UN IDÍLICO LUGAR

Manuel Parra Pozuelo(Poeta sugerido)

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La tarde triste está y en su fiel en el ocaso,
entre escarpados montes el cielo se recrea
extendiendo su manto sutil en la marea
de ese horizonte de añil pintado al raso.

Al fondo del azul se asoman las aldeas
durmientes, arrebujadas, tímidas, sumisas,
tal es revolotear juguetona en las brisas
que hasta ya los chopos del río se marean.

Allí el puente está sobre arcos dos recostados,
vetusto, de la historia testigo complaciente
que con susurros va repicando a la corriente,
en la orilla, sumisos. los juncos acostados.

Campos de mieses de oro resisten, asustados,
en actitud servil van implorando clemencia,
¡hasta cuando abusar podrán de su paciencia
de arados, los vientos y las hoces humillados!

Semisecas las vides se asoman a su paso,
osadas, mostrando al visitante sus vergüenzas,
ligeras, esperan ser preñadas, y en sus trenzas
colgar el elixir para dioses del parnaso.

¿Dónde estoy, dónde me encuentro? Tal maravilla
situada ¿dónde puede encontrarse en el planeta?
Es Zazuar. Un pequeño pueblito en la meseta.
Natural, idílico lugar está en Castilla.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Manuel Parra Pozuelo

Manuel Parra Pozuelo

Así como lo cuento

Cuando los labios callan
y el sentimiento grita
cuando ya no podemos
decir lo que quisiéramos
recurrimos, entonces,
a escribir unos versos.

Sin que nadie nos vea,
sin escuchar a nadie,
nos nacen las palabras
que a nada nos conducen,
y negro sobre blanco
va el corazón dejando
las huellas que son siempre
el eco de su llanto.

Y es cuando estamos solos,
cuando todos se alejan,
cuando la sangre suena
con su latido insomne
y nos oprime el alma,
entonces, es entonces,
cuando nos nacen versos
tristisísimos y ciertos.

Más que nada quisiéramos
regresar y ocultarnos
donde nada nos hiera.

Cuánto y cuánto nos duele
volver a la intemperie
dar el brazo a la vida
y caminar con ella
mientras el aire anuncia
presagios inclementes.

Y se anhela quedarse
solo con las palabras,
solo con estos versos
en los que habito ahora.

Intimidad

La conciencia se tiñe de violeta,
se irisa y nos oculta el llanto de los árboles.
Nada nos deja ver que nos conturbe
en el recinto autista de las masturbaciones,
que nos permite amarnos tiernamente
construyendo paisajes inefables.

Qué gozo así la tarde y su crepúsculo,
con cuanta libertad lo contemplamos,
sin que siquiera un llanto ni un susurro
altere aquella paz que nos invade.

Nuestro reducto así se muestra incólume,
capaz de resistir cualquier catástrofe.
Ante él las invasiones, los conjuros
detienen su presagio y su amenaza.
Los pétreos muros y las altas torres
el huracán impiden y derrotan.

Pero, de pronto, escuchas,
vibrando entre los álamos,
un atroz cataclismo, una catástrofe
que a ti mismo te lleva hasta el abismo,
y ves allí, tímido y palpitante,
tu propio corazón que está llorando,
porque otro corazón y otras criaturas
están sufriendo sin que acuda nadie,
solos con su gemir inconsolable.

Flor de desolación y de quimera

En la desolación de la quimera,
un desdichado pájaro cautivo
cantó con canto tan ardiente y vivo
que a su voz envidió la primavera.

Su canto fue la enseña y la bandera
de todo lo soñado y fugitivo,
de lo fluyente por el cauce esquivo,
que fuera inaprensible y fatal fuera.

El resplandor aquel de la hermosura,
y el brillo incandescente de su canto
fueron precipitados en la oscura
y silenciosa sima del espanto.
¡Su cantar era canto sin ventura,
para el pesar nacido y para el llanto¡.

Cuando retornas

En la desolación del tiempo ausente,
en la tristeza que, de pronto, nace,
en tanto amor perdidamente muerto
inclemente se eleva un insomne cuchillo
que esparce por altas galerías
del renacido otoño sus nostalgias.

En los cantos rodados de su cauce
busco una piedra ardiente, un fuego mío
que habitara mi sangre en otro tiempo,
entonces llegas con el pelo al viento,
entonces gimes como fuera entonces,
entonces miro tu perfil desnudo,
tras miles de momentos renaciendo,
y vuelves a ser tú y yo retorno
a tus frutales labios y a tus besos,
y de nuevo las ansias nos despojan
de instantes y vestidos, entonces, ya
desnudos de nostalgias y de angustias,
nos inundan las aguas que clamaban,
que rompían las ventanas y las tapias.
Amada, ahora de nuevo entre mis brazos,
atravesando el polvo y la ceniza,
retornas inmortal, tiendes las manos:
y el amarillo contraluz del tiempo
esconde su derrota y su fracaso.

Con sangre

Escribiré con sangre este momento
en que nieva en los montes del ocaso,
y escarcha en las laderas del fracaso,
con blancor helador y ceniciento.

Escribiré con sangre el nacimiento
de aquella incierta flor del por si acaso,
de vivir tan efímero y escaso
que sólo dejó pena y sufrimiento.

¡Cuánta lágrima inútil y desnuda
se vierte en el papel que no está escrito!
¡Cuánto gemir que el transcurrir no muda!.
Por eso, si la sangre fuese grito,
dijera con la voz del que no duda:
¡Amar fue mi condena y mi delito!

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Dentro el susurro camina, muros vestidos de blanco, de ojos perdidos el llanto en su…
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