MI CIELO ES..

Mi Poeta sugerido: »César Poveda

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Mi cielo nada tiene que ver con las estrellas
ni tan siquiera mención hace con dios. Mi mundo
lo construye este sentir grandioso y tan profundo
como lo es el placer de gozar de cosas bellas.

Que el derecho a ser feliz no exige volar alto
pues basta con proyectar nuestra alma en el espejo
andando hacia adelante y obviando ser reflejo,
los pasos dando firmes, sin miedo al sobresalto.

Mi cielo es tan sólo mío y no lo presto a nadie,
no tiene justiprecio, por eso no lo vendo,
con nadie lo comparo mas a otros no desprecio.

Me doy por satisfecho con que bonanza irradie.
Y pues que este negocio me renta un dividendo
le tengo un gran amor y profeso un gran aprecio.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: César Poveda Valdivieso

César Poveda

Donde estén…

¿Ya se hicieron uno con el recuerdo?
hasta sus recuerdos pretenden enterrarlos,
díganme si me escuchan,
díganme que se encuentran en algún lado.

Respondan cuando ustedes quieran,
al fin y al cabo los seguimos esperando,
mientras, buscaremos sus huellas en mis dedos;
mientras, imagino tenerlos por un rato.

¿A qué saben los abrazos que no pudieron abrazar?
¿de qué color son las sonrisas que no pudieron dar?
en vez de eso los casaron con la ausencia,
los hicieron elegía perfumada con nostalgia
en procesión lamentada de los mil supuestos,
en la esperanza convaleciente de su encrucijada.

Que las mentiras no corroan sus cuerpos,
que la barbarie no cale en su fugaz mirada,
que sus carniceros encuentren algún castigo,
¡castigo, en sus rostros de blanco y negro!
que la cobardía no perdure jamás hasta mañana.

Los susurran como el más contado de los sigilos,
y preguntan dónde quedaron plantados sus sueños;
¿dónde más van a estar?
¡si recorren cada calle del país entero!
en las muertes que evitaron al ser desaparecidos,
en otras risas que evitaron su destierro.

Su historia sigue siendo la inconclusa;
resulta que los chacales son los inocentes;
resulta que ustedes jamás vivieron;
que todo fue un juego de nuestras mentes.

Santiago, ya todo pasó,
ya no llora más tu hermano,
Andrés, tranquilo,
que estamos buscando tus pasos.

Ustedes: los hijos de los que no olvidamos,
la lágrima provocada por el tirano,
una verdad que no quiere ser parida,
las dos únicas golondrinas que hicieron un verano.

Aún inquirimos su última alba,
cuadro de acuarelas de engaño,
cárcel de la vida de su familia,
allá está mi alma y mi corazón…
con ustedes,
quizás en Yambo.

Si es que están,
donde estén,
como estén,
dicen que lograron desaparecerlos,
sin embargo yo todavía los respiro;
dicen que lograron esfumarlos,
sin embargo yo todavía los miro.

¿Aún están?
¡pero por supuesto que están!
indelebles, impolutos, intocables,
tatuados en la retina del alma,
ceñidos a la esfera de lo impostergable.

Si es que están,
donde estén,
como estén,
al consagrado Tártaro iremos si es preciso
a arrancarlos de las agrestes manos que los tuvieron,
a acariciar cada uno de sus pequeños rizos;
ya duerman niños míos,
ya duerman al son de nuestros latidos.

Solines

Compañero ausente por imperceptibles espacios;
camarada de hasta luegos sin despedida,
el agnado que regresó más rápido;
el alquimista de tiempos en risas.

El quimérico de la objetividad tras bastidores,
el viajero que viste a Montaña de luto,
cuando aquel huye a sus espaldas,
mientras ella pide que no se vaya,
¡no sin tomarse un último ron!
uno con sabor a madera y poeta,
mientras bailamos penas invisibles,
zumbando hielos en todas sus veredas.

Confesionario obligatorio de alguna lágrima,
institutor de las resacas curtidas
marinando jaquecas huyendo al día,
el mejor de mis amigos,
el relicario de sinvergüencerías,
el más sincero de mis críticos,
rapsoda y sabueso de mentiras.

El apellido hecho sinónimo de lealtad,
carajillo al son de una puta amanecida,
la tinta del tintero de esta sobria bohemia,
la prudencia de la bala lanzada y jamás perdida.

¿Te acuerdas que galopamos las de Caín?
yo recuerdo el consuelo perpetuo de tu abrazo
¿te acuerdas que fuimos y somos nuestro Abel?
recuerdo que esta vida te bautizó como mi hermano.

La religión que yo quiero

Tus caricias son rosario de mis rezos
acordonando noches de cofradía,
rogando tu desnudez por mis días,
al misterio guardado de tus besos.

Tu mirada es la letanía de mi alma
repetida por tu corazón desenfreno,
por la liturgia transcrita en tu espalda,
por tus dogmas nocturnos en destierro.

Tus pasos son los salmos de mis éxodos,
tu compañía: consagración de mi vida,
yo seré la encíclica que santifique tu sonrisa
y el amor comulgado en carboncillo cielo.

Tu presencia será apostolado de mis días
y mi bautizo, el costado de tu aliento,
seré vicario de tus altísonos secretos
mientras te adoro por mística guerrilla.

Mis gustos

Me gusta encontrarte de madrugada,
en el rezago de nuestros refugios,
en el lapicero que dibuja tu espalda,
en la caída de todos tus muros.

Me gusta dormir contigo
y ser el espejo de tu mirada,
confesión desnuda al delirio
y corazón entregado a tu almohada.

Me gustas recostada en mi hombro
sentada a la rivera de primaveras,
mientras te relato luceros de fondo
en el óleo del amor en frontera.

Me gusta ser tu beso de vereda
y llevarte por adoquines de utopía,
mientras te pregunto por quimeras
o si vas a descobijar mis fantasías.

Me recuerdas

Me recuerdas un poema nunca escrito
como el hijo que jamás engendramos,
aquel viaje proscrito al pudimos
y un largo vals jamás bailado.

Me recuerdas ese universo perdido
y mi ser huérfano de tus manos,
una carta narrando un muerto latido
y un teclado asignado a este bárbaro.

Me recuerdas tu imposible olvido,
la calle que no caminamos descalzos,
el empleo de las risas sinsentido,
el tormento de no tenerte a mi lado.

Me recuerdas ese tren, perdido,
una página en blanco de este extraño,
la sobriedad de un ron que grita al oído,
y el alba que ya no te ruega un te amo.

Mañana miel

En este momento te amo,
te amo hecha fuego en candelabro,
te amo en mi soberanía por hacerlo,
te amo en roces no abroquelados.

Te amo sin una supuesta causa real,
dirán algunos sin motivo aparente
pero ellos no conocen nuestros pábulos,
sólo sabrán que te amo sencillamente.

Te amo en tu convención de ternura,
en la impía desaparición de tu cuerpo,
te amo sin invitar a la cordura,
tomada de mi mano sin rumbo cierto.

Te amo en los dominios de mi calma,
en mil miradas cotejadas a besos,
en la huella de tus pisadas;
te amo mía,
te amo tuyo,
te amo siendo nuestros.

Te amo con relojes sin tiempos,
con esa lógica de quimeras,
te amo consonante en el viento
y en el deambular de nuestras sendas,
te amo con atronador sentimiento
desde que me invitaste a tu existencia.

Te amo en los disparos de tus ojos
y en mi ser aherrojado de tu piel,
en la fuga no avisada de tus besos,
te amo antes,
te amo ahora,
te amo en un mañana miel.

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