NADA ES LO QUE PARECE

Poeta sugerido: Juan Gallego Benot

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(la naturaleza)
El sol, un globo es dorado,
la luna un disco de hielo
a el que han mordido un bocado
que menguante han desgarrado
de la calva de su pelo.

(la inteligencia)
La mente, un verde arbolado
que en sueños, soplos de anhelo,
su pesadumbre han llorado.
en el río evaporado
para encaramarse a el cielo.

(la imaginación)
Y si el caballo es alado
una garza, una avestruz,
luz de una tarde sin luz
que el pensamiento ha nublado.
viendo tan solo al trasluz.

(el destino)
La suerte que a cara y cruz
se ha de la trena fugado,
detrás de un rayo de luz
se ha escondido en un juzgado
y ha sacado su arcabuz.

(la muerte)
Pobre luna sin oficio,
triste sol, ya no apareces,
ya no nos quedan ni vicio
nos vamos al precipicio,
nada es ya lo que parece.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Juan Gallego Benot

Juan Gallego Benot

PLURALIDAD DEL NOMBRE

Yo he podido recorrer
por ti todos los campos,
todas las amplias nubes fronterizas,
la mar hastiada de molicie,
el llano fierro inoportuno.

He cantado al blancor
y a la dulzura del mundo,
he dicho que podría
dar el alma por ti
y tantas cosas.

Hoy, que el sol
relumbra amenizando
el más terrible verano,
podrías ser cualquier otro:
mis cantos son tan generales…
Aún puedes ser
cualquier otro en otros ríos,
otros días intranquilos,
calurosos y tristes.

POEMA XV

Las flores de la tarde:
un vuelo juvenil de la nostalgia, el precio
del petróleo siempre firme en estas lides.
No pasará nada: será
un mito feroz, hoy una máscara,
cuadro del hogar viejo, tranquilo
y feo. Dos flores, o un jardín
demasiado colorido para estas paredes,
una firma agigantada, un río
u ocaso que clarea el campo.
La fugacidad o el amor. Una muerte que aún
no conocemos —tenemos veinte años— amamos
y así vivimos, a pocas letras,
en el rincón donde habitan otras nubes.

POEMA XVII

Si pudiera darte un hijo
con tus ojos y mis manos
no sería más cercano en este sitio
que este joven rostro moreno
tan solo en un rubor aún desconocido.

Sus dedos no asirían la vida
con tanto amor como este ser
tan lleno de nosotros;
¿serán sus ojos caña verde o rama dorada?
¿Tendrá su frente el brillo del trigo?
¿Recibirá la herencia del carbón nocturno?

¿Podrá mi hijo alcanzar los árboles
con su brazo fuerte?
¿Sabrán sus manos a la luz santa del río,
hablará la lengua de los ardientes leones?

Será su milagro un ruiseñor tranquilo,
su voz será la esperanza de la tierra.
Sabrá amar,
sabrá decir que es amado.

POEMA XXVI

En octubre vuelan como un rito
y buscan lugares buenos. Allí
esperarán a que la tierra les sea
plácida. ¿Dónde estará mi cuerpo fatigado?
Resguardado de sí, encerrado
en la ficción de este amor que ya no existe:
sabe
que no vendrán tiempos mejores
(hace siempre mejor tiempo en tus moradas).
Y sin embargo cada día una voz nueva,
cada día un tímido recuerdo de la virtud
del aire, y sin embargo
tu vientre acariciando mi vientre:
confío en tu venida, estoy despierto.

XXIX

Estoy hablando contigo
entre los árboles.
Tu voz es el recuerdo.
¿Sabré volver? La lluvia
que me descubres dice
mi nombre. Señalas
y nombras todas las cosas.

Sabré vivir mejor, con este cuerpo
nuevo que se me ha dado.
Conoceré de nuevo
(de nuevo me explicarás)
los amplios misterios
y reirás conmigo:
pero ahora yo sólo conozco
el olor del viento en este bosque.

Sobre un poema de Steven Matthews

Hoy, que te pareces más a Lázaro
en tu vida a medias conseguida,
imagino tu cuerpo limpio y claro,
con ese brillo de la calle cuando la cera
la cubre. Y te supongo aquí, en esta casa
que es ahora templo, cueva, campo abierto;
imagino tus manos mientras, lejos,
una campana anuncia que un día como hoy
suelen suceder algunas cosas.

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