OH, DIOS, NO TE COMPRENDO

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No te comprendo, dios, no te comprendo,
ni comprendo a este mundo y a sus guerras,
que nunca acierto a ver lo que tú encierras,
si dices la verdad o estás mintiendo
o eres malo, tan malo que me aterras.

¿Por qué, si tú eres uno e indivisible,
hay otros que se arrogan el derecho
a hacerte pupa a ti. Y así que, horrible,
no sepa a quien creer? Que inamovible
me acerque hoy hacia ti con mi despecho.

Dios, tú, pobre dios, que nos hiciste,
a tu imagen real y semejanza.
O es que poco después nos confundiste
y en nuestro corazón creaste un quiste
o hiciste atravesar con una lanza.

Si nadie ha de tomar tu nombre en vano
¿a qué viene levanten tu bandera
los que quieren reivindicarte? Hermano,
ese es mi dios, de apodo ciudadano,
el resto aquí será lo que dios quiera.
©donaciano bueno

 

La noche oscura – San Juan de la Cruz

1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

2. A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

3. En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

5. ¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

6. En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

8. Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

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