EL ALMA ¿QUÉ ES EL ALMA?

Mi Poeta sugerido: »Rocío Cerón

MI POEMA… de medio pelo Lee otros poemas ESPIRITUALES

 

El alma es ese espíritu intangible
que todos dicen ver y nadie ha visto,
ni tú, ni yo ni aquel que es el más listo,
se ignora si ella es rígida o flexible
la misma que en mis versos tanto insisto.

El alma tiene el alma de azucena
quizás de crisantemo o de amapola,
el alma vuela a lomos de una ola
la misma que también muere de pena
que escasa anda de amor y siente sola.

Esa misma que vive sin costuras,
y esconde en sus entrañas mil misterios,
que con celo se esconde en monasterios,
hospital donde asisten a las curas
los que dicen dudar de sus criterios.

Dormida alma que pena y que desvela,
desgarrada del tallo de una rosa,
sibilina, sensual, dulce y mimosa
presente en el pabilo de una vela
que hoy me echo aquí a la espalda cual tal cosa.

Cual Fausto que, al vender su alma al diablo,
quisiera conocer cuánto valdría
la mía. Y si un postor la compraría.
O debo de arrojar para un establo
o como un trasto más. Chatarrería.
©donaciano bueno

La cara, dicen, es el espejo del alma. Si eso es cierto, más les valiera a algunos ir con la cara tapada.

MI POETA SUGERIDO: Rocío Cerón

Rocío Cerón

De Basalto

-gozne-

(del devenir nacida
sin presente
atada siempre a la era del gesto
al ras de la música de los letrados
sobre el tapiz de la mejor escoria de las razas
sin más error que la miseria de la sal
una palabra
sin sujeto y sujeta a la civilización
trazo de un cuerpo que es verbo)

-gozne-

(vertical
sujeto al trapecio
fundador
acurrucado en el arcón proteico
ingenuo
necio
mutilado al paso de las hordas
inmaterial
y sin embargo dueño del mundo
hombre signo)

De Soma

Sublingual

¿Qué hay debajo de la lengua?

¿Un triturar de huestes vocálicas,
un cierzo de agudas consonantes,
un despojo de viento áureo,
quizá el mustio huso de la letra?

Aquí entre toneles de saliva y tiento
se guarda el vocablo,
la gramática de tu rojo nombre,
y se incendia –sí, se incendia–
la simetría del giro:

debajo de la lengua hay un presidio.

Sitio de partida

Lo más profundo que hay en el hombre es la piel.
Paul Valéry

Debajo de la piel hay un fracaso.

El alveolo no atempera el miedo,
el ramaje exacto va, viene,
trayendo la oquedad del aire

(esta sangre, despoblada de hábitos, sólo conoce el eco de una letra:
M que madura en las vértebras, castañea menuda, y mártir es en este navegar
de muecas que el olvido no procura)

Debajo de esta dermis la brasa aclara el engaño de estar vivo

(brasa como filo, filo de cierta era, era que guarda lo insondable)

aquí —líquido que guarece la llama,
aire que entona un gemido tácito y palpable—
se esconde el humor de la infancia,
la lentitud del invierno,
la cosecha muerta de una frase.

Incisión

I.
Precipitarse en precisión.
En el orificio el encuadre del poema.
Latitud de aliento/imagen entre los 32 dientes de la boca.
Manglares bajo (esquiva) mirada de un hombre.
Un secreto. Un mensaje. Una palabra. Furia.
En el parque público, el hombre del tatuaje musita una tormenta a las abejas.
Cuerpos y fieras. En la exactitud del obturador la ciudad es polvo,
amantes perdidos.
Algas; lugares sagrados para el jugador anónimo.
Toda mar lleva en sí el rastro de la presa.

Precipitarse en la sonrisa, ante la cámara.
Compartir el miedo como moneda de cambio.
Los rastros de esa cara son la noche.
Redención del vaho entre la duda.
Las gotas desmenuzan la anticipación precoz de las manchas.
Tinta o flujo de significados.

Arde, todo arde.
Percepción en diferido.
Observación de calles registradas. Terrenos vagos.
Tres mil quinientas coordenadas de Paonoptes
para llegar a ti.

II.
Un objeto, sólo cuatro, son más que esto porque son.
Iluminación reticular.
La compañía de la luz siempre es oscura.
Tacto, brilla ante el miedo el tacto.
Ligereza de manos sobre superficie lisa.
Ha pasado el agua.
Enmudece al flote de los muertos.
Río que lame heridas. Agua acantilado.
El instante y lo meteorológico, el cayado mueve la ventisca oracular.
Pendiente atravesada por una mirada.
La compañía de esa luz: no más que láminas de asbesto sobre letras.
Vapor entre los cuerpos.
Brillan y anuncian en la TV: “La vida, una canción que se deshila”.
Cuatro piedras son sólo un objeto, un arma, un acantilado, una sospecha.
Mira cada contorno de ellas.
Éste.

III.
Cruza sobre los cables una ardilla. Lentitud del esbozo.
Apenas garra, levedad de quien surca una tonada. Niebla.

Sobre el peso, la duda, la caída a tierra,
las secuencias del número y la posibilidad del mantra
capitulando sobre su recesión y copla mutilada,
su doblez en viento, en revire;
sonoridad que explota entre las hojas del olivo (fresno).

Entre los dientes cada palabra es precipicio a dorsal,
a tajada de alvéolos donde se quiere aclarar la voz de nacimiento,
la recibida en el oído.

La ardilla, en su parduzca forma, balancea la vida.

Su cola, principio de equilibrio; las manos de mi padre -pulso- principio de un
lenguaje.
Materia oscura (fragmento)

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