AQUELLOS PINARES MÍOS/

Javier Lostalé (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Ese bosque verdiseco solitario
donde al pino le amamanta la hojarasca,
-secas hojas de tamuja y de carrasca-
son la alfombra que da lustre al arbolario
como el vino que embriagando va a la tasca.

Y ese olor que se desprende en la resina
que se torna en el ambiente solidario
y convierte al más insigne santuario
que yo guardo desde niño en la retina,
una joya a proteger, un relicario.

Y el paisaje sigiloso y resignado
y el susurro que acompaña a la calima,
meditando van silencios por la esquina
de ese fuego que un buen día fue apagado
a la espera de que llegue un mejor clima.

Ese es el tiempo al que rindo hoy pleitesía
mientras oigo repicar al campanario.
Voy quemando mi añoranza, ese calvario
del que siente que por allí anduvo un día
y, agradecido, hoy bendice al escenario.
©donaciano bueno.

Comentario del autor sobre el poema: Yo, ahora entre naranjos, echo de menos ese olor a la tamuja seca y la resina de los montes y pinares de mi infancia de Castilla la Vieja.

POETA SUGERIDO: Javier Lostalé

Javier Lostalé

DESTINO

Estoy triste
para desde la purificación de una empañada nube baja
decirte que te amo.
Y volver en lenta despedida de los seres y las cosas
al principio indivisible de tu nombre
convertida mi vida en crisálida de lo que te llevas mientras te alejas.
Estoy en sombra tuya,
con esa sabiduría con la que el alma tiembla en la mirada
cuando los ojos están radiantemente nublados
en un pequeño bosque de lágrimas.
Estoy quieto, retrasado en la luz de tu memoria
para decirte que te amo.
Soy la memoria sin ti
de todo en lo que me fuiste creando,
el lugar herido de tus pasos;
por eso crece en mi sangre la rosa silenciosa de no buscarte
al mismo tiempo de decirte que te amo.
Estoy al lado de lo invisible
que respira desde un corazón en llamas
mientras un doble silencio blanco
de tu imagen dolorosamente me separa.
Sin territorio a ti me abrazo
para decirte que te amo.
Estoy, pasados los años,
en el mismo día de tu anuncio,
cuando quemaste mi pecho
con tu hora transparente.
Por eso sin tiempo te recibo
en mi propio aire asfixiado,
y en soledad te resucito
para decirte que te amo.
El horizonte de este poema
es ya, amor, tu misma lumbre sostenida,
el resplandor de tu ceniza.
Y el escribirlo ha sido, amor, sellar contigo mi único destino.
(De Tormenta transparente)

EL HUECO

I
En el hueco que separa dos cuerpos desnudos
hay un cielo pálido de mañana cansada,
una circulación húmeda de silencios
pues labios en cenit aún fulgen desligados.
No existe distancia entre dos cuerpos desnudos,
sino sólo un primitivo pulso sin historia,
un envión de nube táctil sin rostro.
Todo se hunde en la maravilla aplazada de su término
mientras las palabras se apagan entre latidos de mercurio.
En la pequeña asfixia luminosa sucede entonces el mundo.

II
En el hueco que separa dos miradas
crepitan las ramas mojadas del deseo,
y amanece una marisma de vuelos encendidos
que pronto se desvanece en humo azul
donde tiembla, virgen, la respuesta.
No existe distancia entre dos miradas
sino sólo aire suspenso en su envío secreto.
Nadie nunca sabrá quién primero conquistó tan frágil dominio.
Nunca nadie dirá lo que ni la inocencia supo.

