PARQUES DE LOS RECUERDOS

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Esa tarde llovía y me pediste:
¡ven conmigo, voy a ver a mi padre!.
Recuerdo como a un taxi me subiste,
la foto aquí la guardo sin descuadre.

Tres ramos, tres, llevabas en tus manos,
el silencio inundó todo el trayecto,
ni siquiera en el mismo nos miramos,
distraerte no quise ni un momento.

Era lejos, muy lejos mas llegamos
a un llano donde estaba el cementerio,
inclinado, con tapias a ambos lados,
silencioso y tan lleno de misterio.

El parque predicaba la igualdad
que la desigualdad había muerto,
unas flores, no más, en un desierto,
en que solo reinaba la humildad.

Unas piedras cuadradas, repicadas
en miles de parterres descubiertos,
con fino tiralineas alineadas,
sólo un número y del finado un texto.

El once y treinta y tres, ese era el nuestro,
y después de un buen rato lo encontramos.
Meditamos y una oración rezamos
recordando a quien fuera un gran Maestro.

De vuelta ya la noche apareciendo
pensamos lo cortita que es la vida,
tu padre ya se fue, y en la corrida,
nosotros tan deprisa envejeciendo.
©donaciano bueno

El llamado Parque de los recuerdos es un cementerio en el que los signos externos son iguales. Allí reposan los restos de héroes y villanos, nobles y plebeyos, ricos y pobres con un sólo número que los identifica, el nombre y la fecha de su deceso. (Quito)

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