SI MIS PADRES HABLARAN…

Mi Poeta sugerido: »Ricardo Fábrega

 

 

Si mis padres hablaran…
Si por mor de ese misterio que es la vida y la muerte salieran de sus tumbas y un día resucitaran,
haría que las músicas, trompetas y timbales sonaran y al viento voltearan las campanas,
me lanzaría a la calle voceando la noticia para que todo el mundo se enterara,
bendeciría a dios, al cielo, a la estrellas y a todo el que pasara.

Si mis padres hablaran….
Nos aposentaríamos tranquilamente frente al fuego de la cocina castellana
como en los viejos tiempos, en la mesa camilla con brasero, la gatita Casilda a nuestro lado acurrucada,
junto al fogón al calor de la brasa, las morcillas, los chorizos, el pernil, colgada la matanza
para que se orease a nuestra espalda. Les haría mil y una preguntas hasta llegar al alba.

Si mis padres hablaran…
Les pediría que hicieran un esfuerzo y por favor me recordaran
todas aquellas intensas vivencias de mi existencia ahora casi olvidadas:
cómo fui recibido en ese hogar después de cuatro intentos y ver que una niña no llegaba,
mis primeros pasos, mi llegada a la escuela, ¡oh, la escuela del pueblo en mi retina amada!,
mis magníficos maestros don VÍctor, don Aniano…¡me invade la nostalgia!

Les haría una retahíla de preguntas que nunca terminaran
sobre mi progenitor de quien casi no guardo mas recuerdos que cuando me pedía con cariño que la espalda le rascara,
sus interminables viajes en el crudo invierno a comprar corderos en su vieja oxidada bicicleta a los pueblos de alrededor de Aranda,
la ilusión que me hacían los juguetes que el mismo con sus manos en el taller, la peonza, los inques, la carraca, me fabricaba,
su imagen de persona buena y noble que tenía, como pude contrastar por lo reconocido que era en la comarca.
¿por qué se fue tan pronto sin tan siquiera pararse a pensar que a su mujer con cuatro hijos le dejaba?.

Muchas otras curiosidades ahora anidan en mi alma
Cómo vivieron los primeros momentos de su vida de casados, sus ilusiones, sus anhelos, sus sueños, su amor, sus esperanzas,
su vida recoleta en esas frías noches de invierno en ese pueblecito de Castilla la llana,
cómo fue recibida la noticia de la llegada pausada al mundo, uno a uno, de mis hermanos mayores a ese hogar y cómo fue anunciada.
De tantos y tantos hechos como el de mi primera comunión, ya no recuerdo nada.

¡Si ellos supieran cuánto ansió revivir aquellas sensaciones de mi infancia!
El vago recuerdo de la música alegre en fiestas y el baile en la plaza al ritmo de los gaiteros y dulzainas,
o la ansiedad por terminar las clases en la escuela para correr con mis amigos a jugar a policías y ladrones o a moros y cristianos en la plaza,
los aromas del campo en el otoño, a espliego, tomillo y mejorana,
el intenso olor húmedo de los pinos la tamuja y la escarcha en el monte al comenzar de la mañana,
el trigo, el maíz, la cebada, el centeno, la siega, la bielda, la trilla en las eras, la vendimia y la ilusión por ir a la rebusca por las cuatro perras gordas que mi padre me daba,
el jarro de vino en las bodegas, las colmenas y, sobre todo, el pavor que sentía al subir a oscuras por la noche al desván de la casa.

Querría que ellos me contaran…
la historia de aquel viejo Renault, en el corral siempre aparcado, que un día requisaron en la maldita guerra y que al final nos devolvieron y no andaba,
¿por qué, a sabiendas de que yo para ello no valía y que además odiaba, en que trabajara en el campo tanto se empeñaban?.
Aún siento con tristeza mi obligación de echar de comer a las ovejas o dar vueltas a la noria con mi burro manolo, como si fuera Sancho Panza
¡cuántos recuerdos ya perdidos, hoy siento una añoranza, me quedo sin palabras…!

Si mis padres hablaran.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Ricardo Fábrega

Ricardo Fábrega

Panamá Viejo

He vivido gozando
el recuerdo lejano
de tus piedras vetustas
que hablan de heroicidad.

Bajo la sombra
de tus murallas se redimió,
la sangre hispana que
con corsarios se confundió.

Oh mis muros queridos
por los siglos guardados
de tu lujo pasado
sólo queda el dolor.

Panamá viejo, ciudad destruida
por crueles piratas
que un día soñaron con tus tesoros
tu mar tranquilo parece un espejo
en donde se mira
tu cielo bello que tanto adoro.

Panamá viejo, tus ruinas sagradas
en noches calladas
murmuran frases como plegarias
y no muy lejos, entre tus palmas
me trae la brisa suspiros leves
llenos de amor.

Aquella melodía

No vuelvas a cantar aquella melodía
que te cantaba yo haciéndote soñar,
oyendo esta canción se parte el alma mía
y puedo confesar que cometí un error.

Que alguna vez lloré, teniéndote a mi lado
enfermo de ansiedad por conquistar tu amor,
hoy no me importas ya, pues tú me has traicionado
y puedo confesar que cometí un error.
Del libro: Las canciones más bellas de Panamá

Cuando lejos de ti

Cuando lejos de ti siento el hastío
que hay en mi corazón sin tu mirar,
no me basta el sufrir y el llanto mío,
para ahogar el quebranto de mi penar.

Ya ni las flores tienen su encanto,
ni trae la brisa el susurrar,
de los jilgueros que lloran tanto,
la ausencia de la amada de su cantar.

Santa Ana

Desde el fondo de mi alma
mi cantar ha salido
Oh! Santa Ana querido,
que dicha para mí.

Cuando a solas me encuentre
por los años cansado
me tendrás a tu lado
pensando sólo en ti.

Santa Ana mío, parque de Santa Ana
brazo tendido que nos das fraternidad
como belleza que te engalana
se yergue ufana tu capilla colonial.

Santa Ana mío, parque de Santa Ana,
vieja reliquia de nuestra alma nacional
guarda tu suelo la sangre humana
que soberana luchaba por la libertad.

Bajo el palmar

Vuela mi pensamiento,
lejos. . . lejos de aquí
cuando por un momento
a solas estoy sin ti.

Bajo el palmar
una noche muy bella
juntito a ti
a la luz de una estrella,

con mi canción
fragantísima flor,
mi corazón
te entregué con mi amor.

Bajo el palmar
y en mis brazos dormida
sintiendo yo
el calor de tu vida.

Recuerdos son
que no puedo olvidar
recuerdos son
de aquel lindo palmar.

Madrecita

En las noches tristes de mi desventura
cuando la amargura me viene a agobiar
un alivio busco lleno de ternura
y a mi madrecita evoco al cantar.

Madrecita linda, mi prenda querida
virgencita santa, joyel de virtud,
para ti quisiera robarle a la vida
toda la potencia de su juventud.

Para que tú vivas y nunca te mueras
yo le pido al cielo con todo fervor
que te cuide siempre, que mucho te quiera,
que jamás tu cuerpo reciba un dolor.

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