MAYO DEL 68

»El Poeta sugerido: Pedro Provencio

 

Aquellos, entonces jóvenes, que un día
de mayo del sesenta y ocho en primavera,
en el templo de las ideas de la Universidad de la Sorbona de París,
invocaban a la diosa libertad, bajo el lema “prohibido prohibir”
prometiendo al mundo cambiar su vida y transformar la sociedad a su manera,
esos mismos, algún día llegarán,
traicionando sus otrora loables principios altruistas,
se colocarán los primeros en las listas
y, si dejas, tus ojos sacarán.

Querrán establecerte una mordaza,
apoderar de tus deseos a soñar,
quitarte tu derecho a protestar,
impedir que puedas hablar de hablar,
anular tu personalidad a la hora de pensar,
y, aunque tú no te lo creas,
los mismos que antaño se autoproclamaban pomposamente líderes de izquierdas
y hoy, burgueses, nadando en la opulencia,
si tu forma de ver la vida no se ajusta a sus ideas,
si a sus consignas y soflamas no les rindes obediencia
por todos los medios a su alcance tratarán de no dejarte ni siquiera la esperanza.

Intentarán impedirte, amigo mío,
que al amanecer disfrutes corriendo en la pradera,
revolcándote entre la hierba tempranera,
fotografiando las inocentes florecillas,
irte dando un pequeño paseíto hacia el río,
en él descalzarte y, aunque haga frío,
meter los piececitos poquito a poco hasta mojarte las rodillas
y dar gracias a dios por tantas maravillas.

Y no soportarán,
y para ello, sin ningún problema de conciencia, violarán
tu intimidad al amanecer cada mañana
penetrando, sin tu permiso, en tu habitación por la ventana.
Y sin chistar, les deberás rendir pleitesía
y agradecerles por hacerte ver lo que sin su ayuda tus ojos no verían.

Son unos pocos
y aunque no locos,
es tanto su prepotencia y arrogancia
que nada menos que se autoproclaman representantes de todos los humanos,
nobles y dignos. Se presentan como hermanos
de los mas pobres y desvalidos de la tierra
y que por ellos y solo por ellos están en son de guerra.

Y aunque todos juntos sólo son
insignificantes estrellas fugaces en la noche de los tiempos
pues su bagaje a lo largo de la vida es tan escaso
que muchos, estudiantes sin trabajo,
hacen alarde de disponer de lo único que tienen, su predicamento,
pero no poseen nada que puedan aportar con el ejemplo.

Repartir es su única obsesión,
el capital al que ellos dicen odiar tanto,
desvistiendo a unos más ricos para a otros santos vestir
y así a carcajadas del resto de los parias se reír
siendo ellos los organizadores y los únicos beneficiarios del evento.
©donaciano bueno

Se conoce como Mayo francés o Mayo del 68 la cadena de protestas que se llevaron a cabo en Francia y, especialmente, en París durante los meses de mayo y junio de 1968. Esta serie de protestas fue iniciada por grupos estudiantiles de izquierdas contrarios a la sociedad de consumo, a los que posteriormente se unieron grupos de obreros industriales, los sindicatos y el Partido Comunista Francés.1 Como resultado, tuvo lugar la mayor revuelta estudiantil y la mayor huelga general de la historia de Francia, y posiblemente de Europa occidental, secundada por más de nueve millones de trabajadores.2 Estuvo vinculado con el movimiento hippie que se extendía entonces. Hoy sus líderes, abdicando de sus principios, no son más que unos putos burgueses del montón.

¿Conoces a Pedro Provencio? Lee/escucha algunos de sus poemas

Pedro Provencio

HOMERNAJE AL MATERIAL MEMORIA

Para decir lo justo
hay que decirlo todo
y arriesgarse
a que el exceso minucioso hiera
exactamente donde
la voz coincide con su propia historia.

Porque el lenguaje tiene una justicia
ilimitada.
Y no perdona a nadie.

Fronterizo

 Aquí está el cerco.
Acaba de cerrarse, justo a tiempo
de evitar que te quedes dentro o fuera.

          Se han cumplido tus cálculos:
giran las huellas pero no los pasos,
y si se reconocen no se encuentran.

          Sigue adelante,
ahora que para ti se ha hecho habitable
la perpetua frontera

          entre la dispersión y la presencia.

Luz en desarmonía…

Luz en desarmonía
entre las dos imágenes que emergen
del blanco incuestionable.

Dos surtidores que al mirarse
pierden identidad y se vacían
hasta quedar a la intemperie

de su sed. Ya no pueden
resolver ni eludir la interrogante
mutua que los confina

en un nidal de transaprencia crítica.

Es el vacío explícito
de la mirada lo que buscan
las manos a lo largo de la piel.

No hay más respuesta ni más rumbo
que los ojos mirándose
desde la sombra de la lucidez

para hacer segregar a todo el cuerpo
jugo de voz, y a toda la presencia,
forma de solo ser

el instante que, en vez de pasar ve.

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