MI MOCHILA/

Lourdes Gil (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.

 

Al atardecer de un día
lánguido del solsticio de septiembre,
cuando el sol se oculta al fondo allá en la lejanía,
el susurro del aire sopla de relente,
con mi mochila al viento y en la mitad vacía,
tarareando una sencilla melodía
voy caminando pasito a paso por la orillita mía.
sin pararme a pensar ni ser consciente.

Camino sin rumbo fijo, lentamente,
procurando no pisar las florecillas
que me saludan a lo largo del paseo por la orilla,
entre los pinos y abetos de mi mente.

Ando preso de mis miedos y aun no sé hacia donde,
mis cansinas piernas ya no aguantan la pena del camino,
clamo al cielo y el cielo me responde
con una fina lluvia que inunda mi destino.

Poco a poco nublando va el sentido
justo cuando la negritud percíbese en la lontananza,
la tarde va cerrando sus ojos, el camino,
la brisa a la vieja usanza me muestra su cariño
mientras que las colinas me cubren de un manto de nostalgia.

Hoy lanzo al olvido de mi mochila la pesada carga
y así aligerado intento agarrarme a la vida fuertemente.
Arropo mi cuerpo y un hilo de esperanza
de arribar a la fonda a disfrutar de la pitanza
hasta que el destino decida si debo descansar eternamente.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Lourdes Gil

Lourdes Gil

FATA MORGANA

Si lo que dijo Kafka fuera cierto
—que algunos han logrado sobrevivir el canto de las sirenas
pero que nadie ha sobrevivido a su silencio—
entonces debo estar agradecida a las deidades que nos rigen.

Pues a pesar de haber abandonado tierra firme
de haber zafado las cuerdas del almacigo en el puerto
para lanzarme en pos de los clamores de sus voces
(remolinos ubicuos que ensordecen en la noche
y no parecen brotar de sus gargantas)
a pesar
de haber perseguido los blancos brazos espectrales
de Loreleis desmelenadas en lo alto de las rocas
entre marinos vendavales.

A pesar
de haber flotado a la deriva en la negrura del océano
haber visto apagarse el resplandor del coro
y como cesaba el aleteo de sus manos.

He sobrevivido al canto de tu amor.

Y quizás (como afirmara Kafka)
no habría sobrevivido
al silencio del cielo
al del mar sin magias y sin aves
sin destino.

LA MEMORIA NO ES UN METEORO

La memoria no es un globo luminoso
que olfatea como demonio antiguo los oleajes.
No es vuelo zigzagueante que aturde
como un vino.
No nos envuelve con alas de relámpagos
ni con follaje de rugidos. No acecha en los aleros
ni ríe la risa de metal de las constelaciones.
No se agita en el fondo de las zanjas
ni silba desde la alta hierba.
No es un planeta engolfado en el espacio
como mota de ceniza en la negrura.
No es tiempo fraccionado en pentagramas
ni hielo derritiéndose en la lengua
que cierra y entumece las papilas
La memoria no es pan azucarado
que un zumbido de moscas se disputan.
No es estruendo de vidrio que hiere los sentidos.
La memoria no es súbito apagón ni cauce
de humo.
No es brasa que persiste en la vigilia
ni pánico en la gota de rocío.
No es catedral ni códice ni furia.
No es un viejo relato
que con palabras nuevas se engrandece.
No es surco inacabable ni liebre que a su paso
estruja las gardenias que gimen voluptuosas.
La memoria no es el alfiler de oro
que Martí hallara dentro de una roca.
No es pulmón de torcaza ni garganta de tigre.
La memoria no es puño que amenaza
ni remo que se moja. No es neutrino
reproduciéndose en las células del párpado.
La memoria no es aquello que habíamos
entendido.
No es nada ni nadie. No navega
para llegar a tiempo a todas partes.
No tiene eco ni asfixia ni nos mira.
No guarda ganado. No respira grandeza
ni se anuncia. Se escabulle de Proust
en su recámara de corcho se cuela en su balcón
del Boulevard Haussmann roba su estilográfica.
Tras los nimbos apaga con un soplo
los ojillos de nácar de los ángeles.
Se cala a la caída de la tarde
su capuchón de sombras. La memoria
no se oculta enmohecida en la buhardilla.
No es un reloj de arena cuyos granos
se adhieren al cristal. No es signo apocalíptico
ni brazos extendidos. No es faldellín
ni pétalo entreabierto.
No es cuello de góndola de un cisne
ni su portentoso pico. No es un cachumbambé
que se confunde en el arriba y el abajo.
No es la copla prohibida de tafetán violeta.
La memoria no es un monte ni es
un abanico de plumas. No es cucurucho de maní
ni laberinto de Creta. No es la loseta
que la lluvia empapó en un croar de ranas.
La memoria no es un meteoro sin rumbo
ni un aerolito que rasga la capa del ozono.
No es bólido de fuego
que abre en Holguín un cráter
y un agujero en la Siberia.
No es una cicatriz incandescente del espacio.

