TE LLAMO/

Harold Alvarado Tenorio (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Aunque pudiera hacerlo, no me quejo,
ni aquí pretendo hacer ningún reproche
mas quisiera saber por qué es de noche
cuando de ti reclamo algún consejo
y me encuentro tan sólo y ya tan viejo.

Quizás sea que tú me abandonaste,
que dirigirme a ti nunca he sabido,
que de tus enseñanzas no he bebido
y a las naves del olvido me enviaste,
me escuches por favor aquí te pido.

Yo quisiera entenderte mas no alcanzo
si para acceder a ti he de ser divino
y he de esperar me indiques el camino
pues por la senda que ando ya no avanzo,
no me pidas que yo haga de adivino.

A tu ascua agarrado hoy te reclamo,
¡oh Dios! pido oír tu voz, te necesito,
si he de morir te apiades un poquito,
pues te ignoro y sé que eres mi amo,
accede a responder cuando te llamo.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Harold Alvarado Tenorio

Harold Alvarado Tenorio

Pick Up

Al pasar por el puerto,
viniendo de aquel pueblo
donde nos conocimos
oí las sirenas de los buques
y sentí, otra vez,
la humedad de tu cuerpo.

Después de tantos años,
te habrás de mi olvidado
mientras crecía tu hijo
y luchabas por darle una vida decente
entre tanta miseria.

No puedo ver las fotos
que conservo de ti,
ni recuerdo tu voz
ni el brillo de tus ojos,
tan bellos,
aquella navidad, en caballos,
los dos, entre tanta gentuza
que exigía más fandango
más ron mas borracheras
hasta el fin de aquel año.

Dime:
¿Alguno de esos días
o algún fin de semana
escuchaste de nuevo
Ne me quitte pas
mientras la voz de Brel
se ahoga y asfixiaba
entre los altavoces del pick up
de la calle, en tu barrio?

La vida aún no termina.
Y yo, te sigo amando.

Ven

Ven,
recordemos ,
cuando al amarnos
las tardes caían
sin conocer
la crueldad
que nos cercaba.

Entre los bosques
y las aguas
crecían la codicia,
el encono, la inquina y la insolencia.

Ven,
celebremos otra vez
la belleza de nuestras becerras,
a Edi, el viejo vacuno
y el alazán que mordía nuestros brazos.

Ya nada puede separarnos.
La muerte nos ha unido para siempre.

Carpe diem

Extensas llanuras
del fulgor de Lorica
donde el mal
rompió cuerpos
negros de piel,
desheredados, en comarcas
de concupiscencia.

Gabarra, Chengue, Salado,
Macayepo, Pichilín o Rochela
alojan los cuerpos
rotos por la codicia.
Descuartizados y desollados vivos.
Sierras, martillo y machetes.

Imposible es amar
cuando la muerte danza
y los blancos cachorros
lucen entre las playas
de Tolú y Coveñas.

Pero nos deseamos.

Como los hermosos
Brahman, Nelore y Guzera,
vivimos un Carpe diem.

Loma castellana

Amarilla y seca
como los desiertos
fue nuestra vida.
Árida será, también,
nuestra muerte.
Ni huesos ni polvo de huesos
quedará de nuestra soberbia,
vuestra vanidad,
nuestro apetito,
vuestra ruindad,
nuestro rencor
vuestra indecente codicia
de ser peor que los otros
es decir, nosotros.

Agradezcamos,
al arte de imaginar
la posible existencia de otros mundos.
Quizás sólo allí
haya color, luz, agua y descanso.

Sólo se muere una vez.
Nosotros,
hemos muerto dos veces.

Rostro y voces en Manga

Fuiste y volver
no fue memorable.
Menos,
el rostro de un muchacho,
amaneciendo en Manga.
No hubo maravillas
ni sabiduría ni soberbia
ni codicia ni desdicha ni engaño.
Sólo ese rostro,
bello como la misma juventud,
helado, como los tiempos que corren,
incluso en Manga,
donde la luz es más bella
y todo parece dispuesto para que seas feliz
si, la vida, te lo hubiese advertido.

La vida, quiero decir la muerte,
que incansable
te esperaba detrás de la puerta,
repitiendo, como idiota:
Si todo vale nada,
el resto vale menos.

Oro del cuerpo

De estos labios
que te festejaron
te escapas.
Como en la canción
que oímos en
Place Gerson
mis manos que vistieron
de oro tu alma
han envilecido.
Recuerda los Balenciaga,
el tufo de Chanel,
las medias, veladas,
y los cortos rosados de Dior.
Ah, y ese vino de aguja:
Blanquette de Limoux.
La herrumbre del tiempo
te repugna.
No así el metal
que en la puerta
repica.
Eres bello.

Soy viejo.
Te amo.

Borges

Mi viejo siamés,
ha encanecido
mejor que su amo.
Tiene el bozo
color de la canela,
poco platica
y sus ojos azules
no delatan
ni odio
ni envidia
ni asco.

Pero no acepta
que Luna,
la chica que ahora le corteja,
más bella que Selene,
comparta el sueño
con este pobre viejo
que se ha rendido
a los ardides
de la bella.

Antes, dormía
inmensamente solo,
ahora
prohíben mi sueño
con sus desagrados.

¡Nadie sabe
para quien trabaja¡

Arce

Caen, en Salamanca,
las primeras hojas de un otoño
que no viviré.
Hojas de arce
que como yo
han perdido el vigor
que ofrece la juventud.
Pero pienso en ti.
En Cartagena de Indias
paseas ante el mar
la belleza de tus ojos
y mueves, esos tus labios,
que una vez besé.
Ahora, cerca de Madrid,
te envío estas líneas
testigos ciertos
de mi amor.
Tú, mi único refugio.
Tú, mi única esperanza.

Vino amargo

Mientras Antonio Banderas
vende la fragancia de hoy,
frente al blanco granito del obelisco
disperso las memorias de un ayer
cuando parecíamos felices.
Nada resta de aquel fulgor
que nunca prometimos fuera eternidad.
Sin embargo, a ti vuelvo
en el contraluz de esta primavera
camino de Rosario
donde bebimos hasta la última gota
de aquel vino amargo:
la vida.

Repugnancia y vejez

El asco que depara declinar
se distrae con metálico.
La altanería cobra las palabras,
los gestos, los genitales,
la lluvia con oro del orín,
los orgasmos y el cristal del semen.
Luego, odia e insulta.

Una caja de banco,
desdentada,
es la vejez,
donde parné extrae
-con asalto y engaño-
belleza y juventud.

Sucumbir,
entonces,
es el único entreacto
de estar vivos.

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