UNA TARDE GRIS

»El Poeta sugerido: Jose Vicente Casadiego León

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Y llovía y llovía,
y tronaba y tronaba.
Y en esa tarde fría,
nebulosa y sombría,
el silencio se ahogaba.
Y aquella plaza impía,
desierta sollozaba,
ausente de alegría.
Las farola yacía,
mustia y desconsolada.

¿A dónde vas Lucía
con chupa y con abarcas?
La fuerza del destino
ya le inundó al camino,
lo ha convertido en charcas.
Desde la torre erguida,
dormida una campana
espera deprimida,
soñando en su guarida
de sombras su pisada.

De pronto se ilumina
y el cielo esconde el hacha.
Descorre las cortinas,
relinchan las neblinas,
la luz ya está borracha.
Y en esa tarde gris
de olor a remolacha,
desprende su barniz
y es tras ese tamiz
la noche que se agacha.
©donaciano bueno

Es la tarde gris y triste.
Viste el mar de terciopelo
y el cielo profundo viste
de duelo.
Rubén Darío

Escena: La vida es una tarde triste, oscura, en la que de pronto parece que aparece un tímido rayito de luz para inmediatamente llegar la noche y cubrirlo con su manto de negritud.

POETA SUGERIDO: Jose Vicente Casadiego León

Jose Vicente Casadiego León

Las noticias de la lluvia aún son más tristes

Te contaré algo terrible: soy poeta
y padezco la ternura de las cosas.
Es muy duro ser poeta, madre
Eduardo Cote Lamus

Madre
ellos se han apostado
en los almendros de la noche
para que no los vea

En el día ocultan su enojo
con una sonrisa
van al pacificador
y por pocas monedas
compran mi suerte

Maldicen con buenas palabras
cuando otros pronuncian mi nombre

Madre
esta tierra es de bárbaros
con sus voces me quieren herir
y lo más triste
mi corazón atribulado
aún los convoca a la mesa

Desde allí
arrojan mis pobres palabras
al peñasco

Madre
estos hombres sienten una profunda herida
cuando escuchan mi voz

Por eso
las noticias de la lluvia
aún son más tristes

Como el pan
amasan la cicuta
con la navaja de Buñuel
buscan mis ojos
ultrajan el sonido y la música
se burlan de los signos y de las metáforas
se niegan a beber
la poesía de mi vaso
ubican mi canto en una brújula extraviada
poseídos del aliento de la pólvora
rompen los cristales
y siguen campantes como si nada pasara

Por eso madre
las noticias de la lluvia
aún son más tristes

La poesía padece una gran enfermedad

Ya no viene
ya casi no visita la casa de sus padres
poco sale a recibir el sol
no enseña su mueca sonrisa
a los viajeros

Su mirada intacta
deja huellas en el piso
como aquellas cuchilladas
de los viejos fantasmas de la muerte

Ella
está desahuciada del curaca
se va -digo yo-
como una condenada sin escapatoria
a la pureza del delirio

En invierno iza su banderita raída
para sorpresa de los extranjeros
como una perra famélica
recorre las calles del suburbio
solicitando colillas de cigarro
y aguardiente fresco

Sus amantes la han abandonado
el misterio
con su capa negra y su hedor a podredumbre
no ha vuelto a acariciar sus leves manos

La metáfora dejó de ser su amiga
y ahora viaja con desconocidos
a los peligrosos bares de la muerte

Como si fueran palomitas de maíz
en silencio
recoge las palabras olvidadas por los amantes
con ellas construye un armario
y deposita allí
sus viejos vestidos
sus zapatos de charol
las fotos de sus hijos mayores
y el sueño desorbitado de todos los poetas

Biografía mínima

Nosotros somos los insultados, hermano
Los desolados muchachos
Sonámbulos en una oscura y terrible tierra
Kenneth Pachen

Intentando invadir
la hermosa tristeza del bohemio
con los ojos húmedos
se abandona en el bar más triste de la calle
donde los cuchillos afilados pronuncian su nombre
y buscan su mágica presencia

Como lamento
que el viento sacude contra un acantilado
pronuncia un manojo de palomas
saluda a la muerte que se esconde detrás de un tango de burdel

La noche lo viste de inmigrante
y quiere tocar un caracol
en el oído de la luna llena
para que ella extasiada lo esconda en su locura

Él es el caminante ebrio
que no sabe a qué puerto llega
ni cuál es su morada preferida
sólo busca entonar ditirambos en mitad de la noche

Perdido
recorre afilados cauces cantándole a la vida
sonámbulo busca la meretriz más joven
para prometerle
plumas de pájaros
tranquilidad de bosques

servilletas blancas
paraguas destruidos
palabras y cosas que no sirven de nada

Es por eso el llanto de la niña
y la risa estrepitosa de este hombre

Duele que el poema
no pueda anunciar
cuántos tambores llenos de proyectiles
buscan su pecho
por la simple condición
de ser un hermoso encantador de sueños

Para
Jaime Casadiego León

 

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