RECUERDO AQUELLOS DÍAS

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Recuerdo aquellos días de aquel invierno frío,
la lluvia en los cristales trazando garabatos,
aquella estancia oscura y al fondo mis retratos,
y en un rincón mi perra a solas con su hastío.

Recuerdo que yo andaba nadando entre dos aguas
las chicas, los estudios, las ansias y los suenos,
-eterna disyuntiva, mayores o pequeños-,
lloviendo a torrenciales buscando aun el paraguas.

Y aun veo los pinares, las nieves en la sierra,
y escucho los sonidos repicando insistentes
mis dudas, mis proyectos nadando entre corrientes,
mis luchas intestinas formando en pie de guerra.

Y aun sigo aquí viviendo y aun sigo recordando
como si al recordarlo volver atrás quisiera.
Mas sigo deseando si fuera que hoy volviera
así fuera quimera, seguir allí soñando.
©donaciano bueno.

Recuerdos – Antonio Machado

Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño ?¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!?

Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor.

¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!…

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

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