TOMANDO NOTAS

»Mi Poeta aquí sugerido: Sergio García Zamora

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Tomando notas fui toda la vida
jugando con el tiempo y la distancia,
volviendo a cada paso hacia la infancia,
la vida sigo dando por perdida.

Apuntes que anunciaban un futuro
de aquello que esperaba muy expectante,
mirando siempre al frente, hacia adelante
mas siempre tropezando con un muro.

Las notas que tomé no me han servido
posible es que nunca haya quien las lea,
no pueden hoy valerme en la pelea,
no existe para el roto un descosido.

Y hoy sigo siempre aquí tomando notas,
hay alguien me reprocha que no aprendo,
que debo de parar, me van diciendo,
que el cuerpo ya no tengo para jotas.

Las notas son de vida mi tributo,
en ellas voy plasmando las vivencias,
que deben de añadirse a las carencias
y todo, bueno o malo, ese es mi fruto.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Sergio García Zamora

Sergio García Zamora

Ventajas de la poda

Las muchachas cortan sus cabellos
Con la esperanza del renuevo.
En un tiempo la cosecha segunda
Fue tan vasta como el primer corte.
En un tiempo el pordiosero
Cortó nuestro césped
Por la baratija de su alcohol.
Ciertos animales podados en luna nueva
Son ahora más dóciles, más nuestros:
Los gallos de la lidia,
Perfectos como águilas de patio,
El perro desorejado,
El toro nocturno que amanece buey.
Ciertos frutos tomados en menguante
Alcanzan la real maduración.
Así, de lo infértil y demasiado
Podan tu vida hasta que parece bella.
Quien haya perdido una mano
No servirá en el ejército.

Antes de que un temblor comience

Para Lina, en su temblor

Antes de que el cántaro de la niña se quiebre
Y enmudezcan los enjambres de la dicha,
Antes de que las mujeres recojan la sangre última
De los breves animales ofrendados
Y el niño que juega a las canicas
Presagie con su juego el choque de los mundos,
Antes de que el árbol de la ira
Deje caer sus frutos ardientes y violentos,
Antes de que el blando corazón de los ahogados
Endurezca en el invierno
Sin oír el canto de sus novias suicidas en los ríos,
Antes de que un temblor comience a perseguirnos
Por la ciudad de puertas condenadas;
Danos, Señor, la paz.
La paz gentil de las comidas
Cuando la oración del padre sube en brazos del humo,
La paz del esposo y la esposa a medianoche,
La paz del que acepta su culpa y se vence,
La paz de las estatuas en otoño.
Pero no la paz hueca de las santas
Que dejan caer el aire pesado de sus miradas,
Ni la paz indiferente del muro
Donde el sol de los míos se lamenta,
Ni la paz del tigre satisfecho
Que devoró esta mañana la Belleza.
Quiero hablarle a las aguas sin turbarme,
Quiero ver en los niños a los niños
Y en la página los blancos animales.
Quiero volver a la amistad de unos pocos
Porque el amor de ellos ya me salva.
Pero si no puedes, Señor, concederme
La paz de tus palomas intocadas
Y el cántaro de mieles rebosante;
Quiébrame entonces en el sueño
Como la espiga que un niño dobla
Pues he visto el rostro sereno del suicida
Y el afán perpetuo de mi madre.

LOS UNIFORMES (I)

Los uniformes se desvisten de los hombres.
Cuidan bien de que al doblarlos
cada pliegue del ser quede en su sitio.
De qué fibra están hechos, sino de seda,
sino de cáñamo y lino y algodón.
Quién fue el sastre de los hombres
que hizo a los hombres tan iguales, tan distintos.
Tienen ojales y botones de hueso.
Tienen bolsillos secretos, hilos secretos,
la piel inconsútil como la ropa de un cristo.
Fáciles de cortar y fáciles de coser.
Fáciles de lavar después del mucho trabajo
como después de la fiesta o el crimen.
Los uniformes se desvisten de los hombres.
Alisan la arruga sobre el pecho,
la arruga que llamamos corazón.

EL GENERAL

El general envejece, pero el uniforme está nuevo.
Cómo puede ser este el traje de sus mil batallas.
Cómo puede ser este sin mancha ni rasguño
el que ha terminado por robarle su victoria.
Cómo puede ser este el traidor,
el único traidor que sobrevive.

