QUE QUIERO SER YO MISMO

Mi Poeta sugerido: »José Hernández Gavira

MI POEMA… de medo pelo Lee otros poemas ESPIRITUALES

 

Decido no escuchar más las noticias,
no puedo soportar tanto dislate,
publican que hoy le han dado el jaque mate
a alguno más, presumen de primicias,
parece un disparate.

De nada sirve cambie de dial,
sospecho la noticia me persigue,
maldita inteligencia artificial,
me encuentro entre la duda, el bien y el mal,
que Dios venga y castigue.

Se dice de lo bueno que no vende
pues pasa por aquí sin hacer ruido,
y a orear esa ropa no se tiende,
que olores malolientes no desprende
ni sueltan putrefacto algún fluído.

Lamento, esas noticias me deprimen,
preciso ya impregnarme de optimismo,
ser libre, sin el miedo a un cataclismo,
no admito que hagan caja y que me timen
que ser quiero yo mismo.
©donaciano bueno

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Desde el momento en que se hizo presente en nuestras vidas el famoso Coronavirus, leas lo que leas o pongas el medio audiovisual que pongas, reiteradamente siempre te encontrarás con el mismo tema. Pareciera que más que informar lo que quisieran es meter miedo.

MI POETA SUGERIDO: José Hernández Gavira

José Hernández Gavira

NO ES MI MUSA…

No es mi musa la sílfide aturdida
que corre tras azules mariposas,
ni tampoco es Ofelia dolorida
que pasa desbordando tuberosas.

Es Astarté mi musa preferida,
la que inspira pasiones clamorosas.
Es voluptuosa y es gentil panida
la diosa de mis vidas primorosas.

Es mónada que ríe, canta y llora
con locura de pájaro divino,
de ritmos y de vida sembradora.

Baco la ofrenda cántaros de vino,
e implora Pan, cabe sus pies de Flora,
loco de amor celeste y peregrino.
1921.

PARA TI

Para tí son todas
mis ternezas cálidas,
y mis rosas pálidas,
y mis reales odas.

Para tí mi aliento
y también mis rezos,
la miel de mis besos
y mi pensamiento.

Para tí mis cantos
que humedecen llantos
de acerbo dolor.
Para tí la esencia
de esta mi existencia
que atrista el amor.
1921.

LA ESPERANZA

Nácar de luna que en los cielos, riela,
oriflama brillante sobre el mar,
nieve en la cima que el calor deshiela,
pebetero encendido ante el altar,
presto a los caminantes mi consuelo,
acompañando a Fé y a Caridad;
las tres llevamos por camino el cielo,
formando una gloriosa trinidad.

Soy la princesa del ropaje verde
que renueva en el hombre la confianza,
cuando el naufragio del vivir le pierde;
le hago entrever la mística bonanza,
mientras la sierpe del dolor le muerde;
soy la última en morir: soy la Esperanza,
1921.

EN LA HORA DEL CREPUSCULO

Se oye un lamento de agoreras aves
bajo el palio del cielo tropical,
y se aspira un olor de brisas suaves
que estremece el silencio sepulcral.

Sobre el lejano mar las negras naves
sombras son en la calma vesperal;
en la fronda un rumor de notas graves,
que deslíe un liróforo oriental.

Es la hora del crepúsculo. Silente
gime el aura rindiendo vasallaje
a Febo que desciende al Occidente.

Eternamente fúlgida y doliente,
es la tarde del trópico salvaje
que muere lenta, lenta, lentamente…

CUANDO YO MUERA…

Cuando yo muera llevad mis restos
allá a la cumbre de una montaña
que sea digna de mis arrestos
de indio poeta, nieto de España.

Egregia lira mi tumba exorne,
para que preste vida a mis huesos,
y allí una virgen y Pan bicorne
derramen ritmos, flores y besos.

Grabad entonces sobre mi fosa
con letras de oro esta inscripción:
«Yace aquí un bardo que a toda cosa
grande o hermosa dio el corazón».

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