

Son millones o pocos
pero totalmente decididos
al todo por el todo.
Yo sólo tengo que ver
con las pequeñas multitudes
de un cine de trasnoche
con la soledad de los jugadores
que ofician una partida de ajedrez
con la tibieza de algunos mujeres.

Leo
vuelvo a ver una vieja película
hago noche en Coltrane
y estiro el brazo y acaricio a mi bella
que fuma y ahora me convida.

Saudades portátiles

Cuando uno deja una ciudad
noche de olores negros
enroscada en escaleras
que conducen al infierno
donde un hombre solo
cuenta sus días hacia atrás y adelante
y una mujer nada contra la melancolía

Cuando uno deja una ciudad
callejones húmedos
umbrales sospechosos
habitaciones de espeso mal aliento
con una sola ventana sin visillos
por la que sólo entran los eclipses
el sol negro que alumbra a los poetas
y los amantes crujen y chisporrotean
como baile de ausentes en una casa abandonada.

Cuando uno deja una ciudad para siempre
y el estampido del adiós suena en la boca
como un delicado suicidio.

Cuando uno abandona
podría decir
y uno abandona y otro es abandonado
y nadie a quien mirar atrás
o solamente una persona única
que no alcanzamos a ver entre la multitud
y el avión comienza a corretear por la pista
entonces
el poema ha llegado a su fin
y uno sabe que nunca habrá de escribirlo
Todavía

Esta agitada vida

Esta agitada vida
me gruñe como un perro.

Esta agitada vida
me ladra como un perro.

Esta agitada vida
me muerde como un perro.

Esta agitada vida
me lame como un perro.

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