El general envejece, pero el uniforme está nuevo.
Es el preso, el secuestrado, el rehén del uniforme.
Vive porque vive el uniforme.
Lo alimentan para que sirva al uniforme.
Parece que ordena, pero ordena el uniforme.

El general envejece, pero el uniforme está nuevo.
Se acuesta con el uniforme como en los días de campaña
y se duerme con el uniforme
porque su paz es más terrible que su guerra.
Jamás se desnuda para irse a la cama.
Teme que vengan sus ayudantes a despertarlo
y solo vean un anciano.

ARMADURA (I)

Uno quiere hacer del cuerpo un ejército disciplinado,
un ejército que asedie la ciudad y conquiste la ciudad,
un ejército que jamás se queje si demora la paga.

Uno quiere hacer del cuerpo un ejército de bárbaros,
una horda de salvajes que al terminar cada combate
corra a emborracharse, corra a bailar y fornicar,
porque todo es la misma música.

Uno quiere hacer del cuerpo un ejército implacable
por eso nos ponemos esta cota de malla para salir al día
y bajamos la visera que guarda nuestro rostro,
el rostro de los veteranos de guerra
que ya no se asustan ni se alegran con nada.

MÁQUINAS DE COSER

La máquina de coser y mi madre
son dos máquinas de coser.
Cuando me pide que ensarte la aguja,
sé que el hilo es su sangre
y el corazón un carretel inagotable.
A dónde fue la viajera del pedal
cuando su pie subía y bajaba
como si subiese y bajase por el mundo.
Qué ciudad visitó, qué calle de su añoranza.
A dónde fue sin dejar su sitio.
Fuertes y útiles y bellas,
yo soy el hijo de dos máquinas.
Estoy lleno de maquinaciones.
Estoy hecho de retazos.
La máquina de coser y mi madre
son dos mujeres que conversan sin hablar.
Repiten los mismos ruidos. Mecánicos.
Mecánicas del decir.
Y en el silencio, poesía.
Silencio de la costurera.
Silencio, dobladillo del ser.
Hay quien no sabe hacer silencio
como no sabe coger el dobladillo.
Soy el hijo de dos mujeres.
Estoy lleno de costuras.
Estoy lleno de ojales y botones.
En mí entra y sale la aguja de coser
como la aguja de un adicto.
La aguja de coser que me inyecta el vacío.
La máquina cose las camisas.
Mi madre cose lo que palpita
bajo las camisas.

LA CORBATA

Ante el espejo ceñirse la corbata.
Una corbata anula la ingravidez de las ensoñaciones.
De modo que si vas a dar un discurso
como a recibir un premio,
o dar un discurso por recibir un premio,
lo mejor es llevar esa soga caída de verdugo.
Para ser coherentes con sus delirios,
los poetas no usan corbata.
¿Qué harían con ese badajo,
con ese sexo de trapo incircunciso?
¿Qué harían con ese péndulo detenido sobre el pecho
cuando en sus cabezas fluye el infinito?
Es una ley: los poetas no usan corbata.
Pero si resulta demasiado serio el asunto
se ponen dos corbatas.
Una a la espalda que nadie ve y otra al frente.
Pasan con ellas por buenos señores.
Después se van a los bares
y las dejan de propina.

MUESTRARIO TÍPICO

Los pantalones de Zapata y la camisa de Villa.
El chaleco de Juárez.
El uniforme de Maximiliano antes de ser fusilado
y el uniforme de Maximiliano después de ser fusilado.
Las sotanas de Hidalgo y de Morelos.
El manto de la virgen de Guadalupe.
El tocado de Moctezuma, más bello y terrible
que el tesoro de Moctezuma.
La gorra de los organilleros a la salida del metro.
La falda de las madrecitas en el Zócalo.
Las medias de las putas en Tlalpan.
El peto de los policías que dice POLICÍA
y la camiseta de los turistas que dice Peace & Love
Las blusas de Oaxaca.
Los vestidos de Frida y el hábito de Sor Juana.
El pañuelo de María Félix y el pañuelo de Cantinflas.
La máscara de plata sin el enmascarado.
La máscara de todos los luchadores.
Las botas de todos los charros.
El sombrero de todos los mariachis en la Plaza Garibaldi
y el florido sombrero de la Catrina.
El poncho sobre los esqueletos de José Guadalupe Posada.
Los uniformes en Chapultepec y los uniformes en Tlatelolco.
La ropa de los desaparecidos que es igual a nuestra ropa.
La ropa de los que van a desaparecer.

La muerte es mexicana.

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