CANARIEDAD

Gracias por este corazón
porque antes que los vándalos
descendieran sobre Roma
mucho antes
de que los berberiscos tomaran posesión
de los celajes y la niebla
antes que hollaran el polvo gris y las arenas
y transformaran
en constelación marina el archipiélago
tú invadiste
estas islas secretas
te acercaste
a su más profunda sima
y fecundaste
la raza de los guanches.

AMELIA EARHART ESTUVO EN CAMAGÜEY

a las hermanitas irlandesas, Mayra y Aymara, y sus horas felices

Todo fue así:

Desde lo alto vislumbró Camagüey
como piedra preciosa sin tallar.

Iridiscente el sol casi se ponía,
se apagaba su esfera de tonos naranja
fundiéndose con el anochecer.

Divisó Amelia tejados sin límites
cabalgata de luces
caravanas de hierro forjado en ventanas indómitas.

Dió un giro al timón
y se adentró en la noche como ave silenciosa
ojos irreverentes, herido el corazón.

Pudo haber vuelto.

No regresó jamás.

Años después,
poco antes de desaparecer sin rastro en la Oceanía
rescató del olvido la visión fulgurante,
el dulce paisaje
del antiguo reino de Camaguabax.

El extravío

a Juana

Vengo de Tordesillas
me extravié al escapar
el peligro me acecha en todas partes
veo en sueños
las espuelas que se clavan al relincho
tras los árboles
se oyen gritos soeces en la oscuridad
jadeo entre mis ropas desgarradas
era un ovillo sobre el fango
nada me cubre ahora
permanecí oculta durante muchos años
y finalmente he entrado a la ciudad
los que me traicionaron
no me pudieron encontrar
soy la reina que no harán enloquecer
madre ni padre hermano o hijos
menos que nadie mi marido
el de los ojos lánguidamente hermosos
muerto o vivo
soy la escabullida de la historia
la eterna fugitiva
la pieza que ha de faltar en el relato
el personaje que no habrán de apresar.
del libro, “Anima vagula” (Editorial Verbum).

FINISTERRE

Quería preguntarte
si existen túneles entre las estrellas
si en tu noche total hay lapsos que engullen los relámpagos
si ves tábanos de luz.
Quería decirte que amanece
aunque te has ido
y que el asta violeta de Amaltea
hiere mi lengua embadurnándola
de mosto, sal caliente, hambre de dos.
Quería preguntarte, sobre todo,
si te alcanzó el diluvio de las piedras
el caos febril, la despedida,
la locura de Pound que ambos supimos era falsa.
Quería saber si tus oídos
abren su vuelo ante la curvatura del espacio
si alguna música te llega (Bach mas que nada)
si te perturba el anillamiento de las aves.
Quería preguntarte tantas cosas.
Si sabes que el amor imita tus delirios
trastorna el orden de la vida, sus deleites
y en vano enciende cábalas y pozos y simientes.
Quería, finalmente, preguntarte
como haces
para que siempre seduzcan verbo y poesía
si desde donde ahora en libertad padeces
ves como se desliza tu barro incandescente
por las cálidas combas de mis manos.

 

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