QUISIERA EVAPORARME

»El Poeta sugerido: Martín Cálix

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Disfruto al observar como en las ollas
el agua se consume lentamente,
y ver como ese fluído hace borgollas
fundiéndose en vapor en el ambiente.

Recrea si es que un día al acostarse,
al cabo de enojosa una jornada
el cuerpo ves que empieza a evaporarse,
después de unos minutos ya no hay nada.

Trocar a este sueño yo hoy quisiera
llegado ese momento decadente,
tumbado alegremente en la pradera
y verme evaporar plácidamente.

Los cuentos, ya lo sé, solo son cuentos,
historias que quizás no sucedieran,
algunos que es mejor pues son cruentos
y otros hay que quisiera estar cualquiera.

Mirar como marchita la amapola,
el fuego se apagó y hace pavesa
perdiéndome en el mar tras una ola,
ser beso que se apaga cuando besa.
©donaciano bueno.

Evaporarse, en realidad. aunque no lo percibamos, mientras creemos que estamos viviendo, la realidad es que poco a poco nos vamos evaporando.

POETA SUGERIDO: Martín Cálix

Martín Cálix

Eleanor Rigby
 
Siempre Eleanor, siempre tus discos, siempre los perdidos y enfadados misterios de tu piel. Siempre Eleanor, nunca otra, vos nada más. La vida no es larga, sólo dura lo que dura el brillo de tus ojos en el termómetro de la distancia.
Eleanor, pequeña, cansada y descalza.
leanor, tus manos inquietas y tu tambor de hojalata
abitas en una casa vacía encima de la lluvia
onde las ventanas están rotas por la esquina que conectan al sur de tus labios.
«Señorita Rigby,
quiere té para aliviar su corazón?»
Encendes un cigarro con la misma ternura con la que escapas del sueño. Eleanor, nunca viste la guerra, nunca soñaste la oscuridad, siempre vos Eleanor. La llave que abría el mar era tus dientes.
Ahora toda la gente está sola, Eleanor, como a vos te gusta.
omo a vos te gusta
omo a vos te gusta
omo a vos te gusta
[…] all the lonely people
here do they all come from?
Vienen del terror de la oscuridad que la guerra nos heredó.
ay instrucciones
puestas en la lista para ir al mercado
etreros que hablan
e cómo llegar a vos
e cómo encontrarte
onvertida en árbol
n sed de los transeúntes
onvertida
n otra vida
ue se encuentra lejana
e todos los tiempos
ejana como el mar
su furia de dios
ejana como la inquieta luz que no guía a nadie
ue no tiene futuro
orque no le interesa verse fotocopiada
rchivada
oblada en mil cuerpos inertes.
Toma 7
Los trapecistas se quitan la piel y la ponen al revés
doblada sobre la cama
porque amaneció triste la ciudad.
Los trapecistas
son almas con cierto nivel de sarcasmo
los viernes por la noche
después de las 10.
 
Beben cerveza y les encanta llorar una vez al día.
 
Los trapecistas alguna vez tuvieron alas
y es por eso que bailan en la cuerda del tendedero de ropa.
En la terraza de mi habitación
vienen a celebrar sus cumpleaños
y se enamoran para toda la vida una vez al mes.
 
Ayer por la tarde mandaron un satélite al espacio
creen que dios les contestará
creen que cuando no está en el cielo
dios habita en el techo de casa
escondido
porque le tiene miedo al gato.
 
Una voz les contestó:
 
atrévete a acompañarme, vamos a andar por los cables.
 
Desde entonces no se les puede borrar la sonrisa del rostro.
14

Hago de tu tumba
mi tumba
de tu voz
mis voces
de tu sombra
mi esqueleto hambriento
Vieja
contaste alguna vez
que nunca se debía
olvidar a los muertos
y me enseñaste a llegar
a esta casa
habitada por sombras
que desde la primera luna
han sido sus rostros
es decir
que esta casa tiene
en el vértice de la puerta tus ojos
en el techo hendido tu rodilla izquierda
a tu corazón latiendo en la viga principal
y así
cada rincón de ella
ha aprendido
que la constelación que más dolió
sos vos.

15

Ésta
es la última lluvia del año
precipitada sobre nuestra ternura
ha terminado
la más profunda contemplación del frío.

El árbol de nance frente a nuestra casa derrumbada

–anoche–

comenzó a dar frutos sin previo aviso
subversivo
con sus ojos de torpe iguana
extiende su amor hasta la calle de enfrente y la baña de su amarillo en vuelo quieto.

Pequeña
él también es un hueso de tu cuerpo.

Él también es hueso de tu cuerpo pero no lo sabe, es por eso que se imagina menguante como los migrantes nocturnos de las plazas abandonadas. Se sabe árbol y aunque su memoria registra el amarillo de su quietud no sabe de vos. No sabe de vos y de tus tardes con cigarro y árbol prestado.

Pequeña
explicale entonces que cuando hace frío cojeas
que cuando hace noche no soñás
que cuando hace canción no cantás
que cuando hace viento no extendés tus manos.

Pequeña
explicale que habitan en vos todas las estaciones del tiempo
y aún así él sigue ausente de tu risa.

Explicale que de todos los árboles de nuestra calle
él es tu favorito
por estar ubicado debajo de tu cuello

–allí,
precisamente donde el mundo estalla–.

Los ojos inquietos de los insectos en una tarde de domingo

Ya lo verás,
ellos
se extenderán
desde tu maullido
hasta
la sombra
del último
caído en guerra.

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La perfección no existe. Lo comprendo.Si cuando nací el molde se rompió,cuando otros por camino…

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