III
En el hueco que separa dos silencios
algo se clausura con debilidad de rosa,
mientras la tristeza fluye como un astro de luz fija
que besa la memoria con los últimos sonidos.
No existe distancia entre dos silencios
sino sólo el espacio transparente de una lágrima,
la sepultada aurora del vacío.
(De Tormenta tansparente)

CUÁNTO DE NADA

CUÁNTO de nada he recibido
cómo en el contraluz de una hoja
mi pensamiento toca
el soplo carnal
de tu luna creciente.
Cuánta donación sin hora
me traslada a su solo arder,
a un tiempo sin alba
donde canta todo lo que existe
sin necesidad de despertar.
El aroma de una rosa
colma mi pecho de eternidad,
y cualquier despedida es un sueño
que no cesa de alumbrar.
Aunque ninguna palabra salve
tanta íntima orfandad,
temblando queda su música
transpiración de lo que fuiste
en tu otra vida sin mí.
Nieva en dulce silencio
todo lo que ya no está,
mientras mi memoria en tu olvido
es una estrella apagada
que amante aún brilla
más allá de tu cegada luz solar.

El peso de la palabra

El peso de la palabra
no lo mide exenta balanza de plata
ni son sus letras jaula mágica de sonidos.
La palabra alimenta su raíz
en el hueco de soledad entre dos miradas,
o se despeña por el talud alegre de un pecho
y rompe así su claustro de locura enamorada.
La palabra no es lo puro que ignora
y destella sin relámpago de venas,
la palabra hunde su arco de aire
en el limo de una voz en ruinas
que por su geometría transparente
asciende grave callar de oscuro despojo
y se salva en el alto misterio
del cálido nido de otra voz.
La palabra de pronto escuchada
no es arco iris de humo,
sino que embaraza la sangre
con un descompensado pulso de paloma
y retrasa el reloj de la vida
con los latidos invisibles de lo que su sonido anuncia.
La palabra es techo para el desierto corazón nevado
donde tiene su tumba el ala azul de la infancia.
Mina es la palabra del amante,
insondable maravilla en la que otro ser palpita.
Panal de silencio es cada palabra
hasta que los encendidos labios del pensamiento
empujan su aurora de miel, o su aguijón de hiel.
Pobre o rica, venga siempre la palabra
aunque nadie la espere.
Que la sombra de su luz
proyecte su estrella radiante
en nuestra eterna sombra.

CELEBRACIÓN

Todo lo que alguna vez amaste
te invita ahora a desnacer
para sin memoria de su ruina
en su eternidad celebrarlo.
Todo lo que alguna vez recibiste
en su lunación aún perdura,
celébralo también
antes de que se apague
su fuego nupcial.
Deshabítate hasta reconocerte
en el tesoro de tu soledad,
y allí vivir ofrecido
a la luz quieta
de un rostro sin amanecer.
Levanta un reino solar
entre los harapos de tu corazón,
y que nadie te acompañe
en el tiempo sin hora
de tu sueño total.

NO BASTA

No basta tu súbito arder en otro cuerpo,
es necesario que, después,
tal fusión se prolongue
en un silencio prenatal
donde la conciencia te revele
si hubo semilla, o devastación.
No basta habitar palabras
como luceros ausentes
en su misma luz desvanecidos,
sino que te fecunden
dentro de otro ser.
No basta una mirada sin lumbre
ni paisaje detrás,
sino que en ella encuentres
el hondo acogimiento
de quien te recibe
hasta encarnarte.
No basta el astro mudo de un rostro,
sino que necesitas ser víctima
de su más secreto trastorno.
No basta vida ni saber
cuyo sentido no nazca
de su propia muerte.

REGRESAS

La luz que envuelve hoy tu casa,
mientras a ella regresas,
es la misma que un día te borró
en la dicha pasajera de saberte amado.
Tanto es así que no eres tú
el que ahora en soledad camina,
sino aquél que nunca acabó de llegar
extraviado en el único paisaje
de la memoria encendida de otro ser.
Por eso un momento te detienes
para, separado del mundo,
escuchar de nuevo la voz
de quien ya no existe,
pero que ahora te otorga
el don inmortal
de volver a nacer dentro de su olvido.

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