QUÉ SERÍA SI TÚ FUERAS

Poeta sugerido: Gabriel Villagómez Viteri

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Muchacha, ¿qué sería si tú fueras
una ave solitaria de alas tristes,
que aunque traten de cortarlas te resistes
y a aquel que lo intentara destruyeras?

Imagina, muchacha a un campanario,
con campanas plegadas y sumisas,
que se apagan si el cura dice misas
o se duermen a la hora del rosario.

Figúrate que sabes que tú existes
y a pesar de ello al cielo tu ascendieras,
y al pisar en el suelo convirtieras
en humo todo aquello que persistes.

No eres más que la escarcha en la mañana,
un esbozo que germina como el el trigo,
ese sueño que surge a edad temprana
y en invierno serás tu mismo abrigo.

Nunca habrás de ser lo que has querido
-el espliego, tomillo o mejorana-,
badajo que hoy, tan libre en la campana,
se ha de quedar muy pronto sin sonido.

Muchacha sé tú misma. En esta vida
no mires ni al vecino ni al de al lado,
los consejos que el médico te ha dado
sólo han de ser tu punto de partida.
©donaciano bueno

Comentario del autor sobre el poema: Consejos vendo y para mi no tengo. Lo más importante de la vida es ser auténtico. Sé tú mismo/a

POETA SUGERIDO: Gabriel Villagómez Viteri

Gabriel Villagómez Viteri

¡Lo que somos los humanos!

En el viejo cementerio donde todo es podredumbre
donde no llegan los ecos de la humana algarabía,
olvidada para siempre de la ignara muchedumbre
duerme triste y silenciosa la adorada vida mía…

Sobre un tálamo de flores que sembré en el campo santo
y velada por el viento que a las cúpulas agita,
hoy contemplo con los ojos inundados por el llanto
una caja de madera que su cuerpo deposita…

Fue una casta virgencita. Su belleza cautivaba
a los míseros mortales que miraban su figura.
¡Quién, al verla tan hermosa como buena, no exclamaba:
Es un ángel con la forma de una mística criatura…!

De sus formas seductoras que turbaron mis sentidos,
ya no quedaba más que polvo que remueven las gusanos.
¡Pobrecita! De sus voces que arrullaron mis oídos,
queda un eco que repita: “¡Lo que somos los humanos…!”

Convencimiento

Al fin me he convencido que la vida es un daño
que se quién nos hizo por un designio infando.
Que el dolor nos persigue y el placer es huraño,
que se nace con llanto y se muere llorando.

Y vivo convencido del triste desengaño
que encierra aquel enigma del vivir suspirando…
Sólo sé que de cierto sólo existe el engaño
y que la vida misma nos está traicionando…

Tengo la certidumbre de que no hay dicha humana,
de que el goce es anuncio de una pena cercana…
¡Por eso siempre vivo escéptico y huraño!

Desde que tuve el uso de la razón serena
y conocí el horrible secreto de la pena,
desde entonces la vida me causó mucho daño.

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