UN MONO DE FERIA

Poeta sugerido: Inés Aráoz

EL POEMA Lee otras FÁBULAS

 

Aquella noche sentí un escalofrío,
la calle hacia el lagar iba desierta,
volviendo la mirada hacia la huerta
vi a los chopos durmiendo junto al río.

Allí me hallaba yo, sombra siniestra,
a solas con mi mente y su albedrío,
su espíritu indolente y con su frío,
soñando, con su mundo a la palestra.

El silencio inundaba aquel ambiente
frenado por el canto de algún grillo,
el campo apareció verdiamarillo
y un céfiro enojado de relente.

En tal paraje austero y solitario
anduve meditando en mis miserias
¿al fin quién era yo? un mono de ferias
un indigente, un lobo cavernario.

Desconozco aún el tiempo que pasó
en que anduve al azar ensimismado,
hoy he vuelto traer hasta mi lado
aquel hecho que un día me ocurrió
y nunca he desde entonces olvidado.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Inés Aráoz

Inés Aráoz

ESTE PEQUEÑO BARCO CON SU TIERRA A CUESTAS

En esta misma casa
De cuya navegación me ufano
En el secreto movimiento
De mis células más íntimas

En esta misma casa
Estática
Que construí con la pasión
De quien va a montar su primera obra
El techo de los pobres
El techo de los ricos
El de quien al fin agacha la cabeza
Y entra al mundo

En esta misma casa inserta en una selva
Antes solo Sirio brillando algunas noches
Y en la que florecen los acantos al llegar octubre
En esta misma casa
Y entre sencillos actos repetidos día a día
Como enderezar los cuadros de un costado
O bien del otro
Los primeros de Diciervo que colgara entonces
Cuando con ojos de navegante miraba en lo alto
En las hojas de las palmeras
El leve balanceo de las paredes sin techumbre
Y me preguntaba cómo sellar
Ese último reducto de libertad
Que haría de mi casa un templo

En esta misma casa
Que apenas si ha cambiado su apariencia
Es verdad que los hexágonos del piso
Me traen ahora a la memoria
El cielo de las aguas que en el Mediterráneo bañan
Las playas de Tipazá
Es verdad que el adorable pájaro ptitza
Aletea de cuando en cuando entre estas paredes blancas
Siempre blancas

En esta misma casa
Desde la que me gusta contemplar a las tortugas
Devorando los capullos recién caídos de la rosa china
O el feroz combate de las grandes hormigas que luego
Por la noche
Roerán de a poco la pinotea del cielorraso

En esta misma casa a cuyas puertas y ventanas
Los benteveos acuden en noviembre
A depositar su ofrenda de moras duras
En esta misma casa me pregunto
En qué puerto estoy
¿Es posible que este pequeño barco con su tierra a cuestas
De lapachos y palmeras
Teros guardianes
Y la mirada entrañable de algunos perros
Haya navegado tanto que pueda yo decir
Un hijo tengo y no tengo un hijo?

Jugando con los hilos de la luz
Hacer la propia casa y navegar hacia lo alto
Y el corazón que arde
Girando
Girando
Girando
¿Cómo decir esta misma casa y el poema
Solo buscan la piqueta o el silencio evanescente?
¿Cómo hacer del propio barco la navegación
sin perder el rumbo?
¿Del rumbo hacia lo alto el propio barco?

PRECIOSO LIBRO DE AGUA

Tan esperado como un amante
Y le digo amante
Al amado
Que llega, sí, y se enseñorea
De esos efímeros instantes
En que uno escribe
Con la emoción
En la mano

Libro que sostengo
Y que no he leído
Aún
El verbo, el angélico
De los comienzos
El de la madre
Que sella, por empezar
El coraje
De avanzar a cortos pasos
Sobre la hierba que imperceptiblemente
Crece

Cada mañana me asiste
El mismo verbo
El angélico de cortos pasos
Leño que recién enciende
El calor del hierro
En la cocina
Y una madre prepara
La primera comida para sus niños

Lentitud mis manos
Asomándose al verbo secreto
El libro tiembla entre las manos
¿Es el verbo?
Y dejo correr
Entre sus páginas
Un torbellino
De aguas quietas.

El canto del gallo

El mundo para mí es decirlo:
El gallo ha cantado
Dónde estaré yo una vez dicho
Dónde estará el gallo

Nunca seré yo una vez dicho
Nunca será el gallo

Poetas, peregrinos

Todos los poetas, uno
(¿Lo sabe, uno?)
Los brazos abrazan
La vista, los ojos, se alzan

Y uno –la revolución de uno
Su santidad–
Sólo busca
La viva mirada

Floración de un cactus

Gota de silencio
Que miro, que miro
Y aún mis ojos no ven
Sino el color
La planicie del pétalo menor
¡Cómo decir menor!

Es el día de su crecimiento
La hora justa de su vida
Lo sé, lo sé. ¡Oh!
Ser mis ojos la flor…

Vía

Las palabras que ante mí
Se yerguen
Cristales en la roca
Hallaron su lugar
No de impartida voz
Sino de la intemperie de mis manos
Alimentando el arco de las cosas
Y por eso ellas
Cada una de ellas –aún
La más modesta–
Agujas, espirales
Giran y giran, gran revuelta
Y las barbas del viento
Ululantes
Y también el silbo
En lo hueco de mi pecho
Son sus jarcias maestras
Y sólo a ellas
Luego
He de mirar

Sangre en vuelo

Cosa gitana
Rasguido no era
De los vientos
Dylan
No el poeta en sus noches de delirio
No el poeta, sino mi perro
Un aullido largo
Lastimero
Y tras uno, otro, y otro
Ancestral
Y tributario de lo más secreto
Lo más íntimo de los tiempos
Oh! Sangre en vuelo
Partitiva sangre
Nunca tanto brilló la luna
Ni fue tan grande
Tres fueron las noches
De los aullidos
Será un príncipe –me decía
Y la razón no era
El centro del universo
Sino esa cosa gitana
Partiéndolo todo
Ojo de agua vasto

Tan lejos, tan cerca
Aquí, en este barco
En esta casa – barco

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