RECUERDO AQUELLOS DÍAS

Mi Poeta sugerido: »Ángelo Néstore

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Recuerdo aquellos días de aquel invierno frío,
la lluvia en los cristales trazando garabatos,
aquella estancia oscura y al fondo mis retratos,
y en un rincón mi perra a solas con su hastío.

Recuerdo que yo andaba nadando entre dos aguas
las chicas, los estudios, las ansias y los suenos,
-eterna disyuntiva, mayores o pequeños-,
lloviendo a torrenciales buscando aun el paraguas.

Y aun veo los pinares, las nieves en la sierra,
y escucho los sonidos repican insistentes,
mis dudas, mis proyectos nadando entre corrientes,
mis luchas intestinas formando en pie de guerra.

Y aun sigo aquí viviendo y aun sigo recordando
como si al recordarlo volver atrás quisiera.
Mas sigo deseando si fuera que hoy volviera
así fuera quimera, seguir allí soñando.
©donaciano bueno.

MI POETA SUGERIDO: Ángelo Néstore

Ángelo Néstore

Carta a un padre

Me enseñaste que para vivir debería:
deglutir, apretar los dientes, morderme la lengua.
Dejaste la camisa tendida, la camisa tendida, papá.
Para ti todo era attrezzo, la corbata planchada,
mi nudo en la garganta.
La caricia. Esta mano de niño era una caricia:
ayer la palma abierta en la mejilla,
hoy el destierro dentro de las uñas.
Para curarse basta con leer el prospecto:
por si las náuseas, por si el temblor, por si el ojo cerrado.
Cuando lo tocas, un crisantemo tiene la textura de la carne humana.
Eso ya no importa.
Ahora me pongo tus camisas.
Ahora todo el peso de las pinzas
sobre mis hombros.
(de Adán o nada, Ediciones Hiperión)

Ave y Eva

Me resisto a la idea de ser
aquel niño que vivió en mi boca: recuerdo caer al suelo,
hacerme mil pedazos.
La habitación, limpia solo para mí;
la habitación
y este trozo de carne,
estirpe nómada ante el espejo.
Me miro en el cristal
y hay un animal huyendo del fuego,
una jauría con principio de hombre
o un desastre con nombre de niño.
Por eso busqué en el incendio la excusa y en el aire el pretexto,
por eso me arranco la barba
con la mano que antes me besabas.
No hubo salvación para este pájaro,
juro que hice lo posible para domesticar la espera.
Ahora dejo que la tierra tape los huecos de la piel.
Digo casi no soy
mientras celebro los dos bultos de mi pecho.
Escribo la palabra ave, leo la palabra Eva.
Bajo este cielo ya no hay lengua que me nombre.
(de Adán o nada, Bandaàparte Ediciones)

E IO CHI SONO?

Por la mañana abandono mi sexo.
Al atardecer vuelvo
cuando me desnudo para entrar en la ducha.

Mi madre siempre dice que tengo los hombros de mi padre.
Con el vaho en el espejo el contorno es más ancho, más generoso.
Dibujo una línea recta con los dedos, con la mano la deshago.

En los ojos guardo la tristeza de las muñecas
que jugaron a ser hijas
y que mis padres acabaron regalando.
El agua fría me trae a mi cuerpo,
escondo el pene entre las piernas.

Mamá: ¿a quién me parezco?

DE CUANDO ME EQUIVOQUÉ DE BAR

Yo soy de esa clase de amigos
que siempre pide otra ronda en los bares.
No tengo hijos,
soy el hijo único de una dinastía de bastardos
que se llena el estómago y se autodestruye.

Mis amigos, sin embargo, son padres,
de esos que buscan una excusa para volver tarde a casa,
siempre me invitan a otra,
nunca quieren que me vaya.

Ellos me miran y cien veces
me cuentan cien veces lo difícil que es
la suerte que yo.
Ellos no ven las hormigas que trepan por mi pierna,
no las ven.
Beben tiempo con su boca de padres,
tragan tiempo con su saliva de padres
y yo me vuelvo cada vez más pequeño
y sus hijos cada vez más grandes.
Y con cuarenta, con cincuenta,
volveré al mismo bar de la esquina
y entonces los que hoy son niños se preguntarán por qué
tantas hormigas en mi boca,
por qué el amigo de sus padres se sigue creyendo joven.
Con cincuenta, con sesenta,
quién me llevará a casa,
quién guardará mis huesos bajo las sábanas.
Con sesenta, quizás, con setenta
quién contestará a mis preguntas,
quién me dirá lo difícil que es,
la suerte que yo
cuando un día me confunda y pida otra ronda
frente a la sola luz de mi nevera.

PISCINA COMUNITARIA

La justicia europea avala prohibir a los
homosexuales que donen sangre.
El País, 29 de abril de 2015

Derechos comunitarios, valores fundacionales,
tratados constitutivos, jardines al Danubio,
pero nada fluye igual por dentro.
Mis venas desembocan en mí mismo,
nunca serán canales porque coquetean con el vacío,
son fosas comunes de pervertidos,
maricas boquiabiertos,
las rodillas dobladas,
que se limpian los labios con la mano izquierda,
que contestan a:
sexo, altura, peso, señas particulares.

Somos hijos de madres ingenuas
que acarician a hijos impuros,
a los que cantarán cuentos de castillos
con jardines con vistas al vacío
mientras una enfermera paciente apunta:
sexo, altura, peso, señas particulares,
cinco litros de sangre en un tumor,
cinco litros
que se secarán por dentro,
que merecen morir conmigo,
cinco litros que ya son
peso muerto.

ENSAYOS GENERALES

Con diez años urdí en la ducha el plan perfecto
para mejorar la evolución de mi especie.
Arranqué paisajes y paisajes de papel blanco
como si tirase de un hilo interminable de nombres:
ensayé con Giovanni, Giuseppe, Mario
y un actor polaco de apellido impronunciable.

Con diez años un niño me dijo
que así los hombres ensayan a ser padres.

Yo solo pensaba en los ensayos,
en el día del gran estreno,
en los aplausos mudos de millones de huérfanos
que habitaron mi muslo.

Recuerdos – Antonio Machado

Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño ?¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!?

Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor.

¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!…

